miércoles, 15 de noviembre de 2017

Don Juan Tenorio: los "yonquis del amor" no han encontrado a su doña Inés.


Comentario sobre la obra de teatro Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

Pedro Ojeda nos propone que elijamos "un tema, una escena, un motivo o un recuerdo personal" sobre el drama Don Juan Tenorio de José Zorrilla y escribamos sobre él.

¿Don Juan Tenorio? Era la tradición del día de los Difuntos en los teatros españoles, cuando no sabíamos nada de "jalogüines"; pero a partir de finales de los sesenta y principios de los setenta, los televisores fueron aterrizando en nuestras casas y tuvimos a don Juan, en la TVE, estatal, única, franquista y blanquinegra. 



En zapatillas y pijama, asistimos a la actuación de magníficos actores y actrices expertos en declamar textos de rotundas rimas consonantes que hacían eco en nuestros oídos. ¡Qué grandes! Francisco Rabal, Juan Diego, Carlos Larrañaga, Fernando Guillén, Juanjo Menéndez, Concha Velasco, Ana María Vidal, Mari Carmen Prendes, Julia Caba Alba, Tota Alba...¡Qué pico el suyo! ¡Como si fuera fácil hablar así! No había redondilla, ni quintilla, ni octavilla que se les resistiese..., sí, eso del abba, ababa, -aab-ccb del libro de lengua. ¡Y nosotros sin sospecharlo! Conocimos varias versiones televisivas, incluso refundidas, incluso paródicas

Sí, terminaron perdiendo el respeto al mito de don Juan. Recuerdo aquel "tiroriro tiroriro tiroriro, tiroriro tiroriro tirorá" de la versión de Mercero (1974), que minimizaba el celebérrimo "¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor...". Lo que no recordaba era que una de las doña Inés, Agatha Lys, descubría que su don Juan, Pedro Osinaga, encontraba "un objeto de seducción más interesante para él... otro hombre... ¡en 1974!". Tal vez Mercero pensaba en el doctor Marañón que le atribuía "una personalidad narcisista con una homosexualidad latente bajo su carácter burlador".



En aquellos años, el Tenorio estaba en nuestra vida cotidiana. Si se gritaba, más de lo tolerable entre españoles, existía la posibilidad de que un redicho mostrara su indignación con un "¡Cuál gritan esos malditos!". Si alguien escribía mucho y en público podía escuchar un "Largo plumea". Si recibía una bofetada, clamaba: "¡Villano! ¡Me has puesto en la faz la mano!". Ante una amenaza, el desprecio podía ir precedido de un "Me hacéis reír don Gonzalo". Si llamaban a la puerta: "esa aldabada postrera ha sonado en la escalera". Pero la peor parada fue, sin duda, el arranque de la escena del balcón, que no del sofá: " ¡Ah! ¿No es cierto ángel de amor que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor?". Era tan popular que cayó en manos de los inventores de versiones escatológicas, la más conocida la de "no es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla  ha cagado una chiquilla y hasta aquí llega el olor". Por cierto, que todavía es muy popular entre chavales que no saben de qué va el Tenorio. 



No me acuerdo cuándo vi el Tenorio por primera vez. La de 1966, la de Paco Rabal y Concha Velasco, me resulta muy familiar pero yo era demasiado pequeña. Tal vez la repusieron más tarde y la pude conocer más mayor, quizás fueron fragmentos, no recuerdo que a mis padres les preocuparan los dos "rombos" que seguramente tenía. O fue la de 1968, con Juan Diego, o la de 1970, con Carlos Larrañaga...No sé, lo que sí recuerdo muy bien es el año en que leí Don Juan Tenorio

Vivíamos la transición democrática pero todavía arrastrábamos mucho del pasado, era 1977. El profesor de Literatura nos señaló media docena de libros para leer y escribir un comentario, uno de ellos era el de Zorrilla. Fui a la biblioteca pública, la Casa de la Cultura que decíamos. No se me olvida la reacción del conserje indignado, que tenía que darme el libro: "¿Esto te mandan leer en el colegio?". Tal vez mi aspecto aniñado le confundió, no me molesté tampoco en explicarle que el colegio era una escuela universitaria y que pronto sería maestra. El hombre estaba escandalizado, le parecía el colmo de la depravación: mandar a una niña a leer el Tenorio. No sé si por no tener que ver otra vez la severa mirada del conserje, compré el Don Juan Tenorio de la colección Austral, todavía lo conservo.



Lo leí y me gustó especialmente que don Juan, a pesar de su larga lista de maldades, se enamorara del enamoramiento de un ser tan puro como doña Inés. Y me sorprendía que  Inés se enamorara de  "las palabras de don Juan", las que se filtraban " sensiblemente su corazón", de tal manera que:
"No, don Juan, en poder mío
resistirte no está ya;
yo voy a ti, como va
sorbido al mar ese río.
Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan,
y tus ojos me fascinan,
y tu aliento me envenena."

