jueves, 23 de marzo de 2017

Mi madre dialoga con "A sangre y fuego" (2)

La semana pasada comenzamos la lectura de A sangre y fuego de Chaves Nogales. Recordáis que mi madre se convirtió en improvisada cronista al comentar algunos párrafos del libro que yo le iba leyendo. Nos hablaba de guerra, muerte y miedo; pero dejaba resquicios por los que se colaba el cariño hacia a los suyos, el agradecimiento al soldado que la salvó, el aburrimiento, las ganas de dar un paseo, la sed, el hambre y, cómo no, el miedo.  Había lugar para unas alubias cociéndose clandestinamente en el infernillo o para la placidez del bebé, mi tía Aurora, que "se hinchaba a dormir" en brazos de mi abuela Luisa, a pesar del refugio. La guerra descansa un poco. 

Sin embargo, en los once relatos de A sangre y fuego apenas hay respiro. Tal vez porque Chaves Nogales cree que eso no interesa a los lectores de los periódicos extranjeros que son sus clientes. Sólo el gesto de abatimiento de Malraux , el coronel escritor, y la forzada sonrisa que dedica a sus camaradas de la pluma aparta, durante breves líneas, nuestra atención de las cadenas que matan. 



Tras los bombardeos en Madrid: la caza a caballo de "la canalla roja", los disparos a quemarropa tras las lucecitas misteriosas, las columnas férreas descontroladas y asesinas, los tesoros artísticos que hay que esconder de la rapiña enemiga, la resistencia épica y sangrante del guerrero moro, la batalla en la sierra madrileña con tres camareritas del hotel que toman las armas, el herrero gigante, casi barojiano, que machaca con su martillo la bigornia del Cuartel de la Montaña y avanza con su tanque abrasador y, por último, el consejo obrero que concede la vida o la muerte. Los dos últimos relatos nos llevan a Bilbao, al refugio trampa mortal e infanticida y al hospital de sangre con monjita y moribundos anticlericales. Nueve relatos más dos, a cual más duro. 



Después de lo de Malraux, sólo hacemos un alto en el camino, en el relato Bigornia, para que la mujer del delantal blanco abrace a su hijo y, unas páginas más adelante, para que el herrero proteja a la chiquilla del " bracito en alto y la mano extendida" que grita aterrorizada: "¡No me mate! ¡No me mate! ¡Yo soy buena!"En el último relato, encontramos otro punto de sosiego, oímos el leve ruido de una pluma y una toca almidonada. Es una monja que escribe una carta en el silencio de la madrugada, tras una jornada terrible en un hospital de sangre. Al final, el misterio del destinatario nos da qué pensar. 

Luego hablamos de monjas. Ahora leo a mi madre:

"...Bigornia tapó los deditos tiernos de la criatura con su manaza velluda y sonriendo tristemente le dijo:
-¡Así, guapa, así!
Y le mostraba el puño cerrado...
-...¿Y tus padres dónde están?
La chiquilla vacilaba antes de contestar.
-¿Tú eres fascista?-preguntó al fin.
-No guapa, no. ¿Dónde están tus padres? ¿Estás sola?
-Papá se fue a la guerra.
-¿Cómo hacía papá? ¿Así? ¿O así? -le preguntó Bigornia abriendo y cerrando el puño. 
-¡Así!-respondió la chica apretando sus cinco deditos..."

-¿Qué te parece mamá? 


-Me parece muy bonito, la niña qué sabía, hizo lo que había visto a su papá o su mamá. El niño no tiene doblez. Yo nunca hice ni lo uno ni lo otro. Después de la guerra, en el cine, al final de la película, tocaban el Cara al Sol y levantaban el brazo. Yo mientras me ponía los botones del abrigo y no miraba a nadie. ¿De qué ideas era ese escritor? ¿Era socialista?



-No, mamá. El escritor se define a sí mismo como "liberal""ciudadano de una república democrática y parlamentaria". ¿Qué era la República para ti?



Mi madre la asocia, inevitablemente, con un tiempo en que ardían las iglesias. Que no mamá, que la República no era eso, pero ella lo recuerda así:

-No sé como explicarte, oí a mi madre: ¡Antonio! ¡Antonio! Yo estaba con las fiebres de Malta, no iba al colegio. Era en Algeciras, cuando nació mi hermana Carmela. Me empiné desde una ventana y vi arder una iglesia que estaba muy lejos. Mi padre dijo algo así como "Dios mío, lo que hemos hecho de  España".

-Busco en la Wikipedia y encuentro este dato: "En Algeciras se quemaron todas los templos de la ciudad: Iglesia de Nuestra Señora de la Palma, Capilla de Nuestra Señora de Europa, Capilla del Cristo de la Alameda."

-Luego fuimos a Antequera, las cosas ya estaban revueltas, decían que los estudiantes falangistas rompían las bombillas por la noche.

Un día estaba en un barrio por donde no solía ir, se me salió el escapulario y me tiraron una piedra. Cayó a mí lado, se veía a lengua que no querían hacerme daño, sólo asustarme.



Veinte días antes de comenzar la guerra, salimos de Antequera. Un día o dos antes de que nos fuéramos, nos visitó mi tío, Francisco Moya Escribano, que era militar y que, muy poco después, sería fusilado por los nacionales, en Málaga. Recuerdo sus palabras: "Antonio, si te vas a marchar, vete mañana mejor que pasado, porque se va a armar una muy gorda, no me preguntes más".



A poco de empezar la guerra, ya en Alcalá de Henares, también vi cómo ardía otra iglesia y decían que habían toreado al cura que tenía ochenta años.

-¿Torear? ¿Qué le hicieron?

-Lo mataron como si fuera un toro, se corrió por todo Alcalá. Eso decían. ¿Qué había hecho de malo ese hombre? Yo creo que se murió del susto primero, si tenía ochenta años. Estaba recogiendo las formas del sagrario, se lo llevaron. Unos salvajes.

-Escucha esto, mamá, del relato ¡Viva la muerte!:

"El cura del pueblo estuvo hasta el último momento haciendo fuego con su carabina desde una tronera del campanario. Cuando, ya de día, los milicianos consiguieron subir a la torre se apoderaron de él, le voltearon y le lanzaron al espacio. Su sotana negra revoloteó un instante en el cielo blanquecino del atardecer como un pajarraco disparatado."

-Me parece un espanto, es una barbaridad. Eso del cura toreado fue al comienzo de la guerra, cuando acabábamos de llegar a Alcalá de Henares. Todavía no vivíamos en la Universidad, estábamos en una casa alquilada. Estaba enfrente de la Casa del Pueblo y, al principio, los de allí venían a vernos y nos preguntaban quiénes éramos. 



