lunes, 31 de diciembre de 2012

¡Feliz Año Nuevo 2013!



"porque el tiempo es...el cañamazo en donde bordamos las tonterías de nuestra vida"

¡Feliz Año Nuevo 2013!

Este año mi felicitación va a ser barojiana:

"...porque el tiempo es, según algunos graves filósofos, el cañamazo en donde bordamos las tonterías de nuestra vida..."

("La busca", Pío Baroja)
 
Que el 2013 sea un buen cañamazo para bordar felicidad.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino

sábado, 29 de diciembre de 2012

Un famélico hormiguero. Oscuro, maloliente, caótico, ruidoso e inmisericorde. ¿Una fotografía retocada?




MADRID. Estación del Mediodía. Tarjeta postal antigua de Fototipia J. Roig, Madrid.

Comentario en torno al contenido de la novela "La busca", de Pío Baroja, para la lectura colectiva de "La acequia", dirigida por Pedro Ojeda.

Mi entrada anterior, con el primer comentario a "La busca", concluía cuando al grillo "virtuoso obstinado" le sustituye la codorniz, con la luz del sol. Comienzan las rutinas diarias, el sereno, el panadero, se abren las tiendas, una criada que echa la basura a la acera, se oye vocear un periódico, la calle entra en movimiento.
 
Adelanto el reloj, puesto que el tiempo sólo es un cañamazo para bordar nuestras tonterías. Es por la tarde y la criada Petra se da prisa  en servir la cena a los huéspedes. Veamos que se guisa:
Un guiso al estilo del dómine Cabra del "Buscón"de Quevedo. El hambre se pasea por los pasillos de la pensión de Casiana Fernández. Famélico, el primer adjetivo para calificar al hormiguero.
 

Volvemos a las prisas de Petra. Porque su hijo Manuel, no tardará en llegar “medio dormido, medio asfixiado en un vagón de tercera” a la estación del Mediodía, procedente de “una aldehuela pobre, rodeada de áridas pedrizas, sin árboles ni matas”.

Dibujo de Ricardo Baroja.


 Se le amontonan recuerdos, lejanos y próximos, “fugaces impresiones de Madrid ya medio olvidadas”. Siente “verdadera angustia; un crepúsculo rojo esclarecía el cielo, inyectado de sangre como la pupila de un monstruo; el tren iba aminorando su marcha; pasaba por delante de las barriadas pobres y de casas sórdidas”.


Cielo rojo. Cielo espectacular de Madrid.
Petra le espera en la puerta de la estación, con toda la intención de mostrarse severa; su cuñado le ha dicho en una carta “que allí, en el pueblo, el chico perdía el tiempo, y que lo mejor era que fuese a Madrid a aprender un oficio”. La vuelta desbarata sus planes de que su hijo estudie para cura; pero al verlo lo abraza “con efusión”.
Y prestemos atención al abrazo porque en “La busca” escasean los afectos. Percibimos un hormiguero oscuro, caótico, maloliente, inmisericorde. La lucha por la vida de sus personajes no deja siquiera un hueco para los sentimientos.



A muchos se nos hace muy dura la lectura de "La busca". ¿Por qué la escribió así Baroja? ¿Acaso era insensible ? Busquemos una respuesta en alguien que lo conoció muy bien, su sobrino Julio Caro Baroja:

 "Cuando, después de ensayar en colaboración con otros escritores jóvenes el componer por entregas un folletín misterioso con Madrid como base, se puso solo a la tarea de escribir "La busca",  pensó hacer una obra de observación directa, que él mismo comparaba a una fotografía retocada, "procedimiento que no es, sin duda-añadía-, el mejor para producir una obra de arte". La frialdad y objetividad de "La busca" fueron exageradas por los críticos, al comentarla recién aparecida. El público gustó de esta supuesta característica, pero desde entonces corre también a voz de que Baroja fue un hombre poco sensible, amén de prosista descuidado."


En "La busca" hormiguean doña Casiana dueña de la pensión y su criada Petra, la Isabelona, doña Violante con su hijas busconas, la "mujer cañón" de la portería,  dos comisionistas, un tenedor de libros, un cura que no paga, la Vizcaína, la Baronesa, un periodista, un hombre rubio y muchos más. Abundan las  personas degradadas, venidas a menos... Y entre todos componen el escenario para el protagonista, el adolescente Manuel Alcázar, el hijo mayor de Petra, en su lucha por instalarse socialmente.

El hormiguero ha de ser oscuro, la falta de luz es todo un símbolo de la vida que arrastran personajes y personajillos. Entramos en la casa de doña Casiana, en la calle Mesonero Romanos, antes del Olivo.

"El portal , largo, oscuro, mal oliente, era más bien un corredor angosto, a uno de cuyos lados estaba la portería". Subimos por la escalera "siempre a oscuras".