Incendio, fuego, volcán. ¿Tan abrasadoras pueden ser las palabras? Me preguntaba, con veinte años, si era posible un enamoramiento así. Y que un personaje tan inmoral como don Juan se sintiera "capaz aún de la virtud". 



He vuelto a leer el Tenorio, unos cuantos años después, y sigue gustándome; aunque ahora me moleste más el "concurso" de don Juan y don Luis Mejía, por ver quién hizo más daño, la consideración de la mujer como simple objeto para jactarse en una taberna, algo de usar y tirar :"una para enamorarlas, otro para conseguirlas, otro para abandonarlas, dos para sustituirlas, y una hora para olvidarlas". 



¿Qué puede ser la mujer? O simple objeto de diversión o celestina diabólica, véase la Brígida, o un ángel salvador. Inés, "la pureza absoluta" como dice Pedro Ojeda, salva a don Juan, el gran pecador. Oímos a la sombra de Inés, que no está ni viva ni muerta:


Yo a Dios mi alma ofrecí
en precio de tu alma impura:
y Dios, al ver la ternura
con que te amaba mi afán,
me dijo: "Espera a don Juan
en tu misma sepultura.
Y pues quieres ser tan fiel
a un amor de Satanás,
con don Juan te salvarás,
o te perderás con él."

Y, al final:

"Yo mi alma he dado por ti,
y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación.

"Cae don Juan a los pies de doña Inés, y mueren ambos"


Si Tirso de Molina mandó a los infiernos a "El burlador de Sevilla y convidado de piedra", don Juan se salva porque muere con “un punto de contrición”, como exigía la ortodoxia católica. No recordaba yo el “contrito afán” de nuestro personaje, el añadido teológico. Ahora nadie piensa en contriciones ni atriciones, las nuevas generaciones se libraron del catecismo.


"Yonquis del amor"

Antes de cerrar la entrada, me pregunto cómo sería un don Juan Tenorio del siglo XXI. La respuesta me viene de la mano de “El País Semanal” de 19 deseptiembre de 2017. Sería, como el del XVII, como el del XIX, un “yonqui del amor”, un adicto al enamoramiento fugaz. 

La psicóloga Inma Ruiz considera al don Juan como un adicto: “un seductor compulsivo, infiel e insatisfecho.Vive intensamente los momentos iniciales de una relación, pero se desentiende pronto para partir en busca de nuevas emociones”

La explicación no puede ser más prosaica: “Estos sujetos viven intensamente los momentos iniciales, producen más dopamina y noradrenalina de lo normal y sienten el chute bioquímico del amor con más intensidad que el resto. Esto les produce una suerte de rápido embotamiento, lo que los expertos llaman “saturación del estímulo”, que provoca que rápidamente se desenganchen y pasen a buscar una nueva presa que los sacíe de nuevo”. Por el contrario, presentan bajo nivel de vasopresina, la hormona “que provoca el apego”. Todo puede ser química, una hormona baja y otras suben ; pero don Juan encontró a doña Inés, “la pureza absoluta”, como dice Pedro Ojeda. Los yonquis del amor que van por el mundo no tuvieron esa suerte. Por eso titulé esta entrada: “Don Juan Tenorio: los "yonquis del amor" no han encontrado a su doña Inés”. Es un  homenaje a José Zorrilla en su bicentenario.

José Zorrilla. imagen de "La Acequia".

Un abrazo de María Ángeles Merino para todos los que pasáis por aquí.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Mujeres opiladas




Hoy quiero hacer una entrada diferente, de la mano de mi madre y del imborrable recuerdo de una representación teatral en que participó, dirigida por una excepcional profesora de literatura, "dos años después de la guerra", en Alcalá de Henares. Nos turnaremos para tirar del hilo. Comenzamos:

El acero de Madrid (Beltrán, Belisa, Teodora y Leonor)

Como otras muchas tardes, mi madre se aburre de ver la televisión y me dice que le cuente lo que escribo. Estoy con la entrada sobre Aventurarse perdiendo, la primera de las Novelas amorosas y ejemplares de María de Zayas.

Le cuento por encima el argumento y llego al momento en que, estando el amor de Jacinta y don Félix en "sabroso estado", se cruza una hermosa y rica prima que pone en peligro los sueños de la protagonista. No contaba Jacinta con la llegada de Adriana, que se enamora locamente de su primo y enferma gravemente al ser rechazada. Persuadido por su tía, don Félix le da palabra de matrimonio para que sane pronto; pero tranquiliza a Jacinta asegurándola que romperá su compromiso. Jacinta, por si las moscas, se le entrega "en cuerpo y alma". 