Mi padre, camarada por aquí camarada por allá, les contó que había venido destinado al Instituto, en el edificio de la Universidad, pero nos visitaban casi todos los días, a la hora de comer. No nos importaba, no teníamos nada que esconder, eran dos. Echaron una mirada a la carbonera y la abrieron. Pensarían que podíamos tener escondido a alguien. 

Yo creo que fueron ellos mismos los que nos indicaron donde había un refugio, en una casa cuyos dueños se habían ido al extranjero. En el refugio,vimos un baúl grande de esos antiguos, lo abrieron unos soldados y dentro había custodias, cálices, cosas de iglesia, de oro. Mi madre estaba horrorizada.

-Esto que me cuentas me recuerda al relato El tesoro de Briesca:

"Bajo la dirección del hombrín aquel y utilizando las confidencias de los aterrorizados vecinos, los milicianos registraban las casas de los ricos y, una tras otra, iban saliendo a luz las presas ocultas, las casullas y estelas bordadas del XV, los ricos paños de altar, la maravillosa orfebrería de cálices, copones y custodias, las tallas románicas, los crucifijos de oro y plata, los soberbios exvotos de capitanes, justicias y virreyes de las Indias, y los lienzos famosos de los maestros de la pintura castellana. Hasta los dos Grecos que había en Briesca cayeron en manos de los milicianos."

-Como en el baúl que yo vi, lo que no había eran pinturas ni esculturas. Era casi todo oro, mucho oro. 

-¿Qué más recuerdas de esos primeros días de la guerra?

-Que pasaban unos aviones que volaban muy bajo, rozaban los tejados, nunca habíamos visto eso. También chocaba ver a las milicianas porque era algo desconocido, mujeres con mosquetones y vestidas de soldado. Yo las miraba desde las rendijas de la persiana, mi padre no me dejaba asomarme.

-Como Rosario, Carmen y Adela, las camareras milicianas de ¡Viva la muerte!



Comenzaba un tiempo de "no saber nada". ¿Verdad, mamá?

-Sí, mi padre nos decía: si os preguntan algo no sabéis nada nunca. Bueno y a mí que me van a preguntar. Que no habláramos nada, que no sabíamos nada. Se lo decía más que nada a mis hermanos.

Seguiremos dialogando con A sangre y fuego. Mi madre quiere hablarme de como mi abuelo daba clases a cambio de alimentos, de las colas del racionamiento y mi tío Diego que se colaba, del palomar donde su hermano mayor Antonio criaba palomas, de la cocinera de los soldados que tenía pinta de monja por más que intentara ocultarlo, del oro que se iba a mandar a Francia o a Rusia, de la estatua de Cisneros, de los huesos del Divino Vallés y de las amenazas del Campesino, qué miedo pasó. Estoy segura de que surgirán más recuerdos, avivados por los relatos de Chaves Nogales. Mi madre es un baúl de ellos.

Un abrazo de María Ángeles Moya y María Ángeles Merino

miércoles, 22 de marzo de 2017

El sombrero de tres picos de Manuel de Falla: afortunada conjunción de genios y culturas.

Pedro Ojeda y María López. Foto cortesía de mi amiga Yolanda.

¡Hola amigos que visitáis mi blog!

Aquí los tenéis, tan divertidos, a Pedro Ojeda y María López, presentándonos el ballet El sombrero de tres picos de Manuel de Falla. Una obra resultado de una afortunada conjunción de genios y culturas, en la que el ballet ruso se funde con la tradición literaria y musical española.

Recordáis que el curso pasado, la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos y el Club de lectura de La Acequia inauguraron el Seminario de Literatura y Danza con el ballet Don Quijote como parte de las conmemoraciones del cuarto centenario del fallecimiento de Cervantes. 



Falla, Massine, Pedro Antonio de Alarcón, Gregorio Martínez Sierra, Diáguilev, Picasso, cuántos nombres. Vayamos por partes. Las palabras de Pedro Ojeda y María López nos revelan con precisión, claridad y amenidad las dos caras de la obra: la del ballet propiamente dicho y la del texto escrito. Pedro vive la literatura, María vive el ballet, nos contagian su entusiasmo. No tomé notas esta vez, pero creo recordar lo principal: 


Falla
El sombrero de tres picos es un ballet del compositor español Manuel de Falla, con coreografía de Léonide Massine, basada en la novela del mismo título, obra del escritor Pedro Antonio de Alarcón. Fue producida por el gran empresario ruso Serguéi Pávlovich Diáguilev, fundador de los Ballets Rusos, una compañía de la que surgirían muchos bailarines y coreógrafos famosos. 



Se estrenó el 22 de julio de 1919, en el Alhambra Theatre de Londres, con decorados y figurines de Pablo Picasso. Los intérpretes principales fueron el propio Léonide Massine  y Tamara Karsavina en el papel de la pizpireta molinera.

El sombrero de tres picos rompía con la tradición de los ballets rusos que llenaba el género de princesas, apariciones y cisnes. Fue un éxito rotundo, elogiándose la acertada síntesis de música, danza, drama y decorado.



Una primera versión de la obra, llamada El corregidor y la molinera, con libreto de Gregorio Martínez Sierra, en realidad obra de su esposa María de la O Lejárraga, había sido representada en 1917, en el Teatro Eslava de Madrid, en forma de pantomima en dos partes. Más tarde, Diáguilev conoció a Falla y lo convenció de la necesidad de retocar la obra para eliminar elementos descriptivos e irónicos y ampliar las partes bailables.



Picasso diseñó el telón, los escenarios y un vestuario espectacular que nos recuerda mucho a Goya. ¡Por si le faltaba algo a la acertada síntesis!



El argumento, basado en un romance popular, gira en torno a la burla que se hace a un viejo y ridículo corregidor que persigue a una joven y guapa molinera. El molinero ama a su esposa y es correspondido.


 El triángulo amoroso insinuado en el título no va a existir. Ella simula aceptar el cortejo de tal manera que se ve comprometida pero utiliza su ingenio para burlar al anciano galanteador y convertirlo en la mofa de los vecinos. El molinero y la molinera afirman su amor. Triunfa la alegría. 



Alguien puede ver una sátira política puesto que el corregidor es la figura designada por el rey que hace de gobernador. Sin embargo, nos da la impresión de que el argumento es una excusa para incluir lo popular español en los ballets rusos. El molinero baila la farruca, la molinera un fandango, los vecinos una seguidilla y es muy conocida la jota del final.  Todo el baile tiene un aire alegre y desenfadado, de broma, un poco irónico tal vez. ¡Arriba el pelele!



