miércoles, 6 de septiembre de 2017

"Nos sentimos en Burgos presa de una dulce emoción que no podemos definir...¿Será porque ya gravita sobre nosotros la Catedral antes de haber traspuesto sus umbrales?"


Catedral de Burgos al atardecer (foto de Agustín Merino)

San Lesmes, el río Arlanzón, el pintor burgalés Marceliano Santa, el Cid Campeador y ahora, cómo no en un libro titulado La cabeza de Castilla, vamos a ver qué escribe Azorín de la Catedral...de Burgos. Recuerdo que una amiga me comentó lo poco que el de Monóvar había pateado Burgos: llegó, quería visitar la Catedral y la encontró cerrada, pasó a  la Llana, se fijó en unos granos de trigo entre las piedras, vio un poquito la Catedral y se acabó. ¿Se merecía un homenaje por parte de los burgaleses? 

Cuando Pedro Ojeda nos leyó el capítulo XI del, para mí desconocido, libro La cabeza de Castilla, junto a las ruinas de San Francisco, me dije: "parece que sí lo merece":

"Nos sentimos en Burgos presa de una dulce emoción que no podemos definir...¿Será porque ya gravita sobre nosotros la Catedral antes de haber traspuesto sus umbrales?" (1946)



Al día siguiente, lo saqué de la biblioteca y tuve que llegar al "Epilogo en Burgos", en el capítulo XXV, para dar con lo de la Llana y los granos de trigo. Azorín realizó, al parecer, un viaje relámpago en automóvil que incluía paradas en Briviesca y en Burgos, con sensaciones de "déjà vu": 

 "Sí; iba corriendo el automóvil, y yo me regodeaba por adelantado con las sensaciones que iba a experimentar en Briviesca. La fuente que yo había imaginado no la vi. Todo lo demás estaba en la ciudad, tal como yo lo había intuido...

Treinta minutos después me hallaba en Burgos. A las dos y media fui a ver la Catedral. Estaba cerrada. No la abrían hasta las tres. Por una calle que corre al costado de la Catedral pasé a un vasto ámbito...Leí instintivamente la placa que rotula la plaza...Hay en Burgos una calle de la Llana de adentro y otra de la Llana de afuera...Indudablemente me encontraba yo, al estar en esa plaza, en la llana de adentro...Ahora veo que entre los guijos del empedrado se veían granos esparcidos...

Las sensaciones de mi viaje, de mis minutos en Briviesca, de mi hora en Burgos, ahora las percibo en toda su profundidad. El epílogo de Burgos llega a producirme angustia. No había yo estado nunca en aquella plaza y, sin embargo, la había visto con claridad antes..."(1935)

¡Unos minutos en Briviesca, una hora en Burgos y sensaciones anticipadas! ¡Y, en vez de admirar las "grises torres de aire y plata de la catedral" que nutrieron a García Lorca, todo su interés se concentra en la campesina placita de la Llana de adentro, con su placa y sus granos de trigo! 


En descargo de Azorín, fijémonos en la fecha. Es un artículo de 1935 y en 1946, en el capítulo XI que nos leyó Pedro Ojeda, leemos:

"La Catedral nos está esperando. ¿Y por qué puertas entraremos en la Catedral? Dudamos si entraremos por la puerta de la Coronería o por la del Sarmental; las dos nos son simpáticas; las dos tienen nuestras preferencias."

Por la de Coronería no, maestro Azorín, que está cerrada desde 1786 y cuentan que fue Napoleón, en 1808, el último en pasar por ella y bajar la Escalera Dorada. Sólo en alguna obra de ficción hubo quien pasó por ahí, buscando la puerta...del Purgatorio. La del Sarmental puede ser, también la de Santa María que es la principal. Jamás por la de Pellejería. ¿Se fijó usted en los tormentos de los condenados, tras la pesa de almas que hace el arcángel? ¿Y en los evangelistas en sus pupitres, como escolares aplicados, a las órdenes de Cristo en Majestad?


Puerta de la Coronería

Entremos, maestro Azorín.  En el capítulo VIII, titulado "Pasado y futuro", fechado en 1945, escribe usted:

"Pero no podemos detenernos: hemos traspuesto los umbrales de cualquiera de las puertas de esta Catedral y van sonando nuestros pasos en el vasto ámbito, es ésta una hora en que la Catedral está desierta."


Puerta del Sarmental

"Toda catedral es una enciclopedia; toda catedral es un compendio de historia de las artes. Y con las artes está el espíritu de España; artífices que han trabajado en las catedrales no eran españoles; hemos de confesarlo; pero el ambiente de España los captó. Su arte se convirtió en genuino arte español."

Alejandro descubre la Catedral

Ahora no es fácil el silencio. Las horas de visita suelen ir acompañadas de la algarabía de los turistas, atiborrados de la información que les ofrecen los guías y las audioguías. El Martinillo pone orden y todos a abrir la boca más que el Papamoscas. De niña, sí, yo oía mis pasos en la Catedral, tan accesible entonces. Entraba y salía como Pedro por su casa. Bueno...era la casa de enfrente, en la calle de la Paloma. La enciclopedia estaba siempre abierta. Ya, ya sabemos que es nuestra vieja gabacha, comprendo que en 1945 había que hablar de "genuino arte español". 