El médico determina "que doña Adriana, tomando un acerado xarabe, saliese a hacer exercicio por el campo, porque como no podía verse el mal del alma, juzgaba por la pérdida de color que eran opilaciones". Ante el desamor del primo, la presunta opilada se suicida añadiendo solimán al medicamento. 

Mi madre reacciona al oír la palabra:

Opilada como la Belisa de El acero de Madrid de Lope de Vega! 

-¿La obra de teatro que representasteis en el Instituto de Alcalá? ¡Me lo has contado muchas veces! ¡Hiciste el papel de la esclava Leonor!

-¡Y me felicitaron! 

-Bueno, cuenta y yo tomo nota. 

-En el Instituto donde yo iba, que estaba en  el edificio de la Universidad de Alcalá de Henares, la profesora de Literatura dijo que íbamos a hacer una función: El acero de Madrid de Lope de Vega. Era una mujer muy agradable y sencilla, la más maja de todas. Nos daba las clases de una manera muy amena y cuando nos decía que estaba enamorada de Lope, nos reíamos. No me acuerdo como se llamaba. Era encantadora y nos quería mucho.



Se dio la función en un patio de la Universidad, el que está nada más entrar. Todo lo trajeron de Madrid: los trajes, el decorado, con un decorador, y uno que nos maquilló. Pusieron como que era un jardín, un asiento y una mesita donde se sentaban. La ropa era cara y buena. 

La hija del portero del instituto hacía de Belisa, la dama más importante, vestida de azul claro y muy elegante, fingía estar "opilada", con una cara muy muy seria y pálida. Lisardo, un caballero joven, era su amor y no el que quería su padre. Y su tía, Teodora, vestida de oscuro y con un lunar con pelos al lado de la boca, no dejaba que se acercara. 




A mí me escogieron para ser Leonor, un personaje cómico, una esclava de aquellos tiempos. Yo servía a la "opilada" y llevaba el pelo largo, con una especie de cofia blanca cogida atrás, la falda roja y ancha y la blusa blanca, de encaje y muy escotada. Mi novio era el chico vestido de negro, Beltrán, que se hacía pasar por médico pero no era médico. Beltrán y yo hacíamos la gracia y la gente se reía mucho. Me llamaba "mi tollo", decía: "Volveráse mi tollo, dirá que es tarde"y a mí no se me ha olvidado. 



 Lo que era muy bonito era la ropa de los caballeros, de colores azulón, rojo y verde, con sombreros muy anchos y plumas largas. Saludaban a las damas, arrastraban el sombrero, hacían la reverencia y tan contenta las damas. Eran lo menos cuatro o cinco caballeros, con el que hacía de padre y todo. Las pelucas de los chicos eran hasta los hombros. Todo eso lo recuerdo bien. 

 Fue mucha gente, entre ellos el general Utrilla. El alcalde hablaba con mi padre, viendo la obra. Le dijo: "Moya, ésta, la cómica, debe de ser una artista que han traído de Madrid". Y mi padre le contestó : "es mi hija que en la vida las ha pasado más gordas".


Me gustó mucho la función, por eso cuando me dijeron que íbamos a hacer La vida es sueño me apunté enseguida. La profesora dijo: si hacemos La vida es sueño, María Ángeles es Rosaura. No me acuerdo por qué no se hizo, se empezó; pero costaba mucho dinero y no se llegó a hacer.



-En vista del interés de mi madre, fui a la biblioteca y volví con un tomazo de Comedias de Lope de Vega. Me pidió que le contara el argumento y le leyera algunos trozos. Lo que más le intrigaba era por qué Belisa se fingía opilada y se había buscado un falso médico:

"Los amores de Lisardo y Belisa son imposibles porque Teodora, la tía de ésta, ejerce a conciencia su función de protectora y no permite que ningún hombre se le acerque. Así que Belisa inventa un plan para hacerlos posibles: se fingirá opilada y Beltrán, el criado de Lisardo, se hará pasar por médico y le recetará tomar acero y pasearlo..."

-Así que era un pretexto para pasear con el novio. ¿Y por qué tomaban acero?

-Porque comían barro. Lope de Vega incluye, en la obra, una canción popular: 

"Niña del color quebrado.
o tienes amor, o comes barro..."


Consideraban la blancura de la tez como algo muy seductor. Para ello, ingerían arcilla lo que producía una anemia que llamaban opilación. El barro se comía en pastillas con azúcar y ámbar o dando mordisquitos a las vasijas de la casa. Los médicos prescribían agua con polvos de hierro que había que tomar en ayunas y dar a continuación un largo paseo para asimilarlo, lo que llamaban "pasear el acero".




-¿Y no se morían de atasco? Primero comían barro y luego agua con hierro...

-Alguna moriría...

-¿Todo por tener la piel muy blanca?