El sombrero de tres picos rompe la tradición del molinero ladrón y la molinera casquivana. El molinero que cobra por su trabajo y se queda con algo más. La molinera que coquetea con los que llevan el trigo al molino. Mientras Pedro lo explicaba, me venían a la cabeza algunas cancioncillas castellanas: "No le quiero molinero y porque le llaman el maquilandero...", "Vengo de moler morena de los molinos de arriba. Duermo con la molinera olé, ole´,olé. No me cobra su trabajo...".

A los que no sabemos nada nada de danza nos parece magia convertir los típicos pasos del folklore español en ballet. Terminadas la proyección y los comentarios, mi cabeza sigue con la musiquilla de "San Serenín de la buena buena vida...", una canción popular infantil que Falla incluyó en esta obra. A El sombrero de tres picos le queda todavía muy buena vida, mucho tiempo. Y siempre tendremos a mano la novela, os la recomiendo.

Un abrazo para todos de María Ángeles Merino.

¡Un abrazo muy especial a María López! 


martes, 14 de marzo de 2017

Pequeña crónica de nuestra reunión en torno a Patria: una polifonía de voces.



Pequeña crónica de nuestra reunión en torno a la novela Patria de Fernando Aramburu. Para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.

El pasado viernes, 10 de marzo de 2017, a las cinco y media de la tarde, los del Club de Lectura presencial nos encontrábamos en la Sala de Reuniones 119 de la Facultad de Humanidades y Comunicación, de la Universidad de Burgos. Teníamos por delante el comentario de la novela Patria de Fernando Aramburu. Tras algunas novedades en relación con nuestras próximas lecturas, escuchamos a Pedro Ojeda y a los lectores:

Una lectora que no ha podido asistir ha dejado su opinión: esta novela es la que más le ha gustado.

-Empezamos:

Patria es la novela de mayor éxito en la literatura española. Es muy vendida.

-¿Por qué edición va?

-No os fieis de la edición. Tiene un éxito.



A ver opiniones. Os recuerdo que Aramburu está muy contento con nuestro Club de Lectura.

-Me identifico con la obra: es lo que viví, los lugares ficticios que me parece conocer, el ambiente de un pueblo guipuzcoano en los ochenta, las consignas en euskera en las paredes, el cuartel, el silencio, las palabras que no se pronuncian, de dónde eres, no eres de aquí, qué maravilla el euskera, joya lingüística, milagro de supervivencia, pero la madre que parió al euskera...tuve que irme, pensé que iba a acabar de maestra sustituta muda, a pesar de haber ganado la oposición. Me pregunto cómo ven Patria en Euskadi.

-Mal, lo ven muy mal.

-Es muy objetivo. Refleja muy bien lo que ha pasado. Sin embargo, no analiza el papel del PNV, no se ha querido implicar.

-El PNV no es un partido como los demás, es algo que acompaña desde el nacimiento a la muerte: bautizo en el batzoki y aurresku delante del ataúd.


Arzalluz durante un acto de EGI (organización juvenil del PNV).

-Está muy bien escrito.

-El resumen es que se puede escribir pero la sociedad vasca no cambia. El autor no nos tiene que convencer a nosotros, a los vascos sí.

-Todavía no se atreven a hablar. 

-Silencio. ¿Miedo?

-Nueve mil libros y no tiene solución.

-La política vasca ha tomado ahora otra postura más inteligente que la de los catalanes. Autodeterminación por otro camino.

-Fuimos a un funeral en San Sebastián, precioso, con Orfeón Donostiarra, pero no entendimos nada, todo en euskera.

-Después de leer el libro, yo destacaría "a los que el libro les ha entusiasmado y son capaces de decirlo".

-Gente que ha trabajado en el País Vasco, gente que no se ha callado en la vida.

-¿Qué pintas aquí?

-Ha habido gente con un par.

-Miedo.

-Destinada como funcionaria en la Policia de Bilbao, me dejaron de hablar unas primas que vivían allí.

-Bilbao, Vitoria, San Sebastián, son ciudades muy distintas. Lo han leído.

-Retrata el carácter y el problema del País Vasco.


Los libreros dejan también su comentario en Patria.

-Es durísimo, tristísimo. El chico en la cárcel, la muerte en atentado de un amigo...

-Sacralización del paisaje. El que desentona con el paisaje. El Txato es vasco, da trabajo, da dinero para las fiestas, cómo le van a matar a él.

-Los cerebros de ETA no son cualquiera, gente de ETA de corbata y maletín, apoyados por industriales con dinero.

-Los industriales apoyan porque tienen miedo. Prefirieron pagar. Recuerdo el secuestro del nieto de Patricio Echeverría, pagaron ciento cincuenta millones de pesetas y lo liberaron en una semana, el Gobierno no lo impidió.

-Nadie como ellos conoce el monte, era su escondite.

-El campo daba miedo. Yo no paseaba por el campo cuando viví allí, sólo llegaba hasta las huertas...como la de Joxian.

-En el 52 estuve en una casa cerca de Mondragón donde se alternaba euskera y castellano. Toda la familia se juntaba para oír la radio...¿La Pirenaica?

-¿El primer atentado? Creo que fue en el 67, Melitón Manzanas.






-Te nombraban el Juicio de Burgos como si tú tuvieras algo que ver por ser de Burgos.


-Contaba que la novela tiene un éxito porque toca cosas que todos hemos vivido y lo toca de una forma que no se había hecho hasta ahora. Dicen que le falta esto, le falta lo otro, Aramburu ha renunciado a la novela política, la que está por escribir. La visión del terrorista está ya contada, el nacionalismo retrató al gudari de una manera romántica.
Si recordamos los asesinatos, todos recordamos dónde estábamos cuando ocurrieron.

-Yoyes, Miguel Ángel Blanco...

-Para hacer reflexionar a la gente del País Vasco.


-El Estado no supo zanjar el problema.

-Patria busca un abrazo final, una especie de catarsis de emociones, de sentimientos. Sólo dos personajes son negativos: el cura y el de la herriko taberna. La madre dignifica a su hijo terrorista en un contexto en el que le dicen que es un héroe. 

-El papel de la mujer vasca, el matriarcado. En vez de Patria se podía llamar Matria.

-Patria no es objetiva, tiene una visión y un final en el que es posible la reconciliación, un abrazo de Vergara. 


-Ante una bandera española, por mínima que sea, te ponen a parir. El año pasado, en los toros, en Vitoria...

-¿Llevar en la mano el ABC? Es como llevar una bandera española.