Nos detenemos en el piso principal. "De día apenas se divisaba, por la oscuridad reinante, una puerta pequeña; de noche, en cambio, a la luz de un farol de petróleo, podía verse una chapa de hoja de lata...Casiana Fernández".

Pasamos dentro de la casa, si es de día nos sumergimos "en las profundas tinieblas". Si es de noche, "a la vaga claridad difundida por una mariposa de corcho que nadaba sobre el agua y el aceite de un vaso" advertiremos "con cierta vaga nebulosidad, los muebles, cuadros y demás trastos..."
Lamparillas de aceite.

Los olores nos guían mejor que las moribundas luces. Al entrar, "lo único que denotaba el cambio de lugar era el olor, no precisamente por ser más agradable que el de la escalera, pero sí distinto".

Al pasillo dan las alcobas
"en las que hasta muy entrada la tarde solían verse por el suelo calcetines sucios, zapatillas rotas, y, sobre las camas sin hacer, cuellos y puños postizos"

Entre todos los aposentos, el peor de los chiscones es el de doña Violante y sus niñas, no sólo ´se cuelan los olores de la vaquería de abajo, además:

"El cuarto aquel de doña Violante y de sus niñas era infecto; colgaban en las escarpias clavadas en la pared trapajos sucios y, entre la falta de aire y la mezcolanza de olores que allí había, se formaba un tufo capaz de marear a un buey"

Manuel pasa su primera noche allí:

"El muchacho se acostó, y era tan violento el contraste del silencio de la aldea con aquella algarabía de ruido de pasos, conversaciones y voces de la casa, que, a pesar del cansancio, Manuel no pudo dormir"

Oscuro, maloliente, caótico, ruidoso e...inmisericorde. Pronto lo sufrirá Manuel.

La patrona le permite quedarse, a cambio de hacer recados y servir la comida. ¿Se compadecen los huéspedes del pobre chico recién llegado del pueblo?


“Manuel tuvo que aguantar mientras sirvió la mesa…una serie interminablede advertencias, bromas y cuchufletas... unas veces se encontraba tabaco en la sopa, otras carbón, ceniza, pedazos de papel de color en la botella del agua.”

Dibujo de Ricardo Baroja.
Y "uno de los comisionistas... solía levantarse furiosos, cuando pasaban estas cosas, a pedir a la dueña que despachase a un zascandil que hacía tantos disparates"

Es la darwiniana lucha por la vida, el pobre no se apiada del pobre. Manuel se acostumbra, contesta cuando le riñen y busca sus puntos débiles:

"Pronto se enteró de la vida y milagros de todos los huéspedes, y se hallaba dispuesto a soltarles cualquier barbaridad si le fastidiaban"

En este hormiguero, nadie se compadece de nadie. Incluso ´hay regocijo ante la desgracia ajena. Así reaccionan ante el embarazo no deseado de Irene, una de las hijas de doña Violante.

"-¡Anda! ¡Anda a la Casa de Socorro a que te quiten la hinchazón!
...
-¿Quién le ha hecho ese bulto?-decía entre risotadas la vizcaína...
Todos los huéspedes repitieron con fruición y entusiasmo la pregunta..."

Famélico, oscuro, maloliente, caótico, ruidoso, inmisericorde. ¿Una fotografía retocada? ¿Es que la realidad era todavía más dura? ¿O Baroja cargó las tintas?

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

El texto en letras de color naranja pertenece a un prólogo de Julio Caro Baroja, para la edición ilustrada conmemorativa del nacimiento de Pío Baroja, 1972, editorial Caro Raggio (Madrid).

Las palabras directamente extraídas del texto se corresponden con el enlace:
http://www.escuelahistoria.fcs.ucr.ac.cr/contenidos/biblioteca/esociales/PioBaroja-LaluchaporlavidaI_Labusca_.pdf


sábado, 22 de diciembre de 2012

martes, 18 de diciembre de 2012

"el canto de un grillo de la vecindad, que chirriaba en la chirriante cuerda de su instrumento con persistencia desagradable"

 

En "La acequia", Pedro Ojeda nos anuncia el comienzo de la lectura colectiva de "La busca" de Pío Baroja. Aunque pueda leerla aquí mismo, en pantalla, necesito también el libro libro, el de papel, soy de otra época. Aquí está, en esta vitrina de la biblioteca de mi  centro. Tenemos también"La casa de Aizgorri" y "Zalacaín el aventurero" en Austral, más cuatro ejemplares de "Las inquietudes de Shanti Andía" de Cátedra. No está nada mal para la biblioteca de una escuela de adultos.

El de "La busca" tiene solera, es de la editorial Caro Raggio (Madrid). Es una edición ilustrada conmemorativa del nacimiento de Pío Baroja, 1972. El prólogo es de Julio Caro Baroja,  antropólogo, historiador, lingúista, folklorista y ensayista español, sobrino de don Pío. Las ilustraciones son los dibujos a pluma que hiciera su hermano, Ricardo Baroja. En la cubierta, contemplamos  un aguafuerte del mismo autor. Una gran familia.