-También se utilizaba como alucinógeno, como cuestionable método anticonceptivo o , todo lo contrario, para favorecer la fecundidad. Así fue en el caso de María Luisa de Orleans, consorte de Carlos II, que ingirió la arcilla para quedarse embarazada del monarca y murió de obstrucción intestinal. Incluso a la infanta Margarita, la de Las Meninas, le ofrecen un búcaro. 



-¡Pero si era una niña pequeña! ¡Sería para beber agua!

-Hay un estudio que apunta la posibilidad de que el búcaro que le ofrecen "no es para beber agua, sino para masticarlo, e incluso comerlo e inducir las opilaciones o interrupción de los ciclos menstruales". ¡Dicen que la infantita tenía un grave problema hormonal y que menstruaba! La consanguinidad de los Austrias era brutal y ya vemos las consecuencias. 

-¡Pobres mujeres aquellas

-Opiladas, tenían obstruido, cerrado el paso, en todos los sentidos. Y no había jarabe acerado que abriera el paso a la "igualdad de almas" que valientemente defendía María de Zayas:

"Porque las almas no son hombres ni mujeres. ¿Qué razón hay para que ellos sean sabios y nosotras no podamos serlo?"

-¿Os habló de María de Zayas aquella profesora de literatura?

-No lo sé, igual sí. Era una mujer muy avanzada. 

-La  luz de esa profesora brilla todavía en tus recuerdos, mamá. Es la luz de una estrella extinta, sigue llegando a ti, aunque seguramente haya muerto. 

-"Volveráse mi tollo, dirá que es tarde".





Un abrazo de María Ángeles Moya García y María Ángeles Merino Moya.


Nota aclaratoria: Mi madre no recordaba los nombres de los personajes pero yo me tomé la licencia de recordárselos, con ayuda del tomazo de las Comedias de Lope de Vega. 
http://www.abc.es/espana/madrid/abci-comer-barro-anticonceptivo-utilizaba-nobleza-madrid-siglo-201510272146_noticia.html
http://www.larevistadelosamigos.com/articulo.php?id=210&desc=OTRA+VISION+DE+LA+FAMILIA+DE+FELIPE+IV
http://sdelbiombo.blogia.com/2010/121401-la-opilacion-o-el-bucaro-de-las-meninas.php
http://www.fonsado.com/2009/07/el-bucaro-de-las-meninas.html
http://escribirhistorica.blogspot.com.es/2016/02/droga-para-una-infanta-hay-que-ver-no.html

miércoles, 1 de noviembre de 2017

La sirena de Gibraltar: "la mayoría de los asesinos son gente corriente, como tú y como yo".



Comentario a la novela La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda. En forma de diálogo con Austri, mi amiga de lecturas.

-Es octubre y voy leyendo, por el paseo de la Isla, andando, como hago a veces. Un niño me adelanta con su patinete para comprobar algo que le resulta increíble. La criaturita clama: "¡Papá, una señora leyendo!". Papá no dice nada, no se excusa de la descortesía de su niño, sólo le dedica una breve mirada que no alcanzo a ver. Sospecho que soy un bicho raro, tanto para el padre como para el hijo. ¡Una señora leyendo!  

-¡Y eso que el buen señor ni se imaginaba que leías las Novelas amorosas y ejemplares de una escritora feminista y del XVII! Una dama solterona que defendió la igualdad y libertad de la mujer, abriendo los ojos de jóvenes lectoras, con gran escándalo en los púlpitos. Seguro que ese señor no ha oído el nombre de María de Zayas en su vida. 

-¡Y si lo oyó ni se enteró! Unos treinta y tantos años, vete tú a saber...Sin embargo, no estaba con la Zayas, sino con alguien mucho más cercano. Leía una novela negra de un escritor burgalés nacido en 1972: Leandro Pérez. Mira, se titula La sirena de Gibraltar. 


Leandro Pérez en el MEH. presentando la última novela de Lorenzo Silva.

-¿Burgalés?

-Sí, escritor y periodista. Y tan burgalés que, en su libro, se cuela el viento gélido de El Plantío.

"Vaya, vaya. ¡El sitio donde más frío he pasado en mi vida!"

-¡E incluso hay sitio para la "la tortilla de patatas soberbia" del bar "Donde Alberto", el antiguo "Cuatro Torres", junto a Capitanía! Y para la añoranza de los tiempos de "cerveza en vasos de tubo, como cuando empezó a salir de marcha por las Llanas y las Bernardas. Burgos había cambiado, había más luz y menos frío."



"La sirena de Gibraltar" y "Las cuatro torres", en el bar "Donde Alberto".

-Veo que tú también la has leído. La sirena de Gibraltar está etiquetada como novela negra.