Aitana descubre la Catedral

"Los catedrales tienen su luz, que va variando con la progresión de día y con su decrecimiento; cuentan con sus ruidos especiales; el olfato, último sentido llegado al arte, tiene aquí también en qué satisfacerse: el pabilo y el incienso dejan su efluvio en las anchas naves y en las recónditas capillas. Llega un momento, en estas horas de soledad catedralicia, en que perdemos toda noción del tiempo. ¿Dónde está el concepto de camino, representativo camino, que habíamos imaginado? ¿Soñamos o estamos en vigilia? La Catedral nos ha hechizado dulcemente...de pronto, suena a lo lejos el chirrido de una verja; despertamos de nuestro ensueño..."(1946)

El mosaico de colorines que el rosetón pintaba en el suelo. La luz cenital que se filtraba sobre las esculturas del cimborrio. ¡Mirabilia! ¡Qué sencilla la losa del Cid, ahí abajo! Sonaba el llavero del sacristán. Olía a velas espabiladas y a incienso agitado. Una mujer de negro bisbiseaba rosarios y soledades. Un cura soñaba en el confesionario. Un peregrino andrajoso contaba que venía de muy lejos. De pronto, chirriaba la verja y los niños salíamos corriendo. No se juega al escondite, ni a pillar, en la catedral. Tan negra y churretosa, amenazaba ruina y, aún así, hechizaba. Tuvo que caer San Lorenzo...¡Qué sorpresa cuando nos la lavaron la cara! 


Cimborrio (Catedral de Burgos). Foto cortesía de Begoña Sánchez Manero.

Volvemos al capítulo XI, después de elegir la puerta:

"Y, al fin, por una u otra, penetramos en el vasto ámbito. Y en el vasto ámbito vamos recorriéndolo despacio. Llegamos a donde queríamos ir: a la capilla de la Purificación o del Condestable. Y de la capilla pasamos a la sacristía. En la sacristía nos detenemos extáticos, ante la Magdalena, maravillosa, de un pintor a lo Vinci. El cuadro es atribuido a Giovanni Pietro Ricci, llamado Giovanni Pedrini. Burckhardt dice que este pintor pintaba "medias figuras de expresión dolorosa". Esa expresión nos parece que tiene esta Magdalena: una expresión de apacibilidad inefablemente melancólica. Toledo está, estéticamente, bajo el influjo de El entierro greciano; Burgos lo está bajo la figura leonardesca de este cuadro."

Sería una herejía recorrer deprisa el "vasto ámbito", aunque la capilla del Condestable sea algo grandioso. Una pequeña catedral adosada a una gran catedral, no se conformaba con menos doña Mencía de Mendoza y Figueroa, esposa de don Pedro Fernández de Velasco, para su última morada. Él y ella, yacentes, en mármol de Carrara, magníficamente vestidos y enjoyados. Él con espada, ella con rosario y perrillo fiel , un libro hubiera estado bien en la hija del marqués de Santillana. A los niños que nos colábamos en la capilla, entre los turistas, nos hubiera gustado pasar el dedo por la piedra, solo un momentito.


Sepulcro de los Condestables (Catedral de Burgos). Foto cortesía de Begoña Sánchez Manero.

Mas, usted maestro Azorín, no dedica ni una palabra al imponente sepulcro, ni a los magníficos retablos, ni a la bóveda estrellada. Va derecho a la sacristía donde se guardaba antaño la Magdalena atribuida a Giampietrino, un pintor que pintaba "a lo Vinci", tal vez colaborador de Leonardo. ¡Y nos coloca a Burgos bajo la influencia estética de esa "figura leonardesca" con su "expresión de apacibilidad inefablemente melancólica"! No sé, con todos los respetos, señor Azorín, no creo que ese cuadro sea tan importante para Burgos, tanto como "El entierro del Conde de Orgaz" para Toledo. Me acuerdo bien, eso sí, cuando nos aseguraban que era tan de Leonardo como la mismísima Gioconda. 


Magdalena de Giampietrino (actualmente en la Capilla de los Condestables, Catedral de Burgos)

En el capítulo XVI, titulado "Variantes en Burgos", vuelve a la capilla del Condestable, para llamar nuestra atención sobre la enorme piedra de jaspe preparada para sepulcro del hijo de doña Mencía y don Pedro; pero Iñigo Fernández de Velasco, IV Condestable de Castilla, sería sepultado en Medina de Pomar.

"¿Qué concepto merece a los burgaleses la piedra de la capilla del Condestable, en la Catedral? Esa piedra es una de las curiosidades de Burgos. Por ser una curiosidad, nadie repara en ella. Pesa dos mil novecientas cincuenta y seis arrobas, y tiene de longitud once pies y cinco pulgadas; de latitud, cinco y cinco; de espesor, uno y cuatro y medio. Cuando se labró el sepulcro de los fundadores, se colocó-como está ahora-en el centro de la capilla, junto al sepulcro: el de algún descendiente de los condestables. No ha llegado todavía el caso; la piedra, como es piedra, puede esperar."


