jueves, 19 de enero de 2017

Rinconete y Cortadillo: "¿Págase en esta tierra almojarifazgo de ladrones, señor galán?"



Comentario a la novela Rinconete y Cortadillo de Cervantes. Para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

17 de enero. Estoy buscando imágenes de la Sevilla del XVII en el ordenador. Oigo unos pasos. ¿Habré dejado la puerta abierta? ¡Esta chica me pega unos sustos!

-Austri ¿Estás ahí?

-¡Aquí estoy, amiga de lecturas! Hoy nos vamos a ocupar de Rinconete y Cortadillo, otra novela ejemplar de Cervantes. El jueves pasado te dejé en el preciso momento en que declaraste que, por fin, habías entrado en La Gitanilla. Que a ti no te deslumbraba Preciosa, que te chirriaba y  se te caía de puro falso pero...

-Llegué a la sonrisa cuando empecé a leerla como "simulación y fiesta literaria". Así la define Pedro Ojeda. Si "Se divierte Cervantes jugando a la parodia de géneros y recursos", hagamos por divertirnos con él.


Ahora vamos con Rinconete y Cortadillo, tercera de las Novelas ejemplares que Cervantes dio a la imprenta en 1613, de la cual  tenemos primera noticia en el capítulo 1.47 del Quijote (1605), en los papeles que el ventero da al cura, tras encontrarlos en el "aforro" de la maleta de Cardenio: 

"El cura se lo agradeció y, abriéndolos luego, vio que al principio de lo escrito decía: Novela de Rinconete y Cortadillo..."



-Una novela llena de pícaros que sigue un rumbo diferente a la novela picaresca de su tiempo. Te leo lo que dice Alonso Zamora Vicente: 

"...la suave picaresca cervantina, llena, como toda la obra de su autor, de una admirable sonrisa, de una general indulgencia...Cervantes tenía una visión del mundo mucho más compleja... y trata a los pícaros como una de tantas manifestaciones del vivir íntegro de su obra, dándoles su peculiar sonrisa y generosidad...Un pícaro en Cervantes ha de hacer lo que Cervantes quiera, y esto puede ser muy diverso, amplio como la vida misma, incluidas todas las reacciones susceptibles de belleza y de bondad. "

Rinconete y Cortadillo (Monumento a Cervantes)

Una visión distinta, propia de un ser humano optimista y vital como Cervantes, creador de unos personajes complejos que no siguen esquemas. 

-Pero Rinconete y Cortadillo no dejan de ser pícaros. Son dos jóvenes que se conocen en una venta y deciden viajar juntos a Sevilla, donde entran en contacto con una organización de delincuentes encabezada por un tal Monipodio. Se comportan como verdaderos pícaros: roban, juegan a las cartas con trampas, viajan por los caminos de España y agudizan el ingenio para sobrevivir. 


Tal vez les "mosqueen" las espaldas, en el "rozno" o arrimados al "aldabilla". Pueden acabar en la horca, el "finibusterre", pagarán con la "gorja". Incluso cabe la posibilidad de ser condenados a las "gurapas", las galeras, sin don Quijote que los libere. O a la cárcel, la de Sevilla tenía fama...Asumen los riesgos, se ríen de sí mismos, son unos pícaros simpáticos. 

- Fíjate en las diferencias de su esquema narrativo. Son dos, en lugar de uno. No son criados de ningún amo y su vida no aparece determinada por antecedentes familiares que los empujen al delito. 

-Diríamos que son de mejor familia. El padre de Cortadillo es sastre, un oficio respetable. El de Rinconete es bulero o buldero: "persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada". Oficio no muy bien visto, era el que predicaba las bulas, como hacía uno de los amos del Lazarillo de Tormes, todo un guiño a la primera novela picaresca. 

-Les mueve un deseo de libertad y aventura ajeno a la picaresca. Pronto van a descubrir que no hay libertad sin cadenas, ni siquiera en el mundo de los ladrones...Nadie hurta en Sevilla sin registrarse en el patio de Monipodio. 

-"¿Págase en esta tierra almojarifazgo de ladrones, señor galán? -dijo Rincón.
-Si no se paga -respondió el mozo-, a lo menos regístranse ante el señor Monipodio, que es su padre, su maestro y su amparo; y así, les aconsejo que vengan conmigo a darle la obediencia, o si no, no se atrevan a hurtar sin su señal, que les costará caro."
-Vayamos a la estructura. La novela consta de tres partes, sin división en capítulos. 

-En la primera parte, conocemos a los protagonistas y asistimos al encuentro de ambos, después conoceremos algunas de sus pillerías en la venta de los campos de Alcudia y en la cosmopolita Sevilla del XVII.

La segunda parte comienza con el ingreso de Rincón y Cortado en el sevillano patio del Monipodio, donde van a conocer el funcionamiento de una cofradía de hampones sevillanos.

La tercera parte es muy breve, nos los presenta ya fuera del patio del Monipodio, con su opinión crítica acerca de la cofradía y su intención de abandonar "aquella vida tan perdida y tan mala".


Patio del Monipodio

-Es un final abierto porque Cervantes concluye "sucedieron cosas que piden más luenga escritura y así se deja para otra ocasión contar su vida y milagros". De esta manera, se promete una continuación que Cervantes no escribió.