Cubierta de Ricardo Baroja.
Comienzo su lectura y , de vez en cuando, hago una pausa para buscar un hilo conductor en el comentario. Y también, todo hay que decirlo, un poco de azúcar en una lectura algo sórdida.


Ricardo Baroja retrata a Pío Baroja
Cuando comentaba los capítulos del Quijote siempre surgía algún personaje que me echaba una mano; pero aquí doña Casiana, la dueña de una  pensión de mala muerte en la madrileña calle de Mesonero Romanos, no me seduce. Petra, la criada para todo, tampoco...Y todavía no ha bajado del tren Manuel, el hijo de Petra, el protagonista.

¡Ya está! llega a mis oídos la música de un excepcional violinista. ¡El grillo! Cante, señor ortóptero, y cuénteme sus cuitas.  
 
" el canto de un grillo de la vecindad, que rascaba en la chirriante cuerda de su instrumento con persistencia desagradable."

Cri, cri, cri, cri. Sí, digo cri, ese soy yo. ¿Doña Casiana? No, aquí tienen ustedes al "grillo de la vecindad", el "que rascaba en la chirriante cuerda de su instrumento". ¿Cuerda? ¿Instrumento?  Tan sólo levanto y froto mis alas para atraer a las hembras de mi especie y si persisto es porque ninguna acude a mi amorosa llamada. Y porque el hacer coros en las noches cálidas es oficio de los de mi especie.



Soy un desdichado gríllido que sobrevive, solitario, en este ruidoso lugar, de hierba escasa y descolorida. Rasco y rasco, qué puedo hacer sino matar mis penas con mi cri cri. Porque yo vivía feliz, en un huerto de jugosas coles, casi sin humanos, esos gigantes que todo aplastan con sus dos extremidades. Pero se me sustrajo de tan apacible lugar, fui izado y se hizo la oscuridad. Oí la voz de una cría humana :

-¡Un grillo, cógelo, mételo en la caja!

Creí morir en medio del bamboleo de un diminuto receptáculo. Mi cabeza se estrellaba una y otra vez, perdí el sentío...Y desperté en el momento en que se hizo la luz  y caí entre unos adoquines.

-¡Bah! ¡Suéltalo! No nos sirve pa carreras, con uno...

Así que, allí mismo, avío una madriguera, con la entrada mu limpia pa zona de canto, a ver si cae alguna. Tengo la alas rotas de tanto frotar, pero na, no aparece ninguno como yo, siquiera un macho pa rancarle las alas dun bocao. La lucha por la vida.

¡Qué vida tan dura la mía! Un amigo del silencio cree enloquecer cuando oye, sin verlos, a esos que nombran como relojes o campanadas. Una vez, otra y otra. Nunca suenan a la vez y cada uno con su voz. Na más cantá el primero, mescondo en lo más último de mi galería.

"Poco después de esta indicación amigable del viejo reloj, hecha con la voz grave y reposada, propia de un anciano, sonaron las once, de modo agudo y grotesco, con impertinencia juvenil, en un relojillo petulante de la vecindad, y minutos más tarde, para mayor confusión y desbarajuste cronométrico, el reloj de una iglesia próxima dio larga y sonora campanada, que vibró durante algunos segundos en el aire silencioso."

Ahora que recuerdo, a ese estruendo llaman  tiempo. ¿Qué animal será ese? No lo sé, tie algo que ver con lo que va de sol a sol.

"...porque el tiempo es, según algunos graves filósofos, el cañamazo en donde bordamos las tonterías de nuestra vida..."

"porque el tiempo es...el cañamazo en donde bordamos las tonterías de nuestra vida"
Llega la noche, se van apagando las luces cegadoras y los alaridos de las fauces humanas. Ya no pasan esos animalazos, veloces como el rayo, los llaman coches; sólo mi ínfimo tamaño me libra de ser aplastado.  



Es mi momento dulce y musical. Cri, cri, cri, cri. ¿Que si canto a la luna? Sí, siempre que la luna sea una oscura hembra de grillo, con su ovipositor en el abdomen.

"En la morada casta y pura de doña Casiana, la pupilera, reinaba hacía algún tiempo apacible silencio: sólo entraba por el balcón, abierto de par en par, el rumor lejano de los coches y el canto de un grillo de la vecindad, que rascaba en la chirriante cuerda de su instrumento con persistencia desagradable."

Mas a los humanos les trae al fresco que yo luzca mis habilidades musicales. ¡Cómo chillan las hembras humanas! Tal vez estén llamando al macho o se enfrenten a otra hembra que les pisa el territorio,  es la lucha por la vida. Sigo rascando, no sé pa qué. Se las oye allá lejos, en lo más último de arriba.