Sepulcro de los Condestables y piedra de jaspe rojo vacía a su lado (Catedral de Burgos). Foto cortesía de Begoña Sánchez Manero.

Supo de las arrobas y las pulgadas, pero no le contaron la historia del buey Garrudo. Verá.
Garrudo era el guía de la boyada encargada de transportar, sobre rodillos, la mole de jaspe, a través de una rampa preparada en el Sarmental. El peso venció a los demás bueyes, sólo Garrudo consiguió, clavando las rodillas en tierra, que la losa no se deslizase sobre la pendiente. El animal sangraba por el hocico, debido al enorme esfuerzo. El Condestable dio la orden : "desuncidle y desde hoy determino que no trabaje más y que paste a su albedrío sin ser molestado por naide". 

Con razón decimos en Burgos "termino como el buey de la Catedral". Ahora he sido yo la que le ha contado una "curiosidad de Burgos". Aquí lo dejamos y doy por finalizada esta serie de entradas, escritas para homenajearlo, en el quincuagésimo aniversario de su muerte. ¡Y para desmentir que estuvo muy poco, o casi nada, en Burgos! ¡Y que echó mano de alguna guía!

Un recuerdo para mi maestra, doña Felicidad Portillo, lectora de Azorín, que me hizo llorar su muerte. A mí y a mis cuarenta compañeras de clase, aquel lejano día de 1967.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de María Ángeles Merino.

Textos en rojo tomados de: La cabeza de Castilla, Azorín, editorial Espasa Calpe, colección Austral, segunda edición, 1967.

lunes, 14 de agosto de 2017

"...en el Cid la leyenda contrabalancea la Historia; al estar en Burgos, nos sentimos zarandeados entre lo ficticio y lo real..."


Aquella tarde de junio me sorprendió la lluvia en la plaza de Santo Domingo y me refugié en la puerta de una de esas tiendas textiles grandonas que uniforman las ciudades: C&A, H&M, es igual. Mientras el agua asaeteaba las baldosas rojas, una niña pequeñita, a mi lado, señalaba divertida : mira, mamá, hace pompitas, el Cid se está duchando con jabón.

Sonreí ante la imaginación de la cría y abrí el libro viejillo que llevaba en el bolso: La cabeza de Castilla. 

Azorín escribía en 1948:

"Burgos erige una estatua al Cid; Burgos se dispone a festejar al Cid..."



Trasteando, en la Burgospedia, descubrí que Burgos se tomó su tiempo para festejarlo:

"Ya en el año 1904 se constituye una comisión al efecto para su realización. Alfonso XIII coloca la primera piedra el año 29 de Agosto de 1905 con motivo de su presencia en la ciudad para observar el eclipse solar. Pese a todo ello la obra se demora hasta el año 1947 en que se vuelve a crear otra nueva comisión para, con motivo del milenario de Castilla, levantar por fin la deseada figura en bronce...La obra fue inaugurada por...Franco, un 23 de Julio de 1955..."

En 1948, todavía no estaba levantada la estatua y Azorín aconsejaba unas lecturas básicas previas:

"Si quisiéramos esculpir al Cid, tendríamos que hacer varias cosas. Comenzaríamos por leer-volver a leer- La España del Cid de don Ramón Menéndez Pidal, ahora en su cuarta edición, corregida y aumentada. Volveríamos a leer el Poema; lo consideraríamos cosa fundamental. Daríamos un repaso ligero a los poetas franceses que han cantado al Cid...".



Comenzaríamos por entrar "pasito" en los sentimientos del héroe castellano:

"Gracias a don Ramón Menéndez Pidal podemos formar idea exacta del Poema del Cid. No deploremos la pérdida, en el único códice, de la primera hoja: entramos de este modo en la obra insólitamente. Sucede como sí, al penetrar pasito en una casa, escucháramos allá dentro llantos lastimeros. El Poema del Cid comienza con lloros; estos lloros son la equivalencia del monólogo de Rodrigo, monólogo hamletiano, en la otra de las dos grandes creaciones poéticas en que el Cid es protagonista: la tragedia de Pierre Corneille."

"Vemos ahora, al salir de Vivar, llorar al Cid, torna la cabeza de cuando en cuando, conforme se aleja, y contempla su casa desguarnecida."

Nos recibe el llanto y el dolor:

"De los sus ojos tan  fuertemente llorando" en el Poema del Cid. "Percé jusques au fond du cœur", "Herido hasta en el fondo del corazón" en Le Cid de Corneille. 



Primer folio del manuscrito del Cantar de mio Cid conservado en la Biblioteca Nacional de España.
https://es.wikipedia.org/wiki/Cantar_de_mio_Cid#/media/File:Cantar_de_mio_Cid_f._1r_(rep).jpg

No será esa actitud la de la estatua ecuestre de Juan Cristóbal González Quesada. Lo esculpirá sobre Babieca, con un ademán firme de partida hacia el destierro:"¡En marcha!". Hay mucho camino por delante, los ojos están secos, ya no se mira hacia atrás. 