-A mí me gusta especialmente el encuentro y presentaciones de los dos pillos. El retrato no puede ser más vivo: 
"En la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía, un día de los calurosos del verano, se hallaron en ella acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años: el uno ni el otro no pasaban de diez y siete; ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados; capa, no la tenían; los calzones eran de lienzo y las medias de carne..."
Salen a sestear al portal, no se conocen pero sienten mutua curiosidad. Se preguntan con un tono de reverencia caballeresca que contrasta con su aspecto desarrapado: 
-Uno y otro se cuentan sus circunstancias personales, con la mayor desvergüenza. Cortado es hijo de un sastre y utiliza la habilidad con las tijeras, aprendida de su padre, para robar. Rincón es hijo de un buldero y ha trocado las bulas por los naipes con trampa, naipes grasientos y ovalados en lugar de rectangulares, tal es su desgaste. Rincón robó el dinero de la bula, huyó a Madrid, lo cogieron y, tras mosquearle las espaldas, sin rozno por ser jovencillo, le desterraron de la Corte. Naipes por bulas, guasa erasmista tal vez. 
Ya son tan amigos:
"Diego Cortado abrazó a Rincón y Rincón a él tierna y estrechamente, y luego se pusieron los dos a jugar a la veintiuna con los ya referidos naipes, limpios de polvo y de paja, mas no de grasa y malicia; y, a pocas manos, alzaba tan bien por el as Cortado como Rincón, su maestro."
-Desvalijan a un arriero, suben a la mayor velocidad a las ancas de una mula y huyen de la venta. Llegan a la gran Sevilla y enseguida hacen uso del oficio:

"Con todo esto, a la entrada de la ciudad, que fue a la oración y por la puerta de la Aduana, a causa del registro y almojarifazgo que se paga, no se pudo contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traía un francés de la camarada...dos camisas buenas, un reloj de sol y un librillo de memoria".
 
Por hoy, no nos da tiempo a más. Me hubiera gustado comentar contigo la risa que le daba a Rinconete la confianza que tenían los cofrades del Monipodio, ladrones y homicidas,  en subir al cielo derechitos si no faltaban a sus devociones: santos, candelitas, rosarios...la religiosidad externa que criticaba Erasmo. 

-Y los vocablos equivocados, fruto de la ignorancia: el tigre de Ocaña que era tigre de Hircania, Nero de Tarpeya que se convertía en marinero de Tarpeya, etc. El pícaro Rinconete "sabía algo de buen lenguaje", aprendido con su padre en el ejercicio de las bulas. 

-Y cuán descuidada era la justicia de la tan famosa ciudad de Sevilla. Cervantes no pierde ocasión de criticar la religión vacía, la ignorancia, la corrupción...¿El maltrato a la mujer?

-Y siempre ansiará la libertad. Rinconete y Cortadillo no la encuentran, Cervantes tampoco. 
No hay libertad sin pagar almojarifazgo. 


Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:
María Ángeles Merino
Y Austri.

domingo, 15 de enero de 2017

Elemental, querido Potter

Esta no es una crónica de viaje más de la Mosca Cojonera de este blog, porque este no es un viaje de trabajo.

¡Es un viaje de placer de la Arañita Campeña y la Mosca Cojonera!

Pero, ¿a donde?. Pistas: Harry Potter, Sherlock Holmes y Jack el Destripador. Efectivamente, es la ciudad de Londres, el punto en común de estos tres personajes.

Han sido solo tres días, pero sin parar. Salimos de España un martes por la tarde... bueno, en realidad casi no salimos. La Arañita es propensa a pitar en los arcos de seguridad, y pitó. Pero en vez de pasarle un detector de metales, le hicieron un test contra sustancias peligrosas. Mientras a la Mosca le hacían el mismo test en la maleta y la  mochila.

Como decía, llegamos a Inglaterra un martes por la noche... bueno, en realidad casi no llegamos. En Inglaterra son muy modernos, y para pasar la frontera en el aeropuerto tienen unas máquinas que te leen automáticamente el pasaporte, te hacen una foto, y te dejan pasar. A menos que seas la Arañita, que entonces la tecnología conspira en tu contra y no te dejan pasar, sino que te obligan a enseñarle el pasaporte a un policía de carne y hueso.

Como decía, llegamos a nuestra pequeña habitación del hotel... bueno, en realidad casi nos quedamos en la calle. Debería decir que llegamos a la puerta del hot... No, no había puerta. Se entraba directamente a la recepción donde no había nadie. Sí había luz, pintura, y un mostrador a medio hacer porque estaban en obras. Tras cinco minutos de pánico, descubrimos que teníamos que entrar por la puerta de al lado, donde no había señal alguna de que fuera la entrada, pero habían improvisado una recepción.

Improvisados eran también los números de las habitaciones, con un post-it pegado en la puerta. Por las mañanas desayunábamos con Benito y Compañía, que pasaban con tablones de madera por los estrechos pasillos de camino al ascensor.

Día 1: Harry Potter y Sherlock Holmes

Como decía, amanecimos el miércoles en una calle cercana a Victoria Station, esperando que en cualquier momento apareciera Mary Poppins volando desde un engañoso soleado cielo con nubes dispersas, que en días posteriores se convirtió en frío, lluvioso, ventoso e incluso nevoso.
La primera visita fue sin embargo a las afueras de Londres, en Watford. Un ratito de tren, y luego un autobús para llegar a los estudios de la Warner Bros., donde se rodaron la películas de Harry Potter. La bienvenida te la dan en el comedor de Hogwarts, y a partir de ahí es pasear por todos los escenarios, viendo los trajes originales, coches voladores, equipos de Quidditch, escenarios al aire libre...
Tren a Hogwarts

Comedor de Hogwarts

Sala común de Gryffindor

Despacho de Dumbledore, director de Hogwarts

Pieza de ajedrez de la primera película. Iría ideal en los belenes de Ele Bergón.