-¡Señora! ¡Señora! -llamó varias veces.-¿Eh? ¿Qué pasa? -murmuró doña Casiana, soñolienta.-Si quiere usted algo.-No, nada. ¡Ah, sí! Mañana diga usted al panadero que el lunes que viene le pagaré.-Está bien. Buenas noches.

 Se callan, pero se enciende otra luz y se oye algo... no sé de qué insecto procede, creo que lo llaman guitarra. Así no hay manera de atraer a una buena gachí con mi cri, cri. Se me ha adelantao er bicho del rasgueo. Como le pille va a saber  lo que vale un peine. Bueno, no sé qué es un peine, pero así lo dicen por aquí.

Salía la criada del cuarto, cuando se iluminaron los balcones de la casa de enfrente; después se abrieron de par en par, y se oyó un preludio suave de guitarra.

Dibujo a pluma de Ricardo Baroja, en "La busca"

Y otra vez las chillonas, mi órgano timpánico va  a estallar:

-¡Petra! ¡Petra! -gritó doña Casiana-. Venga usted. ¿Eh? En casa de la Isabelona... se conoce que ha venido gente. La criada se asomó al balcón y miró con indiferencia la casa frontera.

-Eso, eso produce -siguió diciendo la patrona-; no estas porquerías de casas de huéspedes.
...
Eso, eso produce -repitió la patrona varias veces.

 
Luego, esta idea debió alterar su bilis, porque añadió con voz irritada:

-Mañana voy a echar el toro al curita y a esas golfas de las hijas de doña Violante, y a todo el que no me pague. ¡Que tenga una que luchar con esta granujería! No; pues de mí no se ríen más...

Por fin se callan y yo continúo rascando, hasta que me interrumpen unos pasos, paecen tres hembras humanas. Cuidao, no me pisen. Emiten ruiditos, se comunican unas con otras, un golpe como de madera, ya no las oigo.

 
Pero la paz dura poco aquí. Otra vez,  voces desagradables. Y creo que riñen, será por un macho, será por el alimento, a saber. La lucha por la vida.

"Al cabo de unos minutos se oyó la voz de la patrona, que gritaba imperiosamente desde su cuarto:

-¡Irene!... ¡Irene!

-¿Qué?

-Salga usted del balcón.

-Y ¿por qué tengo de salir? -replicó una voz áspera, con palabra estropajosa.

-Porque sí... porque sí...

-¿Pues qué hago yo en el balcón?

-Usted lo sabrá mejor que yo.

-Pues no sé.

-Pues yo sí sé.

-Estaba tomando el fresco.

-Usted sí que es fresca.

-La fresca será usted, señora.

-Cierre usted el balcón. Usted se figura que mi casa es lo que no es.

-Yo ¿qué he hecho?

-No tengo necesidad de decírselo. Para eso, enfrente, enfrente. 
-Quiere decir que en casa de la Isabelona -pensó la Petra."

Se oye otro porrazo de madera y cristal, ahora las voces suenan poquito.  Por fin, silencio, prosigo, es la obligación de todo grillo que se precie, aunque no haya hembras que atraer. Cri, cri, cri, cri.

"Se oyó cerrar el balcón de golpe; sonaron pasos en el corredor, seguidos de un portazo...luego hubo un murmullo de conversación tenido en voz baja."

Rasco mis alas hasta que sale el sol y entrego  el relevo a una codorniz:

"Y el grillo, como virtuoso obstinado, persistió en sus ejercicios musicales, a la verdad algo monótonos, hasta que apareció en el cielo la plácida sonrisa del alba. A los primeros rayos del sol calló el músico satisfecho, sin duda, de la perfección de su artístico trabajo, y una codorniz le sustituyó en el solo, dando los tres golpes consabidos"



Con el canto de la codorniz, doy por finalizada tan musical entrada.

Hasta la próxima semana. Un abrazo para todos los que pasáis por aquí :

María Ángeles Merino


Las palabras en color naranja están extraídas directamente de "La busca", a través de la página web:

http://www.escuelahistoria.fcs.ucr.ac.cr/contenidos/biblioteca/esociales/PioBaroja-LaluchaporlavidaI_Labusca_.pdf

La información acerca de los grillos la he obtenido aquí:

http://es.wikipedia.org/wiki/Gryllidae




miércoles, 12 de diciembre de 2012

"El placer de la lectura". Nuestras viejas lecturas duermen...

¿Recordáis esa cafetería de la derecha, amigos de "La acequía"?

 
 
Una mañana fría. ¿Cómo va a ser si no una mañana de diciembre en Burgos? Avenida del Cid, calle Santander, plaza del Cid, junto a la puerta de la Biblioteca del Teatro Principal unos dedos gigantescos y escritores. Un cartel anuncia: "La familia de Pascual Duarte", 70º aniversario, Sala de Exposiciones del Teatro Principal, del 29 de noviembre al 16 de diciembre de 2012. Un texto manuscrito, unas palabras: "Yo, señor, no soy malo, aunqu...mos todos los mortales al nace...". Un escritor, Camilo José Cela, premio Nobel, personaje él mismo tanto o más que los de sus novelas.; del que ahora se habla tan poco, a no ser por espinosos temas ajenos al mundo de la literatura, herencias y desherencias.
 