-Sí, de esas en que "los malos" son malísimos. No tienen escrúpulos, no se paran en nada para conseguir sus objetivos, son lo más "negro" de la sociedad, nunca mejor dicho. Para que no se salgan con la suya tenemos a "los buenos": el policia, el detective, el periodista, el que investiga...



-No tan "buenos". La vida profesional de Juan Torca, el protagonista, el que busca al asesino, tiene más sombras que luces: militar, "guerra sucia etarra", mercenario ("hijoputa de lujo"), empresa de armamento "con negocios e intereses...de un confín  a otro del mundo"  y la última "a su bola...con suficiente dinero negro y blanqueado como para no dar jamás un palo al agua". 

-No te olvides de los tres compadres que comparten, en parte, su currículum. Gente aguerrida. El equipo nació dentro de  un grupo que se forjó en el Ejército, durante unas maniobras en las que "saltaron de un helicóptero sin armas ni víveres". 

-Y "salieron del bosque con una petaca, con una piel de lobo y con un juramento: se apoyarían siempre". Los "cinco pata negra" se quitarán el uniforme para meterse a lo que ellos llaman "hijoputas de lujo", serán mercenarios en zonas calientes del planeta...y uno no volverá. Quedaron cuatro, el recuerdo literario de los tres mosqueteros con D'Artagnan es inevitable. 



Bueno sí, también el Capitán Trueno, Jandro tiene algo del forzudo y comilón Goliath. En los setenta los niños todavía leían tebeos, que aún no se llamaban cómics. Y esa serie de televisión que apuntan por ahí...también.

-Sus vidas tomaron rumbos distintos. Los iremos conociendo cuando Juan Torca los vaya convocando para el asunto de la sirena de Gibraltar. ¿Son de fiar esos "buenos"? ¿Es de fiar Juan Torca? 

-Bueno, Austri, vayamos primero al asesinato. La novela comienza con un cadáver seductor:

"La muerte es una sirena andaluza con la cola forrada de hormigón. Una sirena de ojos abiertos y pechos mecidos por la corriente, que seduce a peces y buzos.
La sirena emerge del Manzanares un amanecer soleado y tórrido. Boca abajo parece una momia mutilada, envuelta en plásticos chorreantes que impiden que sus brazos se aferren a las aguas del río madrileño..."

Juan Torca contempla como la grúa lo rescata  y la acompaña, cabalgando su moto, hasta el "instituto anatómico". Tiene la intención de visitarla de madrugada, cuando la hayan liberado del hormigón y el forense la haya profanado. La sirena "le ha embrujado como las sirenas de La Odisea a Ulises". 

Una de las sirenas del Retiro, en el monumento a Alfonso XII.

-Juan Torca no puede dormir, se ducha, sale a correr y se adentra en el Retiro.  "...se detiene al llegar al lago. Con la mirada perdida, intenta no pensar en la otra sirena". ¿Qué le pasa a Juan Torca con las sirenas? 

"Un locutor cuenta que la sirena del Manzanares se llamaba Rebecca Cuz. Que la llamaban Becca Cruz, en Gibraltar. Y la Queca, al otro lado de la Verja. Que tenía treinta años y dos hermanas: Maddie y Lisa Cruz". Son sólo datos, le extraña que la hayan identificado tan pronto. 

-Escucha esto, Austri, está en cursiva. ¿Puede ser Torca el asesino o alguno de los compadres? ¿Problemas políticos con el Reino Unido? ¿No eran acaso bloques de hormigón los que lanzaron a las aguas gibraltareñas para evitar la pesca? Te voy a leer frases salteadas. 

"Tendrás que matar a dos putas-le había dicho la mujer un mes antes."

"Estamos convencidos de que contra Gibraltar la política ya no vale. Y seguro que tú también. Eres un patriota. Nos consta. Hemos tenido acceso a tu expediente militar y sabemos, o mejor dicho hemos deducido qué tuviste que hacer en la guerra contra ETA."


"Vale cien mil euros me parece una cantidad adecuada-dijo Torca-el riesgo lo merece..."


"..El encargo es complejo. Pero algo debería ya estar muy claro: las dos chicas tienen que ser oriundas de Gibraltar, no pueden ser españolas. Y necesitas nuestro visto bueno previo."


"...tu compadre nos ha asegurado que aceptarías el encargo sin dudarlo. ¿Nos hemos equivocado?


"Ni colega ni amigo. La mujer dijo "compadre". 



-No, no puede ser tan fácil. No me tomes el pelo con bloques de hormigón, amiga. Además, Juan Torca no me parece un asesino. Mira, me gusta mucho como defiende a  la ecuatoriana gordita que corre, la pobre,"como una rueda pinchada", mientras la insultan dos niñatos con mocasines y bandera rojigualda. Que si vaya pandero, "cerda", que si por qué no vuelves a tu selva, "panchita", que si no os queremos aquí, que si "sudaca de mierda". Torca que "si igual os tenéis que largar vosotros". Uno se acojona, el otro ataca con un insulto que no llega a terminar: "hijo de la gran...". Torca le dobla de una patada en los testículos, el amigo reacciona y es derribado de un sopapo. Nuestro amigo lo pagará caro, más adelante, en el valle de las estacas. El incidente se borra pronto de su mente, sólo piensa en la sirena del Manzanares. 