-Lo mismo pasaba con El País. 


-No hay lucha armada, se han vendido muchos libros; pero el cáncer es muy fuerte, sigue habiendo silencio.


-La Iglesia ha pasado a otro plano, no tiene ese protagonismo. Los seminarios fueron caldo de cultivo. 


-Difícil de erradicar.


-Singularidad de la Iglesia Vasca. En Euzkadi los curas, en la guerra civil, estuvieron en el bando republicano.


-Según algunos historiadores, es la continuación de la guerra carlista.


-¿Hubiera existido el nacionalismo vasco sin Sabino Arana?


-Se atribuye el nacimiento del nacionalismo vasco a Arana; pero Arana no inventó nada sino que dio forma, un contexto ideológico, a lo que se estaba gestando. En  el siglo XIX, se construye también el nacionalismo español, había que fomentar que la gente se apuntara a una guerra. Dentro de un fenómeno global, se produce una mitificación: el euskera, la raza, un caldo de cultivo en el que se fomenta que tú eres diferente. El famoso RH negativo de los vascos: los niños se les morían cuando una vasca se casaba con uno de fuera, se pensaba en una maldición bíblica porque se desconocían los grupos sanguíneos.



La novela tiene un andamiaje que no es original. Lo especial es el ámbito íntimo: la familia que quiere ir a la reconciliación. Se construye desde la gente normal, tiene la inteligencia de abrir el panorama: problemas con los hijos, enfermedades, accidentes, divorcios, se inunda la huerta...Que no sea sólo el terrorismo. Relata el ambiente opresivo, acoso laboral y social que empuja en una sola dirección.

-¿Cómo está escrito este libro? Hay gente que le ha parecido muy flojo.

El andamiaje es el flash back, los recuerdos, algo que está hecho desde Cervantes. Recuerdos vistos desde el perspectivismo, desde un abanico de perspectivas para una reconciliación final. Los lectores nos sentimos más próximos a unos personajes que otros, pero si nos limitamos a una perspectiva no podemos llegar a esa reconciliación final, no podemos comprender lo que ha pasado. 

La sociedad sólo puede salir adelante si acepta esas polifonías de voces, no se puede construir la sociedad desde una sola perspectiva. Aramburu ha cogido una estructura de voces, incluida la más lejana a la nuestra. Es como se puede seguir adelante. El problema es el reduccionismo. Es una lección para España donde no aceptamos al otro, estamos todo el día encabronados. En Patria vemos evolucionar a los personajes y la evolución más marcada es la del etarra. 


-Y eso arrastra a todos.




-Aramburu estaría muy contento si nos aplicáramos en que la sociedad es una polifonía de voces. 


Aplíquémonos en que la sociedad es una polifonía de voces y pasemos a A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales, once relatos en torno a  la Guerra Civil, en una sociedad que no admitió la polifonía de voces y luchó a sangre y fuego porque sólo quedara una voz. Mi madre que vivió aquel tiempo ya dialogó un poco con ese autor.



Una vez acabada la reunión lectora, a las 19 horas, nos esperaba la proyección del ballet "El sombrero de tres picos", comentado por Pedro Ojeda y María López, profesora de Ballet Clásico del Conservatorio Superior de Danza "María Ávila". Prometo dedicarle una entrada en este blog, bien lo merece. Una tarde completa: Fernando Aramburu, Pedro Antonio de Alorcón, Manuel de Falla y hasta Picasso.

Un abrazo de María Ángeles Merino 



jueves, 9 de marzo de 2017

Mi madre dialoga con "A sangre y fuego" (1)

María Ángeles Moya y A sangre y fuego


Comienzo una nueva aventura lectora. Este mes de marzo vamos a leer y comentar A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales. Son nueve relatos, dicen que lo mejor que se ha escrito sobre la Guerra Civil Española. ¿De qué bando? Él se define como un "pequeñoburgués liberal", "ciudadano de una república democrática y parlamentaria", "antifascista y antirrevolucionario por temperamento", un hombre "perfectamente fusilable" "por los unos y por los otros". Se permitió "el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos", le pesaba igual la sangre derramada por rojos o por azules. El precio fue "la Patria" y "para librarse de la congoja de la expatriación" y ganarse la vida se puso a contar lo que vio. Mantenerse "distante, ajeno, imparcial" fue su lucha, qué difícil con personajes tan reales, tan vivos.

Realidad velada, pero realidad, nos advierte la nota. Y, de pronto, caigo en la cuenta de que tengo a mi lado a alguien que vivió la realidad de la Guerra Civil. ¡Mi madre! Tiene noventa y tres años y tenía doce, trece, catorce, quince años. La vivió muy cerca de Madrid, en Alcalá de Henares, donde su padre había sido destinado. Mi abuelo Antonio Moya, funcionario del Ministerio de Educación, ocupaba un cargo de responsabilidad en el artístico edificio de la Universidad de Alcalá de Henares, el Colegio Mayor de San Ildefonso, donde se entregan ahora los premios Cervantes. ¡Y toda la familia vivió allí durante la guerra! Como era ya una mujer, no le dejaban salir, pasó los tres años encerrada en aquel enorme recinto, cuidando a su hermanos y paseando entre patios renacentistas. 

Un poco al estilo de lo que hice conmigo misma en la lectura de Patria, me puse a leerle el comienzo del relato Massacre. Le pedí que me fuera dando su opinión, que me contara sus recuerdos al respecto. Pensé que no iba a prestar atención, suele rechazar los temas de la Guerra Civil. Para mi sorpresa, mantuvo un diálogo con A sangre y fuego, aquí lo tenéis: 

-"Al sol de la mañana la bomba de aviación que cae es una pompita de jabón que en un instante raya el cielo azul de arriba abajo."

-No es una pompita, es un volcán. Expande todos los trozos, la metralla. 

-"Vibra al sentirse herido el gran diapasón del espacio..."

-Vibra. Sí, claro, parecido a un terremoto, mucho, tiembla todo. Cuando cayeron en la plaza, al lado de la Universidad, se abrieron las ventanas y vi caer fuego del cielo. Porque la bomba cae al suelo y salta para arriba todo, todo. ¡Hicieron un hoyo que cabía un camión!

Desde esa ventana, que se abrió sola, vio caer fuego del cielo.

-"y luego si se está cerca, se sufre en las entrañas un tirón de descuaje como si le rebanasen a uno por dentro y le quisiesen volcar fuera"

-No, yo no he estado tan cerca, gracias a Dios, a mí en la calle no me dejaban. Pero sí, hay desgarramiento por dentro.