A Azorín le gusta también el joven Rodrigo de Corneille, tanto que justifica su "infidencia a Burgos"trocar la "glera" junto al Arlanzón por el arenal de Sevilla:

"El Cid es Burgos: no podemos pensar en el Cid sin pensar en Burgos. No podemos desarraigar el Cid de Burgos...y, sin embargo, un poeta, no español, un gran poeta, lo ha desenraizado. El Cid no mora en Burgos sino en Sevilla...Los poetas crean: Corneille, en su Cid, ha creado..."


No sólo Corneille, también considera a otros poetas franceses que cantaron al Cid y crearon momentos cidianos:

"Nos descubrimos reverentes en la plaza, cuando el Cid ya está a caballo-como en el poema de Ducrocq- y el Cid levanta la mano y nos dice: "Cubríos amigos". Una poderosa energía, cual la del Cid, se desenvuelve con gestos extremosos, con placido continente."

Burgalés o no, todo el que sepa algo del Cid tiene sus imágenes favoritas. Tal vez la del desterrado a quien nadie osa abrir la puerta, salvo "la niña de nuef años"El Cid de la ternura y la compasión mutua, el que se despide de su mujer y sus hijas "commo la uña de la carne"; pero también el que engaña a Raquel y Vidas, prestamistas judíos, con dos cofres llenos de arena en vez de monedas. 


El Cid y doña Jimena en "Figuras de romance". Óleo de Marceliano Santa María. Medalla de honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes, 1934. (Sala de Poridad, Arco de Santa María)

Lo leía en la escuela y no me cuadraba tamaña trapacería; aunque, en la Catedral, se  mostrara, y se muestra, el "Cofre del Cid" , del cual tenían mucho éxito, entre los turistas, unas pequeñas reproducciones. ¡Incluso, en confiterías, con monedas de chocolate! ¡O piedras de río de caramelo! ¡Una travesura la del Rodrigo Díaz de Vivar ! Recuerdo que, en una ocasión, fui testigo de como la madera revelaba, en el interior, su origen :"Sardinas Albo". El artesano reciclaba bien, sin duda.


Cofre del Cid en miniatura, todavía a la venta en las tiendas de "souvenirs"(15 euros)

Ahora recuerdo que, ya en el instituto, me dolía el guerrero cruzado que arengaba a sus mesnadas con un "feridlos, caballeros, por amor del Criador". 


Oscurecía y el Campeador campeaba en la contigua plaza de Mio Cid, entre luces rojas, verdes y amarillas. Ahora, la pequeña preguntaba: ¿El Cid es de verdad? La madre contestaba que si historia, que si leyenda, que si las dos cosas. 

Los niños buscan respuestas contundentes y el gesto de extrañeza de la burgalesita me llevó a mis recuerdos infantiles. En mi colegio, el Cid era tan de verdad como el triángulo divino con el ojo en medio, el "Caudillo" o los Reyes Católicos; sin embargo, oía a mi abuela cordobesa manifestar sus dudas acerca de la existencia real del Cid. Muy por el contrario, mi abuela de Riocerezo, consideraba, no sé si en serio, la posibilidad que fuera nuestro antepasado, dado que Rodrigo era uno de sus apellidos. 



En la puerta del H y M , algunos refugiados del aguacero, optaron por resolver, cada uno a su manera, las dudas de la niña. ¿Quién no sabe del Cid en Burgos?

Uno que en  la Catedral están sus huesos y los de doña Jimena, bajo la hermosísima estrella del cimborrio, el mejor dosel. 


Desde la tumba del Cid

Otro que, a partir de 1808, tras el saqueo de los franceses, se dispersaron los restos por Francia, Alemania, República Checa, Polonia y hasta Rusia.

Sí, añadía otro, y en la Sala de Poridad del Arco de Santa María se muestra el hueso radio. 


Hueso radio del Cid (Arco de Santa María)

Muchos coincidían en  un escéptico "vete tú a saber".

Otro que dejémonos de huesos: es un personaje histórico pero no coincide con el Cid mítico y legendario, ni con el del Cantar de Mío Cid, el mayor de los cantares de gesta españoles. 

Alguien dio la noticia de que, en el llamado Solar del Cid, los arqueólogos han encontrado lo que podría ser su casa. ¿Cómo no va  a ser real? 


A la búsqueda de la casa del Cid

La niña se quedó hecha una lío. Menos mal que dejó de llover y su madre le prometió que, en casa, le explicaría despacio todo eso. 


Los refugiados de la lluvia se marcharon, algunos discutían acaloradamente entre sí. Me quedé sola, abrí La cabeza de Castilla por una página cualquiera y allí Azorín nos daba la clave: 

"El Cid da pábulo a la leyenda; en el Cid la leyenda contrabalancea la Historia; al estar en Burgos, nos sentimos zarandeados entre lo ficticio y lo real, llevados y traídos de la leyenda a la Historia."