Un puente

Maqueta del Castillo de Hogwarts

Comimos unos sandwiches, y por la tarde volvimos a la estación de Euston, desde donde andando cinco minutos se llega a la estación de King's Cross, donde está en andén 9 3/4 desde donde sale el tren a Hogwarts. Y una cola de gente para hacerse una foto empujando un carrito.
Desde ahí comenzamos una caminata hacia Baker Street, al 221B (que nunca existió), donde habitaba Sherlock Holmes junto con el Dr. James Watson.
Toc, toc. ¿Hay alguien ahí?
La ruta que seguimos la encontramos previamente en internet Tras las Huellas de Sherlock Holmes, fuimos parando en lugares como la consulta de Conan Doyle, su farmacia, y el lujoso Hotel Langham, donde Conan Doyle se tomaba el té de las cinco.
Entre paciente y paciente, Sir Conan Doyle escribía aquí sus relatos de Holmes

Como nosotros íbamos de pobres, nos conformamos con el hot chocolate de las seis en el Starbucks de enfrente. Con la tontería, llevábamos ya un buen paseo que nos llevó desde Baker Street hasta Oxford Circus, donde nos desviamos a ver la famosa Carnaby Street.
Carnaby Street. Mucha bulla y mucha gente

Callejeando un poco más, pasamos por el 7 de Saville Row, hoy día una tienda de trajes, pero que en su momento Julio Verne imaginó como la casa de Phileas Fogg (tristemente más conocido como Willy Fog por la juventud de hoy día)

Noche ya cerrada, el frío calando en los huesos, llegamos a Picadilly Circus y Trafalgar Square. Seguimos más abajo hasta llegar al río y uno de los tantos puentes, desde donde podíamos ver la gigantesca noria (London Eye) y el palacio Westminster con el Big Ben.
Y este último paseo antes de cenar, nos llevó a pasar por delante de la taberna de Sherlock Holmes. Ahí ya decidimos poner fin a un agotador paseo y volver al hotel. Andando.

Día 2: Westminster y la City

El día siguiente amaneció nublado. Y lluvioso. Día ideal para estar a cubierto. Subimos a Westminster andando, donde la Mosca pudo por fin, contemplar el Big Ben en todo su esplendor.
¡Big Ben sin andamios!

Me explico. La primera vez que estuve en Londres fue en 1990. Y el Big Ben estaba con andamios.

La segunda vez, fue en 1998, cuando fui a desvirtualizar a amigos que había hecho en un chat de internet. Y el Big Ben también estaba con andamios.

¡Y por fin a la tercera fue la vencida!

La mañana la dedicamos a ver la Abadía de Westminster, de la cual no tengo más que esta foto:
porque estaba prohibido hacer fotos dentro. Pero les cuento de palabra cosas que nos contaron por zapatófono (a la Arañita le encanta ir con zapatófono-audioguía que le cuente lo que está viendo). La abadía tiene más años que Matusalén, y tienen enterrada a un montón de gente allí. Entre enterrados y placas de recordatorio, al final vas pendiente del suelo para saber a quien estás pisando. Y te llevas sorpresas. Por mi parte (imagino que ustedes, queridos lectores, ya saben que la Mosca es físico y amante de eso que llaman ciencias naturales y/o exactas), ya sabía que me iba a encontrar la tumba de Sir Isaac Newton. Pues a su vera me encontré con:

Y por lo visto hay unos cuantos más que me perdí. Aunque sí que ví a Frank Whittle en una capilla dedicada a la RAF (Royal Air Force), y la Batalla de Inglaterra.

Pero no solo científicos hay allí. Por supuesto, muchos reyes y reinas de Inglaterra (Enriques, Eduardos, Marías,...), y un rincón que gustará a los literatos de este blog será el rincón de los poetas con Shakespeare, Dickens, Shelley, Lewis Carroll, Lord Byron...

La Abadía de Westminster es además donde se coronan los reyes de Inglaterra desde tiempos inmemoriales. Casi tantos como tiene el trono, que va a hacer 700 años. Un trono de madera que al verlo uno siente que rezuma historia por todos sus poros, ... y luego lo siente por quien se siente allí, porque tiene pinta de incómodo. La última vez que se usó fue en os '50 con Isabel II, primera vez que la ceremonia era televisada, y en las imágenes no se aprecia que le colocaran ni un triste cojincito para que sus reales posaderas aguantaran las 3 horas de ceremonia de coronación. A ella le tocó joven, con veintipocos años. Si alguna vez le toca a su hijo Carlos... en fin, dada su edad, esperemos que no esté sufriendo de almorranas en silencio.

Teníamos prevista un tour guiado esa misma tarde, pero finalmente lo dejamos para el día siguiente, porque no paraba de llover. Se estaba mejor tomando un hot chocolate en Starbucks. Hasta que por fin dejó de llover.

Para dar paso a la nieve. Y al viento. Y al frío.

Al menos con nieve, se puede pasear. Abrigado hasta el bigote, pero se puede. Por la orilla del Támesis, contemplando el Puente de la Torre, hacia el nuevo Puente del Milenio, un puente moderno, que además aparece en escenas de Harry Potter.
El Puente de la Torre. Estampa clásica

Torre de Londres

Ayuntamiento. Todo cristal. ¿Será la política de transparencia?

