jueves, 25 de febrero de 2010

La Dueña Dolorida o la importancia del superlativo.


Hago decir al mayordomo que, aunque tenga unos conocimientos gramaticales más bien escasos, le chirría en los oídos eso de” lo que quisieridísimis”. El superlativo en el verbo no figura en ninguna gramática...en la última de la R.A.L., tampoco.
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Comentario al capítulo 38, 2 del Quijote, publicado en "La acequia":

Donde se cuenta la que dio de su mala andanza la dueña Dolorida

Aquí estoy otra vez, soy aquel humilde mayordomo que organizaba las burlas de los duques, escribía los diálogos y hacía de actor. Recordará vuestra merced que, al oír la música, me incorporo a la comitiva de la condesa Trifaldi, también llamada Dueña Dolorida.

Entran, en el jardín, tres tristes músicos. Sus pífaros y tambores invitan a la melancolía e incluso al llanto. Tras ellos, dos hileras de seis dueñas, vestidas con anchos monjiles y larguísimas tocas. Tras ellas, vengo yo…digo que viene la condesa Trifaldi, con el barbadísimo Trifaldín.

Voy…va vestida de bayeta negra finísima, tan fina, tan fina que el tejido hace nudos gordísimos, cual tuccitanos garbanzos. ¿Y qué me dicen de la trifalda? Tres puntas, una por paje, dibujando una matemática figura de tres ángulos “acutos”. Por esta prenda, conocen a la condesa Trifaldi, como la de las tres colas... E incluso, alguno de los allí presentes la llamó condesa Lobuna o Zorruna. Lobas, zorras…ya se sabe a dónde apuntan las malas lenguas, aunque lo desmienta una airada dueña Rodríguez.

Pasa la procesión de las doce con la Trifaldi, cubiertas con tupidos velos negros que no traslucen su ajado rostro. El duque, la duquesa, don Quijote y todos los mirones se ponen de pie.

Paran las dueñas y la Dolorida se adelanta, dando la mano a Trifaldín. Me arrodillo, se arrodilla y con una voz ronca pido, pide que no hagan tanta cortesía a este a este su criado…digo criada. Está tan dolorida que no acierta a responder atinadamente, piensa que entendimiento se ha dado a la fuga.

El duque replica, con cortesía empalagosa, que sin entendimiento está el que no descubra su valor, el cual merece la nata y la flor. Y levantándome, levantándola de la mano, me sienta con mi señora la duquesa.

Hay silencio, sólo roto por la dolorida dueña que se presenta con un superlativo discurso: poderosísimo, hermosísima, discretísimos. Está confiada en que su gran cuita halle acogimiento y ablande corazones. Antes de hacerla pública, quiere saber si está presente “don Quijote de la Manchísima y su escuderísimo Panza”.

El Panza es el que responde, por él y por su señor, remedando su habla superlativa. Aunque mis conocimientos gramaticales son más bien escasos, chirria en mis oídos eso de” lo que quisieridísimis”. Este majadero se está pasando con la burla.

Don Quijote ofrece sus servicios…para lo que haya menester se brinda a la Dolorida. Debe decir sus males, que para eso están los de su cofradía andante.

La dueña se arroja a los pies y piernas del “caballero invicto”, para abrazárselos. Casi cojo una liebre, me piso una de las colas; mas enseguida recupero el equilibrio.

¡Oh, las basas y las columnas! Y los capiteles y los fustes… ¡Oh sus hazañas que dejan a tras a Amadises, Esplandianes, etc., etc. Tras el panegírico a don Quijote; me vuelvo, se vuelve hacia el más leal escudero de todos los tiempos y le cojo las manos. A ver si mis palabras ablandan al gran Sancho, más luengo en bondad que las barbas de Trifaldín, aquí presente.

Me dirijo, se dirige al que, sirviendo al gran don Quijote, sirve a toda la caballería andante. Voy a hablar en tercera persona, que esto de pasar de primera a segunda es cansino. La desdichada y superlativa condesa quiere que Sancho interceda. Admirado me hallo del poder de este sandio, sólo acostumbrado a gobernar sus pegujales.

Al buen Sancho le incomodan las alabanzas, socaliñas y plegarias. Eso de la largura de su bondad, comparándola con la luenga barba de Trifaldín… Buen creyente,algo beaturrón, sólo desea estar preparado para rendir cuentas, cuando doble el espinazo. Nos aguantamos la risa cuando dice eso de “barbada y con bigotes tenga yo mi alma cuando desta vida vaya”.

El escudero rogará, de todos modos, a su amo, el cual estará bien dispuesto a ayudar. He de sacar del baúl la cuita y contarla…la Trifaldi quiero decir…

Todos contienen la risa y se admiran de mi agudeza y disimulación. Si Merlín me quedó bien, la Dolorida me quedará bordada, ya verá vuestra merced. Se sienta mi personaje y nos relata, brevísimamente, su cuita.(Sigue en "La Dueña Dolorida y la infanta por antonomasia: Antonomasia")


Aprovechando que este capítulo cita a Martos y sus garbanzos, dedico esta entrada a Manuel Tuccitano, de "La distancia no es el olvido", que está pasando por un mal momento. Un abrazo, Manuel.

8 comentarios:

Cosmo dijo...

La dueña Dolorida es,me atrevo a decir,casi mejor que Merlín.Abrazos

Merche Pallarés dijo...

Me ha encantado eso de "el poder de este sandio, sólo acostumbrado a gobernar sus pegujales"... Besotes, M.

pancho dijo...

Cervantes hace tiempo, se recrea en descripciones físicas de personajes secundarios que le darán juego posterior en la novela. No es la primera vez que lo hace. L dueña Dolorisa da rodeos que cansan a nuestros protagonistas.

Irónica y perfectamente intercaladas en el texto las dudas de persona del narrador.

A la espera de la continuación de la fábula que tiene que contar la dueña recién llegada, que tiene a otras doce haciéndole la ola. Trifaldín en su salsa.

Paco Cuesta dijo...

Con tanta reiteración en las descripciones y superlativos en los diálogos los protagonistas se han perdido. Simplemente esperan

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Buen homenaje a nuestro querido Tucci. En cuanto a las gramáticas, qué sabrán ellas...

Myr dijo...

hehhehe mucho empalago gramatical y superlativo...

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Gracias mil...con el post de hoy me pongo al día..hago mención a tu entrada...verdaderamente me emocionó...besos

Pd: me tuve que reír con la parodia de Sancho sobre el superlativo...

Abejita de la Vega dijo...

Cosmo: la dueña te lo agradece.

Merche: "Aquellos diminutos pegujales
de tierra dura y fría,
donde apuntan centenos y trigales
que el pan moreno nos darán un día!"
(Antonio Machado)
Así serían los pegujales de ese sandio de Sancho.

Pancho: los rodeos de la Dolorisa son muy femeninos, en vez de ir al grano, se entretiene con sus sentimientos.
El protagonista se hace un lío con las personas gramaticales y los verbos,pero sale airoso.
Me río de ver a las doce haciendo la ola.

Paco: los superlativos más superlativos que en el mundo han sido, marean...

Pedro: con todo cariño al de Martos. Qué sabrán las gordas gramáticas...si tú lo dices...

Myr: empalago superlativo y gramatical, eso es.Je, je.

Manuel: me alegro mucho de verte por aquí y si has reído con Sancho, miel sobre hojuelas.

Gracias amigos.