Caricatura de Mingote, junto al escritorio de Cela.
 

Mientras subo las escaleras, van despertando las palabras dormidas. Me esperan ahí, manuscritas, sobre un viejo buró, junto a unas gafas y una estilográfica. Objetos que pertenecieron al escritor, aquel que llevaron a hombros los ministros, camino de su última morada.
 
Escritorio en el que fue redactada "La familia de Pascual Duarte"
 
Facsímil del manuscrito de 1942
 


 
 
No recuerdo cuando leí este libro, asocio su lectura con la transición, a finales de los setenta. Pascual Duarte, un condenado a muerte primitivo y violento, hace pagar su frustración a navajazos tanto a  personas como a animales. Pasajes sangrientos que  me dejaron escasa huella ; sin embargo, esas primeras palabras, desde "yo, señor" hasta "nadie puede borrar ya"  debieron quedarse agazapadas en algún plieguecillo de la memoria. Y ahí seguían una mañana fría de 2012, esperando un despertar; qué distinto  el mundo, qué distinta mi persona o qué igual.
 
Leo en el folleto: "Camilo José Cela publica en 1942 su primera novela, La familia de Pascual Duarte. Al concluir su redacción, consciente de haber comenzado su carrera de escritor, sentencia: "Se acabó el divagar"...
 
 
"Esta novela se imprime secretamente en Burgos y se agota antes de que la censura logre confiscarla. La crítica del momento la aplaude y Pío Baroja, que había rechazado prologarla por su dureza de contenido, la alaba en el diario El Español..."
 
Triptico de la exposición
Dureza de contenido, estoy de acuerdo con don Pío.  En realidad,  disfruté mucho más con "Viaje a la Alcarria" o "La colmena", de otro tipo de dureza. Y, como si me estuvieran leyendo el pensamiento, siempre fui más de Delibes, en una vitrina me espera la caligrafía de don Miguel, en aquella primera carta a Cela:
 
 
 
 
Carta manuscrita de un Delibes principiante a Cela.
Leo :"Los fondos que se pueden contemplar en esta pequeña muestra pertenecen al legado que Camilo José Cela donó a la fundación que lleva su nombre en Iria Flavia...material...que permite conocer el proceso creativo, las vicisitudes por las que pasó la edición de la novela, ...anécdotas...el proceso de edición, como las cruzadas con la editorial Aldecoa o con el escritor y académico Ricardo León, al que Camilo José Cela hace partícipe de sus dudas respecto a la novela."

 

Mi atención se centra en nombres como Buero Vallejo o Alberti,  en anécdotas como los primeros ejemplares viajando en  Continental Auto o el tuteo de un  gobernador civil de por aquí. Traducciones al esperanto, al Braille o al euskera. La relación con Burgos a través del "Homenaje Milenario a la Lengua Castellana Escrita"...Es imposible leerlo todo, otro día vuelvo por aquí, estará hasta el día 16 de diciembre.
 
Carta de Buero Vallejo a Cela.
 
Y regreso a Miguel Delibes, mira que soy pesadita; porque buscando enlaces me salen al encuentro unas palabras del escritor vallisoletano pronunciadas poco después de morir el de Iria Flavia:

Me quedo con "los frutos más sazonados", la cosecha que se inaugura con "Yo, señor, no soy malo..."
Nuestras viejas lecturas duermen, es buen ejercicio despertarlas de vez en cuando.
Un abrazo de:
María Ángeles Merino

jueves, 6 de diciembre de 2012

"El placer de la lectura". También en clase. ¿Com pe ti ti vi dad?



En mis entradas anteriores os lo contaba, el placer de la lectura me ha acompañado casi toda la vida. Pero, desde que trabajo en la enseñanza, no cejo en mi empeño de contagiar a los alumnos, para que  lo pasen tan bien como yo. Saludable enfermedad, gozosa epidemia. Y no lo puedo evitar, leo, aunque la materia nada tenga que ver con mis clases, como si mañana tuviera que contárselo a alguien, un hábito automático, inconsciente. Supongo que propio de la profesión.

Por eso, comprendo al profesor Pedro Ojeda cuando escribe:"Ya no puedo leer de forma inocente... Leo como si fuera a explicar ese texto al día siguiente a mis alumnos". Enseñando se aprende, "docendo discitur" dijo el sabio Seneca, maesro de aquel "agradecido" alumno Nerón, ya sabéis el final...