Puente del Milenio
A un extremo del puente encontramos la Catedral de St. Paul. Al otro, el treatro de Shakespeare.
Terminando ya el día, paseamos por la City. Una mezcla de edificios antiguos con modernos rascacielos de cristal. Una mezcla rara.
Llegamos hasta el mercado Leadenhall. Un mercado cubierto, escenario también de las andanzas de Harry Potter, pero donde nos pudimos cenar una buena pizza en un italiano regentado por un búlgaro.

La Torre de Londres, St. Paul y Jack el Destripador

El tercer día, comenzó con la luz asomando tímidamente entre las nubes, mientras en las noticias no paraban de hablar de la nevada del día anterior. Nevada que cuajó fuera de Londres, pero no en la ciudad. Tras desayunar (con cierto overbooking en el comedor), cojimos el metro hacia la Torre de Londres.

25 libras por cabeza, que aún escuecen. Pero lo cierto es que la Torre de Londres lo merece. Es el epicentro del asentamiento romano que dio origen a Londinium. Posteriormente, comenzó a erigirse una fortaleza, un castillo con varias torres y un foso que hoy día está seco.

El edificio más visible o reconocible es la «Torre Blanca». Era el edificio principal, y que ha tenido varios usos distintos, aunque los últimos han sido más de armería y/o polvorín. Actualmente, tienen una exposición con armaduras que pertenecieron a varios reyes.
Más interesante para la Arañita, fue el edificio que contenía las joyas de la corona... y cuyo interior no dejaban fotografiar. Diamantes, rubíes, zafiros,... Las joyas son usadas principalmente durante la coronación: una cuchara de oro, una aceitera, varios cetros, espadas, anillos, mantos... Y las Coronas, por supuesto. En plural, porque hay muchas. Parece ser que está la Corona que se usa durante la coronación, pero luego hay otra corona más de «diario». A ver, que la de coronación es muy bonita y tal, pero para el día a día, se usa otra que es más sufrida.
Del resto de la Torre de Londres, están cada una de las torres repartidas por las murallas con sus historietas. Casi todas de presos, porque una de las funciones de la Torre era esa misma. Presos que van desde acusados de hechicería, a presos ilustres como Ana Bolena, algún que otro Rey y Reina, curas católicos, y finalmente varios nazis, entre los que estuvo Rudolf Hess.

Con las historias de presos (que por cierto, como se aburrían se dedicaban a escarbar grafitties en las paredes, algunos con mucho arte), también hay historias de fugas. Por ejemplo, el primer intento de fuga, un príncipe o rey de Gales de cuyo nombre no quiero acordarme ni sabría pronunciar, lo intentó con todo un clásico: anudando las sábanas y descolgándose por la ventana, con tan mala suerte que las sábanas se rasgaron y la gravedad hizo el resto.

Luego hubo un par de curas. Uno emborrachó a sus carceleros, y se descolgó por la ventana usando una cuerda que consiguió esconder en el fondo de un barril. Este sí llegó al suelo vivo.
En la Torre Sangrienta se cuenta la historia de dos principes gemelos, hijos de Eduardo V, que fueron encarcelados por su tío, Ricardo III. Al poco, los niños desaparecieron sin dejar rastro. Un par de siglos después (1600 y pico), en trabajos de remodelación de escaleras encontraron un baúl con huesos que pertenecían a dos niños. Se sospecha que Ricardo III fue el responsable de su desaparición.

Como no, una Torre de la Tortura, con un par de aparatos para hacer que canten los mudos.

3 horas de torre en torre, hasta que decidimos salir para irnos a comer, porque aún teníamos que ver la Catedral de San Pablo (St. Paul).
La Catedral fue construida por un tal Wren, que quería hacer algo «distinto». Quería ante todo hacer una cúpula gigantesca, aunque para ello tuvo que recurrir a ciertos trucos. Desde fuera, se ve una estructura circular imponente. Pero es todo fachada. Por dentro, hay una cúpula interior más pequeña, que es lo que se ve desde abajo. Luego, una estructura cónica sirve para sujetar la estructura superior, y finalmente, el revestimiento exterior circular esconde el cono, y deja que desde fuera se vea una cúpula gigantesca. La visita a la catedral incluye una subida hasta lo más alto.

257 escalones. Por escaleras estrechas, en caracol. Llevaba la Arañita ya por lo menos 240. Pensábamos que ya habíamos terminado, pasamos un pasillo, y de pronto aparecen más escalones.

-¿¡Más!? - se quejó la Arañita Campeña. Y siguió subiendo.

Dos segundos más tarde entraron al pasillo nuevos visitantes, y mientras la Arañita y la Mosca subían las escaleras con la lengua fuera, se oyó un lamento:

-¿¡Más!?

Pero las vistas merecían la pena.
Vista a un lado del Támesis

Vista al otro lado del Támesis

A la bajada de la cúpula, literalmente nos echaron de la catedral. Porque ya estaban cerrando, no porque fueramos malos. Pero que sean las 16:30 y que te cierren una atracción turística es de juzgado de guardia. ¿Qué podíamos hacer hasta las 18:30, hora prefijada de nuestra siguiente visita?. Lo obvio: tomarnos un hot chocolate en Starbucks.

18:30. Estación de Aldgate East. Barrio de Whitechapel. Allí nos encontramos con una guía de Londres en Español que nos iba a relatar lo que hace ya más de 100 años hizo famoso a este barrio pobre, a una calle de distancia del mucho más rico barrio de la City.

Corría el año 1888, cuando una serie de crímenes sucedieron en este barrio. Hoy día se considera que son cinco las víctimas las que fueron asesinadas por Jack el Destripador, aunque en su momento la policía investigó hasta 16 casos de prostitutas estranguladas y apuñaladas. Pero nunca se encontró al culpable. Aunque hay quien sigue buscándolo. Hay una serie de personas llamadas «riperólogos» (del inglés «ripperologist», estudioso de Jack «the Ripper», aunque igual habría que traducirlo como «destripólogos») que siguen buscando y elaborando sus teorías (que acaban en libros vendemotos conspiranoicos).