-"El estómago, que se sube a la boca, y el tímpano, demasiado sensible para tan gran ruido, son los que más agudamente protestan."

-El estómago, eso está bien. Te sentías fatal. Mi madre dijo que un día, dormida, me elevé como medio metro al estruendo de las bombas, caí al colchón y me lo contaron. Yo estaba completamente como un tronco y era raro porque con las bombas no me dormía. Teníamos bombardeos a todas horas, lo mismo venían a la hora de comer que a la madrugada, cuando les daba la gana, claro. Es muy dura la guerra, todo lo que se diga es poco, yo creo que es la cosa más dura. Y luego la carencia de las cosas.

Los oídos, el tímpano que te atonta, por eso es conveniente taparte la cabeza y los oídos y tumbarte en el suelo. Y evitas la metralla.

-"Mientras el pajarito niquelado que ha puesto en medio del cielo su huevecillo brillante y fugaz como una centella, remonta el vuelo y pronto no es más que un punto perdido en la distancia."

-Un pajaro grande, gigante. Los aviones no son pajaritos. Con respeto al escritor, me parece ridículo. 

El trimotor: bum, bum, bum, despacio, como si fuera cargado. 

Pero primero vienen los cazas que los protegen. Al trimotor se le ve menos que a los cazas. 

Los huevecillos, claro, son las bombas, se ponen de lado y descargan. Después sale corriendo, tiene miedo a que lo ametrallen. 

-"¿Dónde ha caído la bomba? Nadie lo sabe, pero todos suponen que ha sido muy cerca, allí mismo, dos casas más allá a lo sumo."

https://tellagorri.blogspot.com.es/2011/08/agosto-madrid-bombas.html

-No me dejaban salir pero un día me escapé, con un botijo, a buscar agua a una fuente que estaba cerca de la Universidad, próxima a la puerta del Paraninfo, la que no se abría nunca, se habría estropeado, era tan bonito. Llevábamos unos días sin agua porque las bombas habían reventado unas cañerías. Mi hermano mayor, Antonio, había ido muchas veces y no tuve miedo, además iban conmigo otras chicas. Mi hermano Diego, más pequeño, se vino detrás de mí. Era muy trasto.

Sonaron las sirenas, sentimos a los cazas, había trincheras de soldados y un soldado: "ven aquí niña", "yo me quiero ir a casa", "ya no tienes tiempo". Cogió a Diego y lo echó de cabeza a la trinchera. Después me cogió a mí y se echó encima de nosotros. El soldado no nos dejaba mirar. Se oían metralletas y Diego lloraba mucho. Se le descompuso el vientre de miedo que estaba pasando.

Cuando salimos, había tres o cuatro soldados espachurrados en el suelo, tumbados, muertos o heridos, yo qué sé, yo venga a correr. Muchas veces he pensado que aquel soldado nos salvó la vida, a mi hermano y a mí. Por lo menos, nos salvó de la metralla. La metralla mataba a distancia, tenía mucha fuerza y se disparaba. 

Metralla y espoletas de la Guerra Civil

Cuando llegué a casa,  mi padre, que no me pegaba nunca, me dio una bofetada, menuda chuleta me arreó. Mi madre estaba casi con un ataque porque las chicas, que no se esperaron y salieron corriendo, dijeron que habían caído bombas al lado de la fuente. Me hubiera gustado conocer al soldado, lo he pensado muchas veces. Diego no lo olvidó y alguna vez hablamos de ello, muchos años después. 

"Resulta que siempre es un poco más lejos de lo que se suponía. La gente acude presurosa al lugar de la explosión. Los milicianos han cortado la calle con sus fusiles, y los curiosos han de contentarse con ver desde lejos los vidrios hechos añicos de balcones y ventanas y los cierres metálicos de las tiendas arrancados de cuajo."

-Así es, todo se rompe por los estampidos de las bombas. 

-"Se espera el paso de las ambulancias..."

-Yo no las veía.

-"Una lotería en la que resultan premiados los miles y miles de jugadores a los que no les ha tocado la metralla...¡No nos ha tocado!, parece que dicen con alborozo. Y se ponen a vivir ansiosamente sabiendo que al otro día habrá un nuevo sorteo en el que tendrán que tomar parte de modo inexorable."

-A quién le toca, está bien dicho. Era una lotería. Mi padre iba a Madrid todos los meses para cobrar las nóminas, la suya, la del director, la de los porteros. Contaba que los obuses atravesaban Madrid, Madrid era un caos, era raro que no te pasara uno o dos, por arriba o por abajo. Eso había que haberlo visto como lo vio él. 


-"...los madrileños...han tenido que ir aprendiendo a protegerse. Los sótanos, en los que a veces hay que permanecer durante toda la madrugada, se han ido haciendo habitables ya ya hay en ellos colchones, mantas, cabos de vela y estufas..."

-En el momento en que tocaba la sirena, nos metíamos en el refugio. Era como una caja con unas vigas cruzadas para que, con el estruendo de las bombas, no se cayera. Mi padre se preocupó de que los soldados lo prepararan y habló con ingenieros y arquitectos que podían dar ideas. Todo el mundo decía que el refugio de la Universidad estaba muy bien. Si era de noche se llevaba una manta, si era de día algo de comer. Era pequeñito y no había sitio para colchones ni estufas. Si era de día, se metía gente de la calle. Si era de noche, sólo las seis o siete familias que vivían en la universidad. 

-"...y durante la madrugada, para las madres, es un tormento insufrible el tener que arrancar a sus hijitos de la cuna en que duermen y llevarlos, aprisa y corriendo, medio desnudos, a los sótanos, donde las criaturitas se pasan las horas llorando porque tienen frío y están asustadas."

-Éramos seis hermanos. Al principio, los pequeños se impacientaban. Carmela chillaba y Diego quería salir. Pepe solía portarse bien. Antonio, el mayor, cuidaba de todos. Yo me aburría de estar en el refugio y me marchaba sin que se dieran cuenta. Mi hermana Aurora era un bebé y se hinchaba a dormir en brazos de mi madre. No recuerdo que hubiera llorado mucho. Después de un tiempo, todos nos acostumbramos, qué remedio. 

Una vez tocó la sirena a la hora de comer, me escapé del refugio, salí corriendo y puse unas alubias a cocer en el infernillo, en la habitación que nos servía de cocina. A las dos horas volví y las apagué, ya estaban hechas. Mi madre pensó que aquel día no teníamos comida, se llevó una sorpresa y no me riñó. 

Lo dejamos aquí. Nunca la había visto con tantas ganas de hablar de la Guerra Civil. Me llevé una sorpresa. También pude comprobar que sabe expresarse bien, a pesar de sus noventa y tres años. Esta vez no me dijo  lo que acostumbra: a mí me va a contar un libro lo que he vivido...