-Te ha caído bien Juan Torca; pero mira lo que dice su hijo Rodrigo, el policia, el que oye misa entera todos los domingos y fiestas de guardar, el que rara vez se cabrea. Se muestra furioso porque ha visto a su padre en el vídeo de sus compañeros, contemplando el rescate del cadáver en el Manzanares. 

Algo se está quebrando dentro de Rodrigo, conocía el pasado de su padre pero no le cabía en la cabeza que hubiera cometido un atrocidad semejante. Está dispuesto a llevarle esposado a la comisaría, nunca será su cómplice. Con "angustia, alivio y asco" escucha la confesión paterna. Una mujer le quiso contratar para matar a dos prostitutas de Gibraltar. Le siguió la corriente pero le parecía todo una tomadura de pelo. Olvidó el asunto y ahora:
"Me arrepiento, sobre todo me arrepiento, de no haberte llamado hace un mes. Esa chica no estaría muerta."


-A continuación, el hijo lanza una "estocada" al padre. Lo cree, aunque no pondría la mano en el fuego, no la ha matado.

"Pero si te llamaron, si pensaron en ti para asesinarla, es por algo. Porque eres un asesino. Porque matas. ¿A cuántas personas has matado? ¿Las has contado' ¿A que para eliminar a alguien no contratan a la portera de casa o al panadero de la esquina?"

-Y Juan Torca contesta que "la mayoría de los asesinos son gente corriente, como tú y como yo". Rodrigo protesta: "Eso sí que no, los asesinos son como tú. No como yo".

-Juan Torca "no llevaba la cuenta de sus muertos". No había muescas en su revólver, ni en su memoria. 

No vamos a "espoilear" la novela. Sabemos que el padre de Rodrigo atesora, a pesar de su pasado, unos principios y se partirá el pecho por ser fiel a ellos. Conoceremos su lucha por atrapar a los asesinos, o al asesino, y lo veremos proteger a Maddie y Lisa, las hermanas de Rebecca. Sobre todo a Maddie, profesora de educación física en un colegio y gran nadadora de las que atraviesan el Estrecho, al igual que sus hermanas. Todas sirenas, en absoluto prostitutas. Nos sorprenderá su personalidad, algo infantil para una mujer que se enfrenta a un deporte tan duro, y su diario de letra clara y redonda de niña aplicada. ¡Y en español! Tenemos la imagen de llanitos y llanitas con cerrado acento andaluz; pero imagino, no lo sé, que escriben en la lengua de su británica escolaridad. ¿Una licencia del escritor? ¡O no pensó en ello!



Nos preguntamos el porqué de un crimen tan terrible como el de Becca, con enorme sufrimiento. ¿Causas políticas, intereses económicos, venganzas personales? ¿Llegará a tiempo Juan Torca de salvar a las gemelas Cruz? A propósito de Juan, a Torca no se le resisten las mujeres, podría enlazar con la siguiente lectura...Sí, la del Tenorio.

-Austri, vamos a tomar algo en el "Donde Alberto". Seguimos hablando de esta novela. ¿Qué nos ha parecido? ¿Se lee bien? ¿Tal vez demasiado bien? ¿Es entretenida? ¿Está bien construida? ¿Cómo es su lenguaje? ¿Hay algún pasaje superfluo? ¿Es una novela machista? 


-¿Machista? Espera, espera. ¿Has leído esto, al principio?

"Quien a damas escarnece y así abandona a traición, que otro tanto le acontezca o alguna cosa peor"

-¡Del Cantar de Mío Cid! Muy burgalés.

Un abrazo de María Ángeles Merino .
Y de Austri.

domingo, 22 de octubre de 2017

Pequeña crónica de nuestra reunión en torno a María de Zayas y sus "Novelas amorosas y ejemplares".

Pedro Ojeda (17-10-2017)

Pequeña crónica de nuestra reunión en torno a Novelas Amorosas y Ejemplares de María Zayas. , para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

El pasado martes, 17 de octubre de 2017, a las cuatro y media de la tarde, los lectores del Club de Lectura presencial nos encontrábamos en la Facultad de Humanidades y Comunicación, de la Universidad de Burgos. Teníamos por delante el comentario de Novelas Amorosas y Ejemplares de María Zayas. 

En primer lugar, Pedro Ojeda nos recordó que Fernando Aramburu acababa de recibir el Premio Nacional de Narrativa por Patria; una novela leída, disfrutada y comentada en nuestro club.  ¡Merecidísimo premio! Hubo unanimidad. 