En Whitechapel vivían los pobres, que apenas podían pagarse el alquiler de una habitación, y los muy pobres, que rara era la vez que se podían pagar una par de noches a cubierto. Currantes, currantes ocasionales, delincuentes, prostitutas... Era un barrio con calles estrechas, sin apenas iluminación, callejones, laberíntico, hedores insoportables, y que se estaba llenando de inmigrantes (polacos, rusos, judíos,...) al mismo ritmo que crecía la xenofobia (el típico «vienen a quitarnos el trabajo», que suena bastante familiar hoy día).
Se considera que son 5 las víctimas de Jack, aunque el número varía en función del riperólogo. Desde la (presunta) primera víctima hasta la quinta, los crímenes crecen brutalidad. Estrangulamiento, apertura en canal, vaciamiento de órganos internos, mutilación... e incluso canibalismo.

La policía tuvo muchos sospechosos, pero al final cerró la investigación en 1891 sin un culpable, mientras la prensa en vez de ayudar, se preocupaba más por vender periódicos que por contar noticias (lo cual no es muy distinto a hoy día). Una carta presuntamente llegada a un periódico, y firmada por «Jack el Destripador», reivindicando los crímenes y retando a la policía, es la que le da el nombre al asesino. Sin embargo, esta carta es falsa, y posiblemente escrita por un periodista.

Los crímenes terminaron bruscamente después del asesinato más salvaje de todos. ¿Por qué? ¿Murió el asesino? ¿Emigró? ¿Quedó satisfecho? Quien sabe...

El recorrido nos llevó por varias calles y callejones, visitando lugares relacionados con las víctimas, aunque en realidad quedan pocos edificios originales de aquel entonces. Según te van contando la historia, no puedes evitar elucubrar sobre qué tipo de persona podría haber sido Jack, te conviertes en riperólogo sin querer. Teorías hay para todos los gustos. Unas más creíbles que otras, pero todas prácticamente imposibles de probar.

Y así, entre elucubraciones, y con un frío que hasta Lord Kelvin estaría congelado, termina el periplo londinenes de la Arañita y la Mosca Cojonera.

P.D.: Cuando nos fuimos, la recepción del hotel comenzó a funcionar

P.D.2: En el aeropuerto, a la Arañita casi no la dejan volver. Problemas con la tarjeta de embaque en máquinas automáticas.

P.D.3: Esta entrada no ha sido patrocinada por Starbucks y su chocolatito calentito que tanto nos ha alivado el frío de Londres.

jueves, 12 de enero de 2017

La Gitanilla: "que también hay poetas que se acomodan con gitanos y les venden sus obras".




Comentario a la novela La Gitanilla de Cervantes.  Para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

Era 8 de enero de 2017, con las luces de la Navidad apagadas y melancólicas. Y los contenedores de papel y cartón a rebosar. 

Mi amiga Austri y yo habíamos quedado junto al reloj de El Morito, para leer y comentar juntas La Gitanilla, una de las Novelas Ejemplares de don Miguel de Cervantes. Hacía frío y buscamos una cafetería pero no encontrábamos una mesa libre. Para hacer tiempo, entramos en el edificio del Consulado del Mar, en el Espolón. Había una exposición de fotografías publicadas en el Diario de Burgos, en 2016. 



Entramos e inmediatamente nos sentimos atraídas por la misma imagen. Fue tomada en una boda que duró tres días, la de Shakira y Enoc, celebrada al más puro estilo gitano en Villagonzalo Pedernales. ¡La Gitanilla

"De entre el son del tamborín y castañetas y fuga del baile salió un rumor que encarecía la belleza y donaire de la gitanilla, y corrían los muchachos a verla y los hombres a mirarla."


-La jovencísima Shakira recoge su vestido y alza el ramo de flores blancas pregoneras de su virginidad mientras recibe el bautismo de las almendras de la "honradez". La alegría de la alboreá es bien visible en el rostro de la novia, en el vuelo multicolor de las peladillas, en el gesto del viejo gitano; pero sabemos que el cante, el baile, los volantes, las flores y el azúcar coloreado no pueden endulzar del todo la amarga prueba a la que la niña Shakira acababa de someterse. 

Qué joven tiene que ser para llamarse así! Tal vez no ande muy lejos de los quince años como La Gitanilla, la de Cervantes.  Han pasado más de cuatrocientos años y, sin embargo, Shakira hubiera hecho suyas las palabras de Preciosa:


¡Mira por fin podemos sentarnos! Dejamos de hablar de la foto, detrás se esconde una historia real de ahora mismo, la de Shakira, la de muchas gitanillas que todavía siguen esa tradición anacrónica. Pasamos a una gitana ficticia, personaje de Cervantes, de la novela ejemplar La Gitanilla, publicada en 1613.



Sabemos, a través de las versiones manuscritas que circulaban antes de su publicación, que Cervantes suprimió pasajes y alusiones. Los censores acechaban y don Miguel andaba con tiento, como puso de manifiesto en el Prólogo


MIÉRCOLES, 28 DE OCTUBRE DE 2015

¿Requiebros amorosos? Sí, pero tan honestos que no moverán a mal pensamiento alguno. ¿Ejemplares? Sí, les dio ese nombre y "no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso". Pero no fue ese su intento sino poner "una mesa de trucos", donde cada uno pueda entretenerse "sin daño del alma". Todo es un juego, un descanso para el afligido espíritu, "que no siempre se está en los templos". 