¡Y todavía no me ha hablado del famoso jefe militar comunista El Campesino, Valentín González! Violento, impredecible y prepotente, era un personaje que de vez en cuando aparecía por el Colegio San Ildefonso de Alcalá de Henares . Le daba mucho miedo porque, entre mi abuelo y el famoso "comandante" hubo sus tiras y aflojas. Mi madre temía por su padre, que acabara en la cárcel o algo peor. Oía las conversaciones de sus padres y sacaba terribles consecuencias. Alguna vez le pareció oír: "Luisa, se ha parado un coche, vienen a por mí". 



Seguiremos con A sangre y fuego. Hoy no he necesitado la ayuda de Austri. Un abrazo de:

María Ángeles Merino 
Y de María Ángeles Moya.

jueves, 2 de marzo de 2017

Patria: "Te estás equivocando y eso no me gusta"


Comentario en torno a la novela Patria, de Fernando Aramburu, para la lectura colectiva de La Acequia, dirigida por Pedro Ojeda.


Llueve y aquí estoy de nuevo con el libro de la lluvia en el cristal que desdibuja una silueta negra con paraguas rojo. Es martes de Carnaval, el de la ventana gotea también. Mejor quedarse en casa releyendo y comentando Patria, no mires más las ramas de los tilos que las tijeras municipales cortaron sin piedad. Llegará la primavera y arreglará el desaguisado. Mientras tanto, el geranio abre también su paraguas. 

-Y tú abre el libro por donde quieras. A la vista de las anteriores entradas, no te conformarás con releer y comentar un poco de la novela sino que añadirás algún recuerdo personal. 

-¡Austri! No sabía que estabas ahí. Sí, es el poder de Patria. ¿Me das alguna idea?

-¿Por qué no le escribes a Gorka? Sé que te gusta el personaje. 

-¡Buena idea! Pero nos turnamos y lo hacemos entre las dos. Yo empezaría:

Kaixo Gorka!

Te felicito por amar tu tierra y tu cultura, sin dejarte arrastrar. No lo tienes  fácil. 
Ganas un premio de poesía en euskera, convocado por la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa y ello, en lugar de acercarte a los tuyos, va a hacer más evidente tu alejamiento. Diez mil pesetas por tu poema "Mendiko ahotsa" y una entrevista con foto para "El Diario Vasco". Los demás periódicos dan también la noticia. Quién más se alegra de tu triunfo, modesto pero triunfo, fue Joxian, tu aita. Los amigos bromean, de como siendo tú un tarugo salga aquella eminencia de chaval. ¿Los genes? Serán los de tu mujer.¿De esa? ¡Bah! El porrón lo paga de su bolsillo. 


-Joxian vive la apoteosis cuando el patrón en persona le da la enhorabuena junto al mismo horno de fundición y él se ha de quitar el guante renegrido para estrechar aquella mano blanca y poderosa, con reloj de marca. 

-Tu ama, apenas deja entrever la satisfacción, inflada como una esponja llena de líquido. Llegas a casa y ella te transmite las enhorabuenas de tal y de cual. ¿Al escritor? Más bien al de las diez mil pesetas y la foto en el periódico. Miren siente en todo su cuerpo "una callada contracción de gusto", un placer que tiene no poco de resarcimiento. Piensa que ya es hora de que también os envidien. 

-Arantxa, tu hermana, te aconseja, por teléfono, que tengas cuidado. Por supuesto que se alegra, mucho, aúpa campeón, siempre ha creído en ti. Pero te dice que no te expongas demasiado, que lo mejor es que escribas tus cosas y no dejes que nadie se aproveche de tu talento. Te hace ver que nadie se ha interesado por el poema, que ninguno lo ha leído. A nadie le importa la voz de la montaña.

-Ahora comienzas a entender y recuerdas su advertencia mientras vas a la iglesia porque tu madre te dijo que don Serapio quería darte la enhorabuena. Vas encogido y tímido. Nunca antes habías estado a solas con el cura, te rascas la nariz para huir de su pestilente halitosis y escuchas su discurso sibilino, en euskera pulcro y añejo de seminario. 

-El pueblo vasco, aventurero, valiente y piadoso."Hemos" trabajado madera, piedra y hierro, "hemos" andado por todos los mares pero "hemos" prestado poca atención a las letras. ¡La voz del pueblo vasco es don Serapio! Dios te ha concedido talento y vocación y te pide, en su nombre, que "pongas tus capacidades al servicio de nuestro pueblo". Los jóvenes sois la salvaguardia de nuestra lengua y el euskera necesita apoyarse en una literatura propia, con grandes escritores que lleven el idioma a su máximo esplendor. Un Cervantes en euskera, eso sí sería maravilloso. Es una misión muy hermosa, una responsabilidad. 



-¿A dónde va  a parar el cura? ¿Misión sagrada? ¿Elegido? Te parece raro que no te haya preguntado por Joxe Mari, que no te reproche que vas poco a misa, que no haya mostrado interés por tu poema. Te acuerdas de lo que te dijo Arantxa por teléfono.

Días después, ya nadie te habla del premio ni tu madre te viene con la lista de felicitadores. Conque tranquilidad, o eso es lo que crees. Menos mal,  ya estás harto de enhorabuenas y bromas, palmadas sinceras o de pitorreo. Y, por encima de todo, estás harto de tu poema que, de pronto, en la soledad de tu cuarto, te parece flojo. 

-Ya no te molestan y entras un sábado por la tarde en la Arrano Taberna. Cada vez te desagrada más la foto de tu hermano gudari preso en carcel española y que te pregunten por él. Odias el humo, el ruido, el olor, los vasos mal lavados, a veces con restos de pintalabios. Pero los amigos arrastran y vas, que si no vas, se nota. Y si se nota, malo.


-Te toca ir a la barra a buscar los vasos para la cuadrilla, una nueva ronda de calimochos. Patxi, al otro lado, te clava una mirada dura, se inclina sobre ti y sentencia:

"Te estás equivocando y eso no me gusta"

Te quedas paralizado y te da miedo enfrentarte a los ojos del tabernero. Preguntas qué pasa, pues. La respuesta te deja helado:

"Que sea la última vez que hablas para un periódico fascista y que aceptas dinero de una entidad bancaria explotadora de los trabajadores. Lo primero ya no tiene solución. Espero que no se repita. Lo segundo se puede arreglar. ¿Sabes qué es esto?"