Recuerdo tantas buenas lecturas compartidas, por ejemplo...En aquellos tiempos de la EGB, mis alumnos de entonces, regocijados en la traviesa compañía del Mochuelo, el Tiñoso y el Moñigo, los de "El camino" de Miguel Delibes. La lupa, el sol y la negra panza del gato. Y "esperar al rápido dentro del túnel con los calzones bajados".



Un regocijo comparable al de aquellas alumnas de Educación de Adultos, muy críticas con los reproches de Menchu, la de "Cinco horas con Mario", qué estúpida es esta mujer, el marido un buenazo. Delibes, Delibes, siempre Miguel Delibes. Bueno, también vivieron la tragedia de las reprimidísimas hijas de Bernarda Alba, aquí va a pasar algo, me decían, no nos anticipes nada.

 
Y aquellos alumnos tan familiarizados con los olivos, los de Campo Real, leyendo aquello de " no los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada el trabajo y el sudor". Y la quijotesca batalla de don Quijote con los cueros de vino tinto, la que ha liado este hombre, lo ha puesto todo perdido, qué pena de vino, con lo bueno que es el vino manchego. Y, otro día, leen: "Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. Girando en torno a la torre y al caserón solitario, ya las golondrinas chillan..." Sí, esta mañana las hemos oído chillar, la primavera de Soria es un poco parecida a la de Campo Real.


Pero tanta lectura vivida ¿servirá a los alumnos de ahora para mejorar su "competitividad"? Porque, amigos míos, mirad como viene la próxima ley de educación. No hemos de lograr seres humanos que construyan su personalidad, que desarrollen sus capacidades, cultos, críticos, felices de aprender, no. Leed:

"Primer párrafo del Anteproyecto de la LOMCE (2012) (Ley Wert): "La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; su nivel educativo determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global."


Comparad con el preámbulo de la LOE de 2006:

 "La educación es el medio más adecuado para construir su personalidad, desarrollar al máximo sus capacidades, conformar su propia identidad personal y configurar su comprensión de la realidad..."

Competi - ti - vidad, cuántas tis. Competi - tivos y empleables, nada más. Eso sí, en empleos de alta cualificación. ¿Para todos?



Compañeros docentes, sigamos leyendo, nuestros alumnos no tienen la culpa. Serán buenos lectores y competitivos, seguro. Y muchas más cosas. Su aventura comenzará en la escuela pública, de todos y para todos.

Un abrazo de:

María Ángeles Merino


Hoy ando un poco retrasado, acabo de regresar de un inesperado, y triste, viaje a tierras de Zamora.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

"El placer de la lectura", siguen las aventuras.



 
 

Regreso al relato de mi aventura con los libros, “el placer de la lectura” que nos propuso Pedro Ojeda. Lo dejé en "Viene la adolescencia y María Ángeles no sabe qué leer".

Y recuerdo a
un ilustre y poco convencional profesor, tanto que hoy la plaza del Instituto lleva su nombre, en el momento justo de preguntarme “¿qué libros lees?”. Y todavía chirría en mis oídos el eco de mi contundente respuesta: “ninguno”. Verdad o mentira a medias, estaba atravesando un breve desierto lector; pero había oasis: mis libros de siempre, manoseados y releídos. ¿Cómo hablar de ellos a un señor tan serio e intelectual?

Instituto Cardenal López de Mendoza, en Burgos. Plaza de Luis Martín Santos.
Se imponía un cambio de rumbo en mis lecturas. Algunas compañeras de clase leían a José Luis Martín Vigil, un jesuita autor de “novelas de formación adolescente” o novela social: “La vida sale al encuentro”, “Cierto olor a podrido”, “Los curas comunistas”. Ni siquiera un vistazo, aquello no me atraía nada, no era el espejo en que yo quería mirarme.


En clase de Literatura, le dábamos al comentario de texto, nos devanábamos los sesos con la adecuación fondo forma y memorizabamos el obeso libro de texto, con su lista interminable de autores y obras. Debíamos leer también algunos libros, para los que no nos daban orientación ni guión alguno. Lo tenéis que leer y ya está. Vais a la librería, compráis "El conde Lucanor", por ejemplo, y a leer lo que "fablaba" el señor conde con su fiel ayo Patronio, en castellano del siglo XIV. Es un libro fácil, unos cuentecillos...pensarían. Todavía lo conservo, es de la colección Austral, edición de 1971. El tiempo ya se ha puesto amarillo en sus páginas.


La animación a la lectura era inexistente, se sobreentendía. Deberíamos recordarlo cuando alguien idealiza aquel bachillerato, aquella forma de aprender. Ahora, los de la ESO comienzan con libros como "Campos de fresas" de Jordi Sierra, donde los personajes son tan adolescentes como los lectores y viven problemas de drogas, conflictos con los padres...lo actual. Todo muy blandito para que lo mastiquen bien.