Nada es lo que parece, están construidas con apariencia y engaño, con una subversión de los géneros y del mensaje, conectando con el lector. Porque Cervantes  es vitalista  y aborda el mar de fondo con optimismo y humor, sin amargura.  

-Comenzamos a leer La Gitanilla y nos encontramos con un primer párrafo durísimo sobre los gitanos: "Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones...". El texto es tan duro que tal vez el lector no repare en el inicial "Parece que...".  A continuación, se refiere, también con dureza, a una gitana vieja, "jubilada en la ciencia de Caco" que crió como nieta, enseñándola sus "gitanerías", a una muchacha a quien puso nombre de Preciosa. 

-"Salió la tal Preciosa...". ¿Cómo salió? Aquí el autor cambia de registro, ante el asombro del lector, porque la chica salió hermosa, discreta, bien hablada, sin huellas del aire o el sol en su piel, cortés y bien razonada a pesar de la crianza tosca...Una gitana "como nacida de mayores prendas que de gitana". El juego de la lectura nace del  extraño caso. 

Salió también rica en villancicos, coplas y romances que cantaba con donaire. La taimada abuela echó de ver lo Precio-sa que podía ser su Preciosa. Descubrió en su "nieta" una medio de acrecentar su caudal y le procuraba versos que le daban los poetas, "que también hay poetas que se acomodan con gitanos y les venden sus obras". Tal vez el poeta Cervantes tuvo que recurrir, en alguna necesitada ocasión, a algo así. El dinero juega mucho en esta novela, en ocasiones asociado con la literatura. 


-Seguimos leyendo, Preciosa seducía con su belleza, sus cantares, sus bailes y sus sonajas. Como aquel día de Santa Ana, patrona y abogada de la villa de Madrid. Nos parece estar entre el público:


-Sucedió que una mañana que volvía Preciosa a Madrid, con las demás gitanillas y algunas labradoras, vieron a un mancebo gallardo y ricamente aderezado que así se declaró ante Preciosa y sus compañeras:


-Preciosa contestó entre otras muchas palabras:


 Me llama la atención la habilidad lingüística de Preciosa, su fuerza persuasiva y seductora. ¡Y qué razonamientos para una chiquilla de quince años! 

-El mancebo gallardo es un hombre noble (Juan de Cártamo) que se hace gitano (Andrés Caballero) para poner a prueba la sinceridad de su amor por la gitanilla Preciosa (Constanza). 

-Ya sólo falta que Preciosa sea hija de verdad de un padre noble y así pueda casarse con Juan de Cártamo, que la vieja gitana la haya robado de muy niña. Seguro que guarda una prenda o joya que revela su origen noble. El cuento es bien conocido. 

-Que se produzca la anagnórisis y todo arreglado. 

"Llegaron las nuevas a la Corte del caso y casamiento de la gitanilla..."


Pero hay mucho más "mar de fondo" en el cuento y de ninguna manera lo sustituyen nuestras palabras. El camino hasta la anagnórisis no es liso y llano. Constanza y Juan vencerán un camino de obstáculos. Triunfará el amor, se superarán los celos y no habrá venganza.

-Merece la pena leer La Gitanilla y comprobar como Cervantes da la vuelta a viejos cuentos, en una novela que es picaresca, sentimental, pastoril...de todo tiene. Y como le atraía la vida libre de los gitanos, él que apreciaba tanto la libertad. 



Hasta la semana que viene, María Ángeles. 

-Hasta la semana que viene, Austri. Nos iremos con Rinconete y Cortadillo. Después de un gitana que no es gitana, llegan unos pícaros que no lo son tanto. Luego nos pondremos con una española inglesa. Son personajes que experimentan metamorfosis. Las Novelas Ejemplares suponen una lección de relatividad para una sociedad absoluta donde no existía más que el blanco y el negro. 

Un abrazo de María Ángeles Merino.

Hasta la próxima entrada. Seguimos con las Novelas Ejemplares. 


jueves, 5 de enero de 2017

Don Quijote de Manhattan: sueño, resurrección y cárcel.

Don Quijote de Manhattan y las arpías de unos capíteles que iban a viajar a Manhattan.


Es 4 de enero. Después de ir a dar algunas instrucciones a los Reyes Magos, en las tiendas del centro de Burgos, me placía un paseo literario con mi amiga Austri. Como en otras ocasiones, esperaba encontrarla en un banco del burgalés Paseo de la Isla, frente al busto de don Miguel de Cervantes.

Pero, hoy, Austri no estaba junto a Cervantes sino un poco más allá, junto al arco románico, el que fue extraído de una iglesia de Cerezo de Río Tirón. Tenía en su mano la novela Don Quijote de Manhattan, la que estamos comentando. Miraba a las deterioradas arpías de los capiteles como si no las hubiera visto nunca.

-¡Hola amiga! ¿Qué miras? ¡No me digas que ahora te das cuenta de que esas esculturas están literalmente hechas polvo!

-No, no es eso. Es que esta noche he tenido un sueño que te vendría muy bien para la entrada sobre Don Quijote de Manhattan.

-¿Y qué tienen que ver las arpías con el libro de Marina Perezagua?

-Algo tienen que ver. ¿A dónde iban a trasladar estas piedras en 1928, recién arrancadas de su emplazamiento original?