Y de la historia a la leyenda. Azorín estaba releyendo "la admirable obra de don Ramón Menéndez Pidal La España del Cid" cuando surgieron en su espíritu , y de ahí viajaron a su pluma, dos leyendas cidianas antiguas y populares, relatos llenos de fantasía de "Dos viejecitos", mendigos de ropa negra y cara blanca: "de ébano y de márfil". La primera, la de la viejecita, se publicó en 1849: Recuerdos de un viaje por España. La segunda, la del viejecito, la contó Víctor Balaguer en su libro En Burgos, en 1895. 

"Una de estas viejecitas de ébano y marfil está a la puerta de Santa Gadea, o Águeda, en Burgos; todos los días se pone allí; no importuna a los fieles con gemidos ni ayes lastimeros; se contenta con mirarles de cierto modo; con mirarles de un modo humilde y cariñoso. Y si el visitante o fiel se muestran liberales, caritativos, la viejecita les cuenta un secreto que ella sabe. Secreto terrible, secreto que, si lo supiera un novelista, podría sacar de él mucho dinero, y no digamos nada de un dramaturgo, éstos sí que saben sacar dinero de todo."

Iglesia de Santa Águeda en Burgos

"¡Felices mortales! Pero sigamos con la viejecita de Burgos; os voy a revelar un secreto, y si podéis sacar de él unas pesetas, mejor que mejor. En Santa Gadea tomó juramento el Cid al rey don Alfonso VI; quiso el Cid que este rey jurara que no había intervenido en el asesinato de su hermano don Sancho. En los viejos romances se habla repetidamente del cerrojo de Santa Gadea; sobre este cerrojo tomó el Cid uno de los juramentos al monarca en entredicho."

Cerrojo actual de la iglesia de Santa Águeda en Burgos
...

"En esta hora plácida de la mañana, en el profundo silencio de la ciudad, la vieja castellana, tan limpia, cuenta al visitante de la iglesia la temerosa historia. Allí, en la misma puerta, está el famoso cerrojo; desde hace siglos, ese cerrojo abre y cierra la puerta. La viejecita baja la voz y echa una mirada alrededor; todas las noches, en la bóveda del templo, se escucha un ruido espantoso; parece como si arrastraran cadenas y si dieran voces coléricas. Se pueden oír esos ruidos extraños, terribles; pero mejor es estar lejos. Además, algunas veces, el propio Cid, el Cid y don Alonso, aparecen junto a la puerta. Sí, son ellos, no cabe dudarlo; son el Cid y Alonso VI, que repiten la escena de las formidables juras; el Cid hace que el rey ponga la mano sobre el cerrojo, y el monarca está tan enfurecido, que sus ojos parece que echan lumbre. Y la viejecita, revelado su secreto, calla y contempla la cara del visitante..."

De la iglesia de Santa Gadea que pudo conocer el Cid no queda nada. La que podéis visitar es del siglo XIV la parte más antigua y tampoco el cerrojo es el del tiempo del legendario juramento: "la antigua pieza se retiró en el año 1500 y, actualmente, recuerda la tradición otro cerrojo de reciente factura, realizado por Ángel Cuevas." Sin embargo, leemos en una una inscripción: "En esta iglesia de Santa Gadea prestó el rey Alfonso VI ante el Cid Campeador su famoso juramento" (Patronato Nacional del Turismo 1933). Estamos en Burgos, tal vez alguien ha oído, en Santa Águeda, espantosos ruidos de cadenas que se arrastran. Y, tal vez, "allá por donde estaba el convento de Fres de Val" , Rodrigo Díaz de Vivar campee la noche de Difuntos con su larga barba:

"Ahora vamos con otro viejecito. Éste, acabo de decirlo, es varón. Cerca de Burgos, allá por donde estaba el convento de Fres de Val, se levanta una colina, a la que se asciende por una suave cuesta. Se llama de los Grillos está subida. Arriba se extiende una meseta anchurosa; es como un paseo desde el cual se divisa un esplendido panorama. Por un lado, Burgos, la noble ciudad; la Cartuja con sus pináculos funerarios, a modo de blandones; las Huelgas entre la fronda del arbolado; por otra parte, los pueblos de Quintanilla, Vivar del Cid, Cercedilla, Villaverde. En la cuesta de los Grillos ocurre todos los años una cosa de maravilla y de espanto; no vayáis a verlo; os asustaríais; sentiríais el escalofrío de la muerte. Lo que pasa en esa cuesta es que la noche del día de Difuntos sube por el declive un caballero montado en su bridón. Lleva una larga barba y brilla a la luz de las estrellas su coraza. Cuando llega a lo alto se pasea por la ancha meseta y se detiene para contemplar la ciudad de Burgos; aunque es de noche, él atisba con claridad la ciudad lejana. Y mira también al pueblecito de Vivar. Allí en Vivar, es donde él ha visto la luz primera. Y ya con esto quedáis enterados de que el caballero es nada menos que Rodrigo Díaz de Vivar, casado con Jimena Gómez."