Más tarde, les encargan leer las primeras obras literarias, han de hacer un "trabajo". Si no les "mola" leer, siempre hay algo que pillar en Internet, control más C, control más V, mira aquí hay alguien que escribe sobre las leyendas de Bécquer, "chachi"...Afortunadamente, existieron y existirán jóvenes hambrientos de letras. Encontré, entre ellos, por fin, el espejo lector en que mirarme.

Sigo mi aventura lectora. Voy echando sus cimientos.
 El Lazarillo y sus tretas para poder comer. Beatriz muerta de horror ante la banda azul que perdió en el Monte de las Ánimas y al mecer las azules campanillas de mi balcón creo que suspirando pasa el viento murmurador. Júrame tan solo que me amas, Romeo, y yo dejaré de ser una Capuleto, pero no jures por la luna. Y los niños de Macondo contemplan atónitos un trozo de hielo.  Que de noche le mataron al caballero, la gala de Medina, la flor de Olmedo.
Y , qué angustia, Dios dejará un día de soñarme, porque soy "un ente de ficción" como Augusto Pérez, el protagonista de "Niebla" de Unamuno.


Las huellas de nuestras primeras lecturas adultas son las más profundas, claro, he dicho que son cimientos.

Más tarde, descubrí a Delibes. Fue un encuentro casual, tuve que ayudar a alguien, el libro era "Las ratas", vaya titulito, pensé.  Contemplo los tesos mondos con pueril fruición, junto al Nini, un niño sabio. En campos de corregüelas, oímos la algarabía de los grajos, pisamos barbechos y nos asomamos a las huras. Después, ya no era por casualidad, me fui al encuentro de Daniel el Mochuelo y de casi todos los demás. El día en que murió don Miguel, quise reunirlos en mi blog.



A la vista del contenido de este blog, tal vez os parezca raro que todavía no haya nombrado a Cervantes. El Quijote lo leí más tarde. A los veintitantos años, compré un ejemplar de la edición de Martín de Riquer, comencé su lectura y no me desagradaba pero...es un libro que se lee mejor en la madurez. Tal vez porque don Quijote sea un cincuentón metido en aventuras, tras haber pasado años y años de vida hidalga y apacible en su aldea. Porque es un personaje que ya está de vuelta, puede ser eso. Sí, con el de la Triste Figura he pasado muy buenos ratos. Y no digamos en nuestra lectura colectiva, la de "La acequia". Placer de la lectura y de la escritura. ¿Y qué es la escritura sino el leerse a uno mismo?


Leo el Quijote, en mi viejo libro.
 ¿Cuántos libros habré leído? ¿Cuántas horas habré pasado leyendo?  Leer, leer, en el tren, en el autobús, en la cama, en el sofá, en el banco de un parque, sentada en un césped, deliciosos refugios.
 
Pedro Ojeda nos habla de "la soledad del lector", de un "tiempo solitario" que nos prepara para el tiempo que sucede al cerrar el libro.
 
 Nos reprochan nuestro aislamiento, dicen de nosotros, los ávidos lectores, que estamos en las nubes.  Subimos a las nubes, sí,  para ser capaces de afrontar y entender lo de aquí abajo. Porque conocemos muy bien el mundo real, demasiado lo conocemos.

Y no somos, de ninguna manera, "
el príncipe que todo lo aprendió en los libros".

Un abrazo de la lectora:
 
María Ángeles Merino

jueves, 15 de noviembre de 2012

Un relato de cuarenta y siete palabras...y un revólver.

Marina, nuestra amiga del blog "En el umbral de la noche" nos propone un juego, junto con su amigo Tomae, del blog Tarracoferma. Se trata de publicar un texto que tenga, como máximo, cincuenta palabras, el día 15 de noviembre, a las veintidós horas. Nuestro escrito ha de basarse en la siguiente foto:


Ahí va, y son cuarenta y siete.


“Anoche soñé que volvía a Manderley”

El ama de llaves entre ruinas abrasadas.

¿Vestido negro? ¿Severo moño?

No. Zapatos picudos, ropa de marca.

Proclama mi delito: ¡bloguera!

Abre un bolso con úrsidas siluetas y extrae un áureo revólver.

Blog, blog, blog, muero.

Miss Danvers es una pija."



Un abrazo para Marina y Tomae y para todos.

 
 María Ángeles Merino  se lo dedica a su Miss Danvers particular.

"El placer de la lectura", primeras aventuras.

"El placer de la lectura" nos propone Pedro Ojeda. Cada lector tiene su aventura, contaré la mía.


Comienza el día que cumplo cuatro años, mi madre tiene un importante regalo para mí. Me lo  ha contado muchas veces, la semana que viene  cumple ochenta y nueve.

Cuenta que me dijo: "siéntate ahí,  tienes que aprender a leer,  ya tienes cuatro años". Y añade la intervención de una espontánea vecina que, desde el patio de luces, replica: "María Ángeles, deja en paz a la niña, que es muy chica". Y mi madre empecinada: "mi hija no va a dar guerra a ninguna maestra".