Fernando Aramburu 


A continuación, Pedro Ojeda nos informó de las próximas actividades y lecturas. ¡Nos espera un buen curso! 


Vamos con María Zayas, un personaje olvidado. Pudimos acceder fácilmente a su lectura a través de los enlaces: Novelas amorosas y ejemplares y  Desengaños amorosos. 



Pedro Ojeda (P.O.) dialoga con los lectores (L.): 

-(P.O.) ¿Habíais leído a la autora? ¿La conocíais?

-(L.) A través de un programa de televisión: El jardín de Venus.

-(L.) Una calle de Burgos, al final de la calle Madrid.

-(P.O.) Nos llama la atención que esta autora no haya llegado a nosotros. Una autora de best-sellers, éxitos de ventas, con muchas ediciones, traducidas a lenguas europeas. Tiene elogios de Lope de Vega. ¿Por qué desaparece?

-(L.) ¿Tal vez la Inquisición?

-(L.) Es difícil de seguir. Se ha quedado en su época. No encaja hoy su estilo. Lo digo a pesar de ser un defensor de la Zayas (Paco Cuesta).


Foto tomada de La Acequia.

-(L.)  Pasó la época de los personajes pasionales. No tenía tanta importancia la virtud y la honra. 

-(L.) Defensa de la mujer a ultranza. Ve la injusticia de la sociedad y las pone en evidencia. La podían quemar viva por decir verdades.

--(L.) ¿Qué había hecho María Zayas para figurar en letra pequeña, en los libros de texto?



Libro de texto de Literatura, sexto de Bachillerato, años setenta. Fotografía cortesía de Paloma Fernández Villa. 

-(P.O.) Lo sorprendente no es que una mujer escriba, sino que una mujer imprima. Las monjas de los conventos escribían a mano y algunos de sus textos se conservaron, por ejemplo los de la hija de Lope de Vega, pero muchos se perdieron. 


-(L.) La estructura y temática de las novelas es muy parecida, muy de su época, con poemas intercalados. En el Quijote también hay poemas.

-(L.) Tal vez explique más el poema que el resto del texto.

-(P.O.) Es el gusto de la época, necesitaban variedad de cosas, cosas múltiples. Tenían éxito las Misceláneas: un poco de teatro, chistes, poemas...

-(L.) Un "culebrón".

-(P.O.) Sólo en algunas de las novelas se casan. Son culebrones sin final feliz. María de Zayas no creía en los finales felices. Pensaba que la mujer estaba demasiado constreñida, era un objeto de usar y tirar, el hombre tenía muchas libertades prohibidas para las mujeres. Hace que la mujer se vengue de alguna manera. En alguna se venga, incluso lo mata. 


Artemisia Gentileschi. Cuando la mujer se venga es que se venga de verdad.

-(L.) Algunas se meten en el convento con la sana intención de seguir viendo a su amante, como Jacinta con Celio en Aventurarse perdiendo.

-(L.) El tema del padre lo separa. El padre no pinta tanto.

-(L.) Sí pinta, en  Aventurarse perdiendo, al menos, el padre miente a la hija diciendo que su amante don Félix ha muerto, lo cual es decisivo para el relato.



-(L.) Díficil de leer.

-(L.) Pesado de leer, pone ejemplos, le gustaba a la gente leer de esa manera.

-(P.O.) ¿Alguna sorpresa? ¿Alguna novela más interesante?
El jardín engañoso es muy diferente. Es un mundo fantástico, interviene el diablo y ,al final, resulta que el demonio se pica de orgullo: cómo tú eres bueno voy a ser mejor que tú. Hace bueno al demonio. ¡Y hay un asesinato sin castigo, en el siglo XVII!



-(L.) ¿Es una obra didáctica?

-(P.O.) Va contra la moral tradicional, con finales no convencionales. Lo sorprendente es que lo haga una mujer en obras de éxito.

-(L.) Están ambientadas en diferentes lugares, cada novela en uno distinto para que esté contento todo el mundo. Es una mujer viajada, del círculo de la aristocracia, de ahí la protección, acompaña a sus padres a Madrid, Nápoles, Zaragoza, Sevilla, Granada...un recorrido muy interesante. Cuenta cosas que conoce.



-(L.) ¿Cuento o novela?

-(P.O.) En español llamamos novela a todo porque la palabra "roman" se la apropia la poesía, en un género con tanta fuerza como es el Romancero. Como no podemos utilizar la palabra romance para la narrativa, llamamos a todo novela.

-(L.) Se compara con el Decamerón de Bocaccio.