"
"Se va ensanchando Castilla", cuadro de Marceliano Santa María (Escalera del Ayuntamiento de Burgos)


Azorín confía en la pervivencia de las leyendas: "hoy, seguramente, a los dos viejos de antaño han sucedido otros: uno en la puerta de Santa Gadea y otro en la cuesta de los Grillos. Y en los dos se perpetúa la memoria santa y heroica del Cid. En los dos, que son representación del pueblo, se guarda la venerable memoria..."

¿Viven hoy en día las leyendas? ¿Hay quien las recoge? Creo que existen todavía pacientes recopiladores. Me parece que conozco a alguno...o alguna. Azorín diría que representan "la aristocracia del espíritu".

Zarandeada entre lo ficticio y lo real, la presente entrada me ha llevado más tiempo de lo acostumbrado. Con la ayuda de Azorín, he ido sacando vetas a la figura del Cid. 

Un abrazo de María Ángeles Merino

Textos en rojo tomados de: La cabeza de Castilla, Azorín, editorial Espasa Calpe, colección Austral, segunda edición, 1967. 

martes, 1 de agosto de 2017

Infinita noche, respirando noche.

Infinita noche, respirando noche. 
Pintura realizada con espátula. Agustín Merino.

Mis manos serán tus manos aladas de oscuridad enigma y fantasia.
Desnudez tu cuerpo es mar sediento mar de mares oscuros hondo de estrellas
que en estelares límites en blancura estallan.
Labios que conmueven a tu piel e iluminan en verdes llamas.
Que densas aguas qué mares invisibles qué insomnes manantiales
Noche dónde te derramas.
Tiempo vida profundos respirares.
Adónde vas latido en la noche.
Dónde te viertes ávido de profundas oscuridades.
Noche como el principio de todo.
como el principio mismo, antes de la nada.
Eres noche eres mar y ya dejado llevar inundado de ti soy también todo mar todo noche.

(Agustín Merino)

viernes, 28 de julio de 2017

Glorioso cumpleaños en la calle Gloria Fuertes de Burgos

Montaje que Google ha hecho con mis fotos del glorioso cumpleaños.


Ayer, en la calle Gloria Fuertes de Burgos, una calle nueva desconocida para el Google, asistí al "Glorioso Cumpleaños" de Gloria Fuertes. Gracias a La Poesía es un Cuento, a Javier Gil, y a Los versos sueltos. Y a muchos niños y mayores que fueron incorporándose. Y mi móvil hizo participar a la amiga Carmen Ugarte que no pudo estar allí,  me consta que disfrutó también. 

Fue una delicia escuchar los versos de la poeta, que no poetisa, más su biografía con gloriosas anécdotas, todo recitado y vivido, por Javier Gil. Y no faltó la magia de la música: Esther de la Iglesia cantando y con la flauta travesera, Emiliano Bruner con la quena y la guitarra y Sole García al piano.

Aquí tenéis una mejor y más amplia perspectiva:



¡Felicidades, Gloria Fuertes! Mi deseo es que niños y mayores sigan disfrutando de tu poesía y que nadie te rebaje por escribir para niños, como si eso fuera fácil. ¡Lo más difícil!

No olvidéis entrar en la página La Poesía es un Cuento. Allí veréis que hubo hasta tarta...


jueves, 27 de julio de 2017

...el arte es una ventana donde golpear el alma

Pintura de Agustín Merino

Artesanos del color, académicos de lo correcto.

Cuanta perfección hay en vuestra obras repitiendo temática y colores, obra tras obra, hasta alcanzar una meta que nadie ha impuesto, en este loco rodar del torno del alfarero cuando su ultimo barro parece haber sido hecho girar por los arcángeles.

El arte no es una cámara oscura para llevar a nuestros ojos imágenes, el arte es una ventana donde golpear el alma.

Dadme un Vincent Van Gogh que pinta sueños o las impenetrables figuras de Kandinski ,el dolor de Picasso, la oscuridad del tormento de Goya, el color de Matisse, la fuerza de un Kokoschka, los calificadas como facilones infantiles cuadros de Marc Chagall y un no muy largo etc.

El arte es un tañer de campanas que no admite cualquier campanero, poesía y pintura tienen mucho en común no existen medianías o eres Grande como Celaya, Miguel, Octavio, Antonio, Pablo,  etc o eres artesano de la palabra, noble oficio pero no poeta.

(Agustín Merino)

lunes, 24 de julio de 2017

"Marceliano Santa María está pintando; lo que pinta Marceliano Santa María es un paisaje; el paisaje que pinta Marceliano Santa María es un paisaje de su tierra de Burgos"


1940. De cara a la ciudad. Burgos desde San Pedro y San Felices (Marceliano Santa María)

Una mujer joven, sentada sobre la tierra roja de los alfareros, con el cabello muy corto, de negro, enlutada tal vez; mira hacia la ciudad de Burgos desde el barrio extramuros de San Pedro y San Felices. Cerca, adivinamos el duro trabajo, apenas unas pinceladas, tras la montaña de dorado grano, la parva sí, en la era. En un alto, se alza la iglesia del barrio, con sus vigorosos contrafuertes, la misma que pintó el dibujante minucioso del Civitates Orbis Terrarum. Más allá, la arboleda cierra el paisaje rural y se abre el urbano: la cabeza de Castilla, con la grisácea catedral que se impone sobre el caserío y el pelado cerro. Es un cuadro de Marceliano Santa María.