-Las habían comprado para The Cloisters, una subsede del Museo Metropolitano del Arte. Espera, a ver dónde cae eso. ¡En la isla de Manhattan! Pero no veo yo la relación con Don Quijote de Manhattan, de Marina Perezagua. 

-La tiene, en mi sueño estaban las arpías, vete tú a saber por qué, y ese don Quijote de androide y su Sancho de ewok. Y la pastora Marcela sembraba semillas de torres en lugar de flores. 

-De acuerdo, cuéntame el sueño. Mira que mi amiga Luz me dijo que "quizás en los sueños, en el surrealismo esté la verdad de la vida, aunque eso si, bastante descolocada y alocada".

-Y tú contestaste que era una verdad muy encubierta y que las claves sólo las tenía el soñador. Así que no temo descubrir mis intimidades, allá voy. Escucha, me parece que el busto parlante de nuestro amigo Cervantes se recrea en sus palabras: 

"...me salteó un sueño profundísimo; y, cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo no, desperté dél y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso prado que puede criar la naturaleza ni imaginar la más discreta imaginación humana..."


-¡Es la hermosa ensoñación de don Quijote en la Cueva de Montesinos! 
"Ofrecióseme luego a la vista un real y suntuoso palacio o alcázar, cuyos muros y paredes parecían de transparente y claro cristal fabricados; del cual abriéndose dos grandes puertas, vi que por ellas salía y hacia mí se venía un venerable anciano..."


- Relataré mi sueño. Soñaba que me colaba en el sueño anestésico de don Quijote que ya es rizar el rizo. Era yo de la edad que tenía en 2001 y "hállabame en un lugar tan distinto de estas tierras, que no alcanzaría yo a ubicarlo así lo meditara mil años". Lo único reconocible era el vuelo de dos aviones que me causaban inquietud y no acertaba a saber el motivo. También reconocía a unas arpías que volaban y reían y me llamaban bloguera. Me preguntaba qué pintaban allí. 

Desde la atalaya de los sueños veía un ameno y deleitoso prado donde unos pastores suspiraban y se turnaban para cruzarse con una bella pastora a la que saludaban con el nombre de Marcela. 

-¿La que hizo morir de amores a Grisóstomo?

-No en mi sueño. Marcela llegó a los pies de un alcornoque, cavó un hoyo donde sembró unas semillas. Al momento, brotó de la tierra una torre preñada de personas de todas las razas. Miré al cielo y ahí estaban de nuevo los dos aviones que planeaban más bajo de lo que debieran. 

-¿Y don Quijote?

-Allí estaban don Quijote y Sancho, pero no los de la Mancha sino los de Manhattan, con sus atuendos de Star Wars. Marcela se fue un momento y el caballero aprovechó para escarbar otro pequeño hoyo. Se posó en sus manos un jilguero y tuvo la descabellada idea de sembrarlo como si fuera una semilla. ¡El pobre pájaro dejó de cantar!

Cuando volvió Marcela junto al alcornoque, brotó otra torre gemela de la anterior, asimismo repleta de gente. Pero uno de los aviones se lanzó contra ella y, algo más tarde, el segundo hizo otro tanto con la torre de Marcela. Comenzaron a llover tantos muertos que no podía contarlos. 



Un ángel arrojaba fuego, aquello era el Apocalipsis. Las arpías reían y los veinticuatro ancianos tañían sus instrumentos. ¡Eran como los del arco de la Isla! 



El fuego arrasó todo pero don Quijote aseguraba que Marcela no se había quemado. Se sentó junto al alcornoque que había quedado intacto, aunque rodeado de cenizas. De las cenizas brotaron dos palomas que volaron alto y luego descendieron como el Espíritu Santo de los dibujos del catecismo escolar. 

Era una sola paloma que, al llegar a cierta altura, trocose en otra enorme torre. Me acerqué y don Quijote de Manhattan me dijo que esa torre era Marcela, que deseaba acoger a las almas que habían sobrevivido. Iría a buscarla por esa ciudad de incontables torres porque esa Marcela había de ser el amor que confundiría su vigilia con sus sueños. 



-La torre que brotó de las cenizas de las dos sería la Torre de la Libertad.

-¿Libertad? Sí, Marcela fue aquella que manifestó: "Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos...".

¿Amor? ¿Olvidaron sus mercedes a aquella que ya en el primer capítulo...?

"Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso..."

Don Miguel lo tiene muy claro y nosotras también. Sigue Austri con tu sueño. ¿O se acabó ya?

-El sueño anestésico de don Quijote terminaba ahí y yo salía de su sueño pero seguía soñando. Era un caos porque los sueños nos conducen de un lugar a otro y de un tiempo a otro, sin orden alguno. Después de lo de la torre, me encontré junto a la cama del hospital donde el caballero androide se recuperaba de la paliza policial. Yo veía sin ser vista, la atalaya de los sueños que dice el libro. Pero el cerebro es una extraña batidora porque aquella habitación hospitalaria neoyorquina estaba...¡en el desaparecido Hospital Yagüe de Burgos! Habían empezado a derribarlo y nos envolvía una niebla polvorienta. 



El caballero intentaba incorporarse pero sus pocas carnes le pesaban más que el esqueleto. Se miró en un espejo y se vio tan mal que consideró que el tiempo de inconsciencia había sido la propia muerte y que el despertar no era, ni más ni menos, que su resurrección. Así se lo comunicó a Sancho cuando entró en la habitación:

"Has de saber que de aquí en adelante poco habrás de temer por mi salud, pues ya he superado la propia muerte."