¡Y eso que no era El País! Delante de tu cara asustada te planta sobre la barra húmeda la hucha de los presos y te indica.

"Aquí caben exactamente diez mil pesetas."

-Estás sentenciado, Gorka. Como dices : "O me voy del pueblo o sigo los pasos de Joxe Mari". 

Pides a tu hermana alojamiento unos días en su casa de Rentería, con su marido Guillermo. Sólo tienen una cama, la suya, pero no te importa acostarte con una manta y una toalla. Arantxa te pregunta si vienes escapando de la policia. No. "¿La cuadrilla entonces? La cuadrilla y alguno más"

-No hay más alternativa, te presionan, les pareces blando, dicen que los libros te están comiendo el coco y se ríen de ti. Te llaman Kartujo y lo peor es que te obligan a hacer cosas con las que estás en desacuerdo. No tienes a ningún amigo con quien puedas sincerarte. "Y lo de anoche ha sido la gota que colma el vaso".

¡Lo de anoche! Cuentas que tu amigo Peio te susurró que guardaba cuatro cócteles molotov en un escondite. Guille te pregunta que quién es Peio. Contestas que uno de la cuadrilla que cada día es más radical. Arantxa agrega detalles, que su padre, ya muerto, era el borracho mayor del pueblo.

Por lo visto, Patxi había dejado a Peio llevarse unas botellas vacías. El chaval consiguió la gasolina, sacándola con una sonda de coches y camiones. Hizo los cócteles, es muy fácil, dices. Peio agregó aceite de motor para que el fuego fuera más pegajoso. Estuvo practicando a solas en la cantera. Dices que tiene mucha fascinación por las armas y la lucha, que acabará en ETA.

-Peio propone una "ekintza" para cuando oscurezca. No se le ocurre el objetivo y pregunta, a Juancar y a ti, quién tiene una idea. La Casa del Pueblo muestra las quemaduras de la última vez, el "batzoki" no, que es donde el padre de Juancar juega al mus. Callas, esto se está poniendo feo de verdad, ves a tus dos amigos con las pupilas brillantes del alcohol. A Peio le gustaría tener bronca con los cipayos y asar a dos o tres. Hablan de pegar fuego a algún enemigo de Euskal Herria. 

Cóctel molotov (Astekari digitala)

-De tanto hablar y gesticular toda la taberna está al corriente y Patxi os sugiere que os vayáis a dar un paseo, porque en la Arrano él no quiere problemas. ¡Qué hipócrita! En esto, como de pasada, os insinúa y os dice sin decir "por aquí hay uno que tiene camiones". 

Peio y Juancar enseguida saben que Patxi está señalando al Txato. Tú estás más pendiente de largarte que de otra cosa y tardas más. Arantxa explica a su marido quién es el Txato. Es el  de la empresa de transportes, uno que no se arruga ante las amenazas de ETA, no paga el impuesto revolucionario o no paga los suficiente, no sabe. Le han montado una campaña de acoso para aminarlo y tiene a toda la gente del pueblo en su contra. 

-Es un buen hombre. Como dice tu hermana, para tu padre es un hermano y para vosotros casi como un tío. Ahora no os habláis con él ni con su familia, aunque no os ha hecho nada. "Este es un país de locos". 

Te sientes acorralado por Juancar y Peio. Que no, que te tienes que ir, te insisten, como mucho es una hora. El plan es sencillo: "tirar los cuatro cócteles, vuelta al pueblo y tú a los putos libros". Patxi mete el cucharón, qué hostias pasa, Kartujo que no viene, es un rajado, parece mentira que sea hermano de Joxe Mari. 

-Patxi se vuelve hacia ti y : "Mira chaval, en un grupo, cuando uno conoce el plan de acción, sigue hasta el final y no traiciona". Te han relacionado con "traicionar" y de ahí a chivato hay muy poco. El sinvergüenza del tabernero os insta a que os vayáis a rematar la faena: "hospa de aquí los tres". Si os portáis bien, igual os perdona las consumiciones, el premio para unos aprendices de gudaris. 

Te sientes corroído de vergüenza, "como un muñeco despreciable" y te horroriza que noten tu tristeza. Te recriminan con el argumento de Patxi y tú: "bien, ya vale, vamos". Os vais a buscar las botellas incendiarias. Ellos achispados: "gora ETA, amnistia osoa y demás".

-Es hora oscura, pero todavía con una franja morada. Acordáis lanzar cada uno un cóctel, Peio dos. La verja está cerrada y es demasiado alta. Mala suerte sólo hay dos camiones, joder qué lejos, es imposible acertar desde fuera de la explanada y no veis por dónde vais. Peio, impaciente, lanza el primero muy alto, estalla en el asfalto, ahora el resplandor permite ver mejor el camión. Te dicen que te toca a ti, tienes claro que al camión no le das. ¡Si Peio también había fallado!

Y de repente, mientras encendéis el trapo, se oye una voz gritar: cabrooones, cabrooones. Un tiro, el Txato que se acerca corriendo, otro tiro, tiene una pistola. Echáis a correr, lleváis la cara al descubierto pero está muy oscuro. No os sigue, se queda a apagar el fuego. Para ti que si quiere os deja secos a los tres. No has podido dormir en toda la noche, llevas horas andando de un lado para otro y agradeces que Guillermo y Arantxa te dejen estar en su casa de Rentería unos días. Luego ya verás la manera de marcharte del pueblo. Como sigas allí, tienes claro que terminas como Joxe Mari. Llamas a casa y le cuentas a los aitás...no puedes contar lo de ayer, dices que te quieren pegar o algo así. 

-Encuentras refugio en la soledad, te distancias de los amigos, estudias, lees, escribes versos y relatos. Es tu "Movimiento de Liberación Personal". Veintiún años y aún en la casa familiar. Tu padre te cree raro y se apena. Asistes a presentaciones de libros, mesas redondas, te arrimas a otros escritores y conoces a unos cuantos. No vas a la biblioteca del pueblo, pasas las tardes en la Biblioteca Municipal de la Parte Vieja de San Sebastián. No te puedes desasir del pueblo mientras vivas con tus padres, te ejercitas en el escaqueo, en el disimulo. En las manifestaciones de asistencia inexcusable te colocas en lugares estratégicos para darte el piro en el momento oportuno.

A menudo te ausentas del pueblo y te instalas en el piso de Arantxa, para despegarte de la cuadrilla. Allí no estás de parásito, les echas una mano en lo que puedes. Limpias, pintas o intentas enseñarle euskera a tu cuñado, un negado, tarea imposible. 