Azorín escribió en La cabeza de Castilla: 

"Marceliano Santa María está pintando; lo que pinta Marceliano Santa María es un paisaje; el paisaje que pinta Marceliano Santa María es un paisaje de su tierra de Burgos. Quisiéramos dar a estas líneas el ritmo, no externo, sino interior, de un viejo romance. Y nada cuadraría mejor a la índole de nuestro pintor que este género de literatura. Al pronunciar, como un conjuro el nombre de Burgos, sentimos que se abren ante nosotros perspectivas ilimitadas: el aire de Burgos es fino, el paisaje, sobrio; las olmedas que circuyen la ciudad, umbrosas."


Autorretrato de Marceliano Santa María

Azorín quisiera dar un ritmo de viejo romance a sus palabras, el preciso para contarnos un paisaje burgalés de este juglar de la pintura: el aire fino, el paisaje sobrio, las olmedas umbrosas...su espíritu.

"Pocos pintores como éste habrán logrado adscribir un pedazo de tierra española a su persona...El espíritu de Burgos está en sus cuadros...

Ante un paisaje de Marceliano Santa María nuestros pensamientos son varios: pensamos en toda una dilatada vida de fervor y pensamos en la continuidad del esfuerzo...¿es que el límpido cielo de Burgos, el aire sutilísimo, la tierra jocunda, el boscaje oscuro de los olmos, no habrán confortado a Marceliano Santa María para continuar en su tarea con fe en sí mismo? ¿Y esta serenidad que ahora tiene Santa María después de haber pintado tanto, ¿no se la debe también a la alta y serena tierra de Burgos?...1943"

Después de leer a Azorín, subo las empinadas escaleras del Arco de Santa María porque su Sala de Exposiciones me ofrece "Marceliano Santa María. Un paseo por la provincia", del 7 de julio al 3 de septiembre de 2017. 


Paseo y apunto impresiones:

Retales de amarillo, verde y marrón hasta alcanzar el cielo levemente rosado. Con un poco de rojo, negro y blanco traza sus labradores y labradoras. 

1949. Término de Villacienzo. (Marceliano Santa María)


Las nubes amenazan y el pueblo, a lo lejos, se confunde con la tierra. A recoger rastrojos.

1945. Rastrojos de Villayerno. (Marceliano Santa María)


El esfuerzo de hombres y animales para acrecentar la parva de los granos de oro.

1952. Villatoro. (Marceliano Santa María)

El agua, espejo bromista,  juega con los colores y las formas. En el molino de Capiscol, lo dejó escrito don Marcelino: "sólo el agua conserva su caudal".

1946. "Sólo el agua conserva su caudal". Molino de Capiscol. (Marceliano Santa María)

El voluble río Vena pasa azul, y sin protección, frente a la iglesia de San Lesmes, donde el santo francés lee su eterno libro de piedra.

1951. Alrededores de San Lesmes. Burgos. (Marceliano Santa María)

El molino de Olmosalbos se mira, coqueto, en el agua. 


Molino de Olmosalbos. (Marceliano Santa María)


Marrones y verdes, arriba y abajo. ¿Qué arboles son más de verdad, los de fuera o los de dentro del Arlanzón? 

1943. Salcedo del Arlanzón, (Marceliano Santa María)


Bien conoce el agua el esfuerzo de las lavanderas. 

1943. Lavandero de Cortes. (Marceliano Santa María)

Rincón de La Ventilla. (Marceliano Santa María)

Los toquecitos de color del plumaje de gallos y gallinas que pasean y picotean por las calles. "Ay, vecina de mi corazón, habéis visto una gallina, no". Hay que darles de comer, hay que ir a por agua con el cántaro. Y, allá arriba, las cigüeñas se asoman a los campanarios. 

1945. San Medel. (Marceliano Santa María)


"Marceliano Santa María está pintando; lo que pinta Marceliano Santa María es un paisaje; el paisaje que pinta Marceliano Santa María es un paisaje de su tierra de Burgos."

Hay más cuadros, seguramente Azorín no conoció tantos. Permitamos que se nos abran "perspectivas ilimitadas", en torno a la vida de los pueblecitos castellanos, en aquellos dificilísimos años cuarenta y cincuenta del siglo pasado.

Y desde "la altiplanicie burgalesa", Azorín completa su visión:

"...ante un paisaje de Marceliano, hago la síntesis de toda España, varia en sus elementos, paisajes clásicos y paisajes románticos, y una en su espíritu."