¿Por qué esa prisa  en entregarme la dorada llave de la lectura? Quiere lo mejor para mí, sin duda. Y es una  maestra apartada prematuramente del magisterio, ahora no tiene plaza en la capital, imposible ejercer en un pueblo, casada, con dos niños. No recuerdo mis sentimientos de aquel día, ante la cartilla "Rayas". Tampoco mi memoria  guarda registros de arduos silabeos. Un año después, en el colegio, el regalo adquirido  me evita sinsabores, la "mano dura" y el "palo largo" no siempre son metáforas, bien lo recuerdo.


Se hace la luz. Tengo en las manos mi primer libro, es mío y  no es una blanda cartilla de niña pequeña. Tiene las pastas duras y se titula "Un regalo de Dios". Flores, pajaritos en sus nidos, mariposas, un buzo bajo el agua, abejas, toscos dibujos, qué bonito. Una visión religiosa de la Naturaleza, evolucionismo, no, por Dios. 



Los niños de hoy, borrachos de imágenes, no prestarían ni un minuto de atención a un libro así.

Nunca olvidé este buzo, no sé por qué.
Dicen que los de mi generación, que aprendimos a leer sin televisión, espoleamos  más la imaginación cuando leemos, tal vez. La radio siempre encendida, en aquella cocina, si hablaban de un negrito del África tropical yo tenía que imaginar al negrito.



Pasa el tiempo. Estoy en el colegio, la maestra abre el armarito, se reparten cuarenta libros todos iguales, una niña lee, las demás siguen la lectura, no sabes cuándo te va a tocar a ti, María Ángeles se adelanta como el almendro y puede tener problemas. Cuentos, muy moralistas, historias patrióticas, historias sagradas, un Quijote adaptado, todo me gusta. Por Dios, que se olvide la maestra de los ángulos obtusos y del punto de cruz. Toda la tarde leyendo, qué gusto.



En casa, leo lo que de vez en cuando cae. Leo y releo. ¿Qué leemos las niñas de los sesenta y setenta? "Mujercitas", Jo es nuestra heroína, "Corazón" de Edmundo de Amicis, aquella escuela italiana llena de niños tan heroicos como Garibaldi, Alicia y el conejo que teme que la reina le corte la cabeza, "Sissi" y sus pesadumbres con su odiosa suegra, adaptaciones de Dickens, huérfanos a los que persigue la desgracia, Celia de Elena Fortún, una niña de Serrano que quiere ser libre, cuentos de Grimm, de Perrault, fábulas de Esopo y de Samaniego...Aquella colección de Bruguera, "Historias  selección", con las cabecitas de los personajes a la vista. Yo miraba y remiraba mi pequeña estantería.


Y la de mi hermano, Moby Dick, la isla del tesoro, Julio Verne, Ben Hur, Alejandro Magno...Esos también los devoro, aunque no sean míos. Ven, capitán Trueno, haz que gane el bueno. Sí, también tebeos, no conocíamos los cómics.

Y, un poco más adelante, los de Enid Blyton, muy ingleses, muy clasistas, llenos de colegialas que beben cerveza de jengibre, qué será esa porquería, y juegan al lacrosse, yo juego a campos quemados, no creo que sea lo mismo. Me los zampo. Como veis, leo lo  bueno y lo malo. De mayores, analizamos.


¿Cuándo me doy cuenta de que, en los libros, no sólo cuenta lo que se cuenta sino como se cuenta? Eso me viene de la mano de Juan Ramón Jiménez. En mi colegio, antes "Generalísimo etc, etc", ahora "Río Arlanzón", se lee y se dicta "Platero y yo". Y Platero se bebe un cubo de agua con estrellas, y los higos tienen una cristalina gotita de miel, y la niña Chica era la gloria de Platero, pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón que no lleva huesos. ¡Qué palabras tan bonitas las de ese señor tan serio y con barbas! Y la niña más lista de mi clase, la del puesto número uno, que va y me dice que no le gusta ese libro porque, en realidad, no cuenta nada. Bueno, para ella los obtusángulos, que le aprovechen. Yo me quedo con Platero, platerón, platerillo, platerete.


Seguiré contando mi aventura lectora. Viene la adolescencia y María Ángeles no sabe qué leer.

Un abrazo para todos los lectores que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino que dedica esta entrada a Penélope Gelu, la del blog "Penélope aguarda en Ítaca", que tuvo su primera aventura lectora en los mismos pupitres que yo, con las mismas "señoritas".

Y todo el cariño para mi madre que me entregó la llave. Y para mis maestras: Esperancita, Casilda, Clementina, Marina, Felicidad, Carmen y Lorenza. Un recuerdo muy especial para Felicidad Portillo que nos hizo llorar a moco tendido el día en que se murió Azorín.