-Lo que vino a continuación no lo recuerdo bien, sé que el caballero creía haber resucitado y Sancho le llevaba la contraria, con un escatológico argumento: los resucitados no tienen necesidad de hacer aguas menores ni mayores. ¿Muerto y aún en el mundo de los vivos? Eso no era muy católico. Don Quijote se enfadó con Sancho, a ver por qué no habrían de cagar los resucitados. 

Iba a seguir con la bronca cuando escucharon los lloros de una mujer en la habitación de al lado. Se vistió su dorada armadura y se encomendó al amor de Marcela, seguro que habría algún entuerto que desfacer. Sancho y yo le seguimos. 

Era una bella muchacha de hasta dieciocho años que lloraba ante el cuerpo de su abuela muerta. El de Manhattan se le ocurrió que podría resucitar a la anciana, "por el poder que acaso se otorgara por estar resucitado". La angustia de la joven era tanta que se dejaba calmar por cualquier aliento aunque fuera disparatado. Don Quijote le habló: "Tu abuela no está muerta. Sólo duerme". Ante mi atónita mirada, y la de Sancho, y la de la nieta, seguía diciendo: "Yo soy la resurrección y la vida..." 





La muchacha se quedó muda mientras don Quijote tenía las manos puestas sobre la abuela. Sancho recitó maquinalmente unas palabras que le vinieron "como ráfaga de un vago recuerdo", pensando que eran fruto de su fantasía:  "...poco hará al caso que él esté en el otro mundo; que de allí le sacaré a pesar del mismo mundo que lo contradiga...".

-"...o, por lo menos, os daré tal venganza de los que allá le hubieren enviado, que quedéis más que medianamente satisfechas."

Lo que le dice don Quijote  a Maritornes que teme por la vida del ventero. Mas mi don Quijote no manifestó nunca tener poder de resucitar a nadie. Eso que recitaba el Sancho sevillano es mío, está en el capítulo 1.44 de mi libro, donde se prosiguen  los inauditos sucesos de la venta. 

-El milagro de don Quijote y la ensoñación de Sancho quedaron bruscamente interrumpidas por la llegada de cuatro siniestros personajes. Dos de ellos, trajeados de negro, eran de los servicios funerarios y recitaban los diferentes tipos de ataúdes a mayor velocidad que un camarero sevillano canta sus tapas: croquetah, calamaritos, papah aliñah, etc. La otra pareja preparaba el cuerpo de la abuela que ya estaba agarrotada. Era difícil papeleta meterla en el ataúd.

La nieta estaba horrorizada y yo también. Quebrantaron los huesos de la abuela con un extraño artilugio cuya mecánica era parecida al del garrote vil. Don Quijote buscó en la Biblia el pasaje adecuado, cuando los soldados iban a quebrar las piernas de Jesús pero no lo hicieron porque estaba muerto. Y arremetía contra ellos llamándoles buitres, quebrantahuesos, bárbaros y romanos. Pero irrumpió en la habitación la pareja de policías que venían a recoger a don Quijote, una vez curado de sus heridas, para llevarlo al calabozo.  



Quise consolar a la muchacha pero me di cuenta de que no entendía el cristiano, es decir el español. ¿Cómo había podido entender hasta ahora? Los quebrantahuesos se marcharon con la máquina de quebrantar a otra parte y, al poco, oíamos el horrible chasquido de huesos rotos, otro cadáver agarrotado. Cras, cras, cras, era horrible. Me asomé a la ventana, habían derribado ya medio hospital. ¿Un hospital neoyorquino o el Yagüe? Oía el estruendo de las excavadoras mezclado con los graznidos de las arpías. Buuuum, bloguera, bloguera. 

¿Dónde estaría la celda de don Quijote? Salí a la locura de las calles neoyorquinas, tenía sed y hambre. Entré en un restaurante de comida rápida, un Starbucks. Pero era muy tarde y sólo quedaba un empleado que "al terminar la jornada tenía que verter en el fregadero litros y litros de leche que ni siquiera caducaba al día siguiente". Lo sentía, no podía servirme nada, ni siquiera un café. ¿Un donuts? No, nada. 



¿Un poco de esa catarata blanca? No, por Dios, su compañero estaba cautivo por haber dado de esa leche a los "homeless". Por si se le olvidaba, junto a la máquina de café había un cartelito que recordaba: "Llevar a casa o regalar comida a punto de caducar es lo mismo que robar". Me contó que su jefa era terrible, la señora Cara Coles. Caracoles, vaya nombrecito. 

-¿Desperdiciar comida? Nunca, voto a Dios. En mi libro, en mi época, la comida era un bien más bien escaso. Recuerden vuesas mercedes que "todas nuestras locuras proceden de tener los estómagos vacíos y los celebros llenos de aire. Esfuércese, esfuércese, que el descaecimiento en los infortunios apoca la salud y acarrea la muerte".




-Me desperté  y en la mesilla había un café con leche de Starbucks y un donuts de colorines. Hasta otro día, amiga. 

-Hasta pronto. Gracias por contarnos tu sueño. 

¿Tiene remedio el mundo? A pesar de los aviones asesinos, de los inhumanos quebrantahuesos y Cara Coles, de la salud como negocio, de la leche derramada y la comida desperdiciada ante los atónitos ojos de los hambrientos...


Un abrazo de María Ángeles Merino

Y de Austri

Con la colaboración del busto parlante de Cervantes

Texto de color naranja tomado directamente de:
Don Quijote de Manhattan (Testamento yankee). Marina Perezagua. 
Primera edición: septiembre de 2016.
Los libros del lince s.l., 2016.

ISBN 978-84-15070-72-6

¡Feliz Año Nuevo 2017 y felices Reyes!