Un abrazo de María Ángeles Merino Moya 

Textos en rojo tomados de: La cabeza de Castilla, Azorín, editorial Espasa Calpe, colección Austral, segunda edición, 1967. Capítulo V, páginas 55, 56 y 57.

sábado, 22 de julio de 2017

llegan las aguas de mi río a ser abrazadas por el Arlanza

Pintura realizada a la espátula por Agustín Merino Moya.
Presentado a la III edición del concurso Silos Pintura Rápida (15 julio 2017)


En este estío de un peregrinar caminante en la vida,
llegan las aguas de mi río a ser abrazadas por el Arlanza,
para tintar sueños en mi paleta de colores.
El día se viste de azul inmaculado con hilvanes de un sol dorado,
sobre un menguar de luna que se resiste abandonar su reino.
A Santo Domingo de Silos llevo mi descreída fe y mi admiración por las manos que no rezaron.
Pues ocupadas en el impío golpear de la piedra intentando alcanzar un Dios y sus cielos que escapan.
El cantar de los cinceles impone su melodía.
Roto ya el monacal baldío y estéril silencio.
Vacíos como las cuencas de los ojos de un rezador de cansadas letanías.
Pero dios no se apiada ni escucha ni desciende.
Por mucho que elevemos las torres e incluso los dóciles cipreses de nuestros claustros.
Entre la sombra y a luz solo la nada habita.

(Agustín Merino)





martes, 11 de julio de 2017

"En el aire sutil de Burgos, bajo el azul límpido del cielo, ante las olmedas espesas..."


"Inposivle" (Pintura de Agustín Merino, presentada al XXII Premio AXA de Pintura Catedral de Burgos)

En la entrada anterior, de la mano de Azorín, soñaba con La cabeza de Castilla "presidida por un lector". Imaginaba al monje Adelelmo, el abad San Lesmes, paseando y leyendo junto a las orillas del Arlanzón. No sabemos del  río medieval que conoció el "Santo Patrón de la ciudad". Aunque no podamos bañarnos dos veces en el mismo río, cambian las aguas y también las riberas, su visión no sería muy distinta a la de José Martínez Ruiz, en 1948:

 "El cauce del Arlanzón es anchuroso, en Burgos, con islitas, con verde herbazal"


"En el Arlanzón, quisiéramos bajar también al cauce; contemplando el cauce, con su herbazal, con sus islitas, parece que nos exentamos, un momento, de los cuidados en la ciudad."

Ignoramos de qué cuidados precisa exentarse Azorín, durante su estancia en  "la cabeza de Castilla". 1948, un tiempo difícil en que un capítulo titulado "Pasado y futuro" ha de rematarse así:

 "No salgamos de la Catedral, la amada Catedral de Burgos, sin proponernos a nosotros mismos, seamos ilustres o humildes-el autor es de estos últimos-, poner fe en la continuación de este resurgimiento, iniciado y propulsado por el Caudillo. Fe y constancia. Constancia y tesón."


La cabeza de Castilla y el plano de Burgos de 1953 (guía Fuyma)

Adelelmo, de vez en cuando, levanta la vista de la lectura, piensa en sus "cuidados": frailes, peregrinos, pobres, enfermos, cauces y esguevas que conduzcan las aguas pestilentes y también caudillos imposibles de encauzar. 

¿Bajar al cauce? En mis años infantiles, "el verde herbazal" era de difícil acceso, salvo en algunos tramos,  y escondía sorpresas vivas y poco gratas. Solo los chavales más ágiles y atrevidos salvaban el elevado pretil. Mi hermano era uno de ellos. 

Azorín baja, bajamos con él, le acompañamos: 

"Nuestro ánimo, momentáneamente se desenvuelve libre. En el aire sutil de Burgos, bajo el azul límpido del cielo, ante las olmedas espesas, podemos afinar las percepciones; el paisaje nos invita a la concentración. Nos esforzamos en hacer que el lenguaje sea la expresión exacta, inequívoca del pensamiento; pero el lenguaje nos depara, a veces, expresiones que nos hacen , oscilar, vacilar, ondular, entre el ser y el no ser; percibimos con goce o sin goce, la fusión de los contrarios en un punto...El poeta, un poeta dominador de la forma, dice una cosa y dice otra; afirma y niega al mismo tiempo; lo que quiere decir lo dice, pero vemos que también dice su opuesto...el poeta logra la expresión. "

No sin lucha, el lenguaje encuentra su cauce, "como este cauce bello del Arlanzón, en Burgos". 


El Arlanzón dibujado por Luis Sáez Díez, en la guía Fuyma, Burgos1953. 

Adelelmo sigue su lectura y aquel niño que bajaba "al verde herbazal", logra su expresión: 

Canta mi río con voz de arrullo
con voz plata de agua canta
a sus pies la ciudad sestea, el largo letargo de su historia
En el teatro la farsa se representa
En esta ciudad de malos cómicos, todos interpretan un papel de figurantes
creyendo que son estrellas
En estas butacas vacías hace tiempo que se ausentaron los sueños. 

(Agustín Merino)


Agustín pinta con la espátula un "Inposivle". El cielo ya no es azul. 



Un abrazo para los que pasan por aquí de:

María Ángeles Merino

Textos en rojo tomados de: La cabeza de Castilla, Azorín, editorial Espasa Calpe, colección Austral, segunda edición, 1967. Capítulo XXII, El Arlanzón, páginas 123, 124 y 125.