-(P.O.) Es el nacimiento de todo un género en Europa, en el siglo XIV, que no nace de la nada sino a través de traducciones árabes de cuentos persas: Calila y DimnaLas mil y una noches...El origen de las novelas de la Zayas es el Decamerón de Bocaccio: una colección de relatos de ambiente urbano, con un marco narrativo. Unos jóvenes que huyen de la peste, siete mujeres y tres hombres, se refugian en una villa en el campo y cada día uno cuenta una novela. No todas las historias son eróticas, a pesar de su fama, no llegan al 15%. El resto es otra cosa. 


A Tale from Decameron por John William Waterhouse, 1916, Lady Lever Art Gallery,Liverpool.


-(P.O.) Lo imita Cervantes sin marco narrativo. Se muere prometiendo en el prólogo del Persiles una novela que se llama Las semanas del jardín, que era a lo Bocacccio, era casi seguro. El manuscrito ha desaparecido, por ahí puede andar. Las Novelas Ejemplares tienen un impacto, llegan a María de Zayas que recupera el marco: un grupo de jóvenes, cinco y cinco, que no huyen sino que se entretienen con la literatura, disfrutan de las novelas, en un entorno de Navidad. Da un paso más: la novela se mete dentro del marco narrativo, desarrolla una novela entre los personajes que cuentan las novelas. Como en algunas series de televisión: cada uno de los capítulos es una historia pero también hay una historia entre los que la cuentan. ¿Quién inventa esto? María Zayas, hace algo que no había hecho nadie.



--(L.) ¿Qué clase de público?

--(P.O.) El público es burgués o aristocrático, refinado, no habla al pueblo, su estilo es alambicado. María de Zayas se está dirigiendo a los jóvenes de la aristocracia, un público que no tiene que saber nada de literatura, ni siquiera tiene que saber que leer, bastaba con que leyera uno de ellos. Ponen de relieve que los clubes de lectura ya funcionaban en aquella época. Los jóvenes se reunían en casa para comentar novelas y María de Zayas vendía un producto para los clubes de lectura.


-(P.O.) La mayor parte de los argumentos son amorosos y muy carnales. Comentan historias de amor no convencionales que rompen la moral tradicional. La Zayas vendía su producto, las novelas, y los impresores se disputaban una colección de novelas revolucionarias, interesantes para las jóvenes que querían ser libres, adelantándose a padres y tutores. Hay un sector que está deseando que le cuenten esas cosas: por qué me tengo que casar con el que quiera mi padre...Eran libros de bolsillo, un formato que permitía una intimidad no controlada, se podían esconder en el "mundo"o en el costurero. No todo es como nos lo han contado. Se está resquebrajando la moral tradicional y los curas, en las misas, condenan las novelas leídas por las jóvenes. 


Recreación de un estrado en Alcázar de San Juan.

-(P.O.) Durante diez años hubo un decreto que prohibía la edición de novelas (1625-1634). Poco después María de Zayas publica su colección a la que el impresor llama Novelas amorosas y ejemplares, más comercial y atractivo, aunque ella las llama "maravillas", cuestión de censura. Escribe para un público y da a su público lo que quiere:

"¿Quién duda, lector mío, que te causará admiración que una mujer tenga despejo, no sólo para escribir un libro, sino para darle a la estampa, que es el crisol donde se averigua la pureza de los ingenios? "

"¿Quién duda, digo otra vez, que habrá muchos que atribuyan a locura esta virtuosa osadía de sacar a luz mis borrones siendo mujer, que en opinión de algunos necios es lo mismo que una cosa incapaz? "

-(P.O.) Locura, mujer, hombres necios, incapaz...Décadas después tendremos a Sor Juana Inés de la Cruz: 

"Hombres necios, que acusáis
 a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis
..."

-(P.O.) Siempre han leído más las mujeres que los hombres, la novela especialmente. La novela de amor es un género femenino, desde la Edad Media hasta la conocida anécdota de Pío Baroja, cuando Miguel Delibes le comenta sus ventas: ¡Ah, pues, si leen ésas!

¡Ah, pues si leen ésas!

-(P.O.) La colección de María Zayas era para mujeres jóvenes que se reunían en las casas para leer. Los jóvenes que querían ligar iban a las reuniones lectoras. Están escritas para que alguien lea y los demás escuchen, como el Cantar de Mio Cid que fue escrito para la transmisión oral. Por ello, los problemas estilísticos se solucionan si se leen en voz alta.

Las ediciones tienen problemas, al impresor le quemaba, tenía que ir muy rápido porque eran un éxito. En el XVIII los problemas serán aún mayores.

Quería daros a conocer una personalidad poco conocida. María de Zayas se disculpa por ser mujer, no por el tema.

Pedro Ojeda nos propone ir a la calle María de Zayas. Queda pendiente con homenaje lector incluido. 

Un abrazo de María Ángeles Merino para todos los de mi club de lectura, ésas y ésos. ¡Con tilde!


Mi cuaderno de notas