-La suerte se tropieza contigo un día. Encuentras trabajo de dependiente en una librería de San Sebastián, no bien pagado, pero de tu gusto. Te permite perder de vista a diario el pueblo sin tener que dar explicaciones, todo el mundo sabe a dónde te diriges cada mañana al montar en el autobús. 

Por los tiempos en que eres librero, publicas reseñas de libros en euskera, alguna pieza literaria breve en revistas y, de forma esporádica, artículos de asunto cultural en el Egin. Publicar en el Egin te sirve de salvaconducto en el pueblo. 


-El euskera se convierte en tu principal fuente de ingresos, tienes para ir tirando. Haces de todo: folletos, pequeñas traducciones, incluso un librito para niños. El editor, a última hora, te lo cambió de título, te lo dejó en Piraten itsasontzi urdina. Te deja un sabor agrío aquella injerencia en tu obra. ¡Ya eres todo un escritor! 

Arantxa te anima a escribir para niños, así te dejarán tranquilo, ay de ti si te metes en "líos de la tierra". La buena suerte se encariña contigo y se cumple tu sueño de abandonar para siempre tu pueblo natal. Una tarde conoces a Ramuntxo que se queda anonadado de tu buen euskera. Congeniáis y dos meses más tarde te instalas con él en Bilbao. La idea inicial es que trabajes como secretario, también como redactor de textos radiofónicos. ¡Porque Ramuntxo trabaja en una emisora de radio! Te pone a vivir con él en su piso, te asigna un dormitorio y un despacho. Te paga bastante más que los de la librería y te prohibe escribir para Egin. 



-Compones textos tan hermosos, tan profundos y bien escritos que Ramuntxo te incorpora a la emisora...y a su vida. Lees de maravilla, te expresas con fluidez, tienes un dominio enorme del idioma y una buena voz. Pasas a hablar al micrófono, te gusta horrores el trabajo, sobre todo entrevistar a los buenos escritores. Tienes para ti solo un programa de media hora de literatura vasca, todos los días, salvo sábados y domingos. Eres feliz por fin. No te estás equivocando y me gusta. 

Nos despedimos del personaje Gorka y ahora, María Ángeles, cuenta tus recuerdos personales, esos que reviven al leer Patria. 

-Ahora me doy cuenta de que Gorka es un chico de la EGB, que pudo ser contemporáneo de mis niños de Legazpi. A través de las redes sociales he sabido de algunos de ellos. Estudiaron más que sus padres y los estudios medios y universitarios dejaron de ser algo "para ricos". Los hay de todos los oficios y profesiones, hay quien trabaja en la misma fábrica que el aita y la cocina es algo muy serio en aquellas tierras. Lo importante es que sean felices, como lo fueron en su niñez, así me lo parecía y así me lo expresó uno de ellos: "lo pasábamos muy bien jugando en la calle, en Urtaza, en Lau Bide". En su adolescencia, tal vez algunos fueran arrastrados por Patxi o Peio y participaran en la kale borroka. Si alguno acabó en ETA, no me consta. De Juana Chaos, natural de Legazpi, uno de los más sanguinarios, era de un tiempo anterior. Alguien me comentó que ya estaba algo zumbado aquel niño, hijo del médico que vivía junto al cuartel de la Guardia Civil. De niño jugaría con los hijos de los guardias, seguro. 


Muchos volvieron con sus padres a tierras burgalesas o extremeñas. En Legazpia el que no era de la zona de Villahoz era del Valle de la Serena. Me costaría creer que alguno de mis alumnos vascos vascos, los caseritos que venían en autobús desde Brínkola, hubieran dado en gente violenta. Eran unos niños encantadores y muy tranquilos, debía ser el efecto de vivir en el campo. 

Pasan los años y yo sigo en un colegio que ya no es el mismo. Muchos compañeros se han marchado fuera de Euskadi. Llegan otros que traen objetivos políticos en la maleta que pesan más que los puramente pedagógicos. Por cierto que ninguno es natural de Legazpi. El euskera, joya lingüística, milagro de supervivencia, es usado para fines bastardos, uno de ellos el quítate tú que me pongo yo. Afortunadamente, hay muchos vascos reales, como el ficticio Gorka, que aman su pueblo y su cultura pero no la utilizan como bofetada política. Mas la mala suerte quiso que fueran los Peios y no los Gorkas los que empezaron a ganar las votaciones del claustro por mayoría. ¡Y aquello fue la guerra civil! 

La hucha de los presos me recuerda a otra hucha que vi en el colegio. Una andereño la había puesto en clase para castigar, o motivar decía,  a los alumnos que se les escaparan  palabras en castellano. Una peseta a la hucha por cada vocablo en lengua de Cervantes. La quitó enseguida, se dio cuenta de que era una idea desafortunada. Si me lo hacen a mí no gano lo suficiente en toda mi vida...aunque sólo fuera a peseta.

Mis alumnos son ahora los mayores, los de los últimos cursos de EGB. Se considera  mejor para la euskaldunización de los pequeños que sus maestros sean todos euskaldunes, el euskera ya no es solo una asignatura. Del plan A pasaron al plan B y del B al D porque no hay C. Me adjudican buena parte de las clases de lengua española, han decidido que sea yo la que pelee con tildes, determinantes y escritos de importantes escritores. Una especialidad que voy adquiriendo con la práctica, haciendo de la necesidad virtud. 

Porque yo oposité por Ciencias Sociales en 1982 y tuve un momento tonto cura Serapio, ay, en mi exposición oral del tema "La expansión atlántica". Me explico. Yo hablaba de los viajes de Colón y demás, con su enfoque pedagógico. Me pareció necesario precisar, por si las moscas y el tribunal del PNV, que había que evitar los triunfalismos. Un poco más y digo "españolismos". ¡Ay María Ángeles, María Ángeles, que eso no lo dirías si te examinaras en Burgos! Por lo demás: "El nuestro ha sido un pueblo emprendedor y aventurero...hemos andado por todos los mares". 



Un gran pueblo que ha tenido mala suerte y al que yo deseo, de corazón, lo mejor. Me alegré mucho cuando empezaron a reírse de sí  mismos en programas como "Vaya semanita". Me pareció una buena señal. Más tarde fueron los "Siete apellidos vascos" y demás. 

Bueno, Austri, no hemos dicho quién mató al Txato. Lo dejamos para la reunión de la lectura presencial. Gracias a Fernando Aramburu por su mensaje, en Facebook:

"Muchas gracias, María Ángeles, por tu esfuerzo certero y hermoso. Un abrazo"

Un esfuerzo que mereció la pena si un buen escritor lo llama "certero y hermoso".
Un abrazo de María Ángeles Merino y